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"Mamma Mia!", el musical

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"Mamma Mia!", el musical
Los creadores de Mamma Mia
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Mamma Mia

Mamma Mia! fue presentado oficialmente a la prensa en octubre de 1998 en el Teatro Prince Edward de Londres. El estreno de Mamma Mia! tuvo lugar el 6 de Abril de 1999, día en que se celebraban los 25 años del Festival de Eurovisión que ganó ABBA.

La directora Phyllida Lloyd y el equipo creativo guiaron al elenco hacia la historia y los personajes durante los duros meses de ensayo. Siobhan McCarthy fue la elegida para el papel de Donna Sheridan, la madre soltera en la que se centra la historia. En una sala de ensayos del norte de Londres, Mamma Mia! vio la luz. Con el paso de las semanas, cada miembro del staff de este nuevo musical se iba dando cuenta de que estaba participando en un proyecto muy especial. Nadie estaba preparado para la reacción de la primera función previa con público. El 26 de marzo de 1999, ocurrió algo nunca antes visto en un teatro de Londres. Cuando cayó el telón, las 1600 personas del público continuaron cantando, bailando y pidiendo más.

El “boca-oreja” funcionó rápidamente y la taquilla duplicó sus ventas en 24 horas.

El 6 de abril de 1999, en un día que podría haber sido “uno más”, muchas celebridades y críticos teatrales se dieron cita en el Teatro para asistir al estreno mundial. La recepción a Mamma Mia! rompió con todo. Esta divertida historia sorprendió a los londinenses.

Un nuevo musical, basado en las canciones de un grupo pop que había dejado de grabar hacía más de 20 años y en un libro de una escritora casi desconocida se convirtió de pronto en el número uno en el mundo.

Notas de Martin Koch, upervisor Musical de Mamma Mia!

“Trabajar en la música para un show como Mamma Mia! es tremendamente divertido, pero a la vez un enorme desafío. ABBA es un grupo duro de seguir”.

Aunque sus canciones estaban perfectamente definidas, hubo que hacer algunas adaptaciones para trabajar en un contexto teatral. Eso significó escuchar ABBA Gold una y otra vez hasta descifrar como poníamos una canción con la siguiente, o trabajar con las grabaciones originales para descubrir cada elemento que hacía que cada canción sonara como única.

Una vez que Benny y Björn nos autorizaron a escuchar estas grabaciones originales, viajé con el programador de keyboard a Estocolmo para encontrarnos con el técnico de sonido que había participado en todas las grabaciones de ABBA. Esto nos dio una idea de como habían unido cada elemento en cada canción. Fue emocionante escuchar como sonaba por separado cada miembro de ABBA.

Mi siguiente fase fue, después de asimilar toda la información, crear una partitura para piano con la que el elenco pudiera comenzar a trabajar.

Mamma Mia

Una vez decidido que la música sería exactamente como ABBA la había grabado, comenzamos por integrarla dentro del show.

Eso incluía que los diálogos pudieran sucederse en medio de una canción, o crear música incidental para los cambios de escena, o hacer arreglos en las letras cuando la canción que originalmente cantaba una mujer, ésta vez sería interpretada por un hombre. El trabajo más duro fue escribir los finales de las canciones que en su versión original iban desapareciendo lentamente. Los finales de los temas de ABBA eran tan perfectos y las canciones tan famosas, que ¡me sentía como interfiriendo en una obra maestra!

Los ensayos siguieron durante 7 semanas y llegó el día en el que orquesta y elenco se encontraron por primera vez.

Durante las funciones previas en Londres pudimos experimentar como la música actuaba en relación al público y, literalmente,¡ bailaban en sus butacas!

Fue entonces cuando decidimos poner Honey Honey como primera canción en vez de Summer Night City, y cuando estructuramos la obertura en sólo 24 horas. Fue también cuando experimentamos todos los efectos de un sistema de sonido completamente nuevo: instalado por Bobby Aitken y Andrew Bruce, era más grande y mejor que todo lo que se había utilizado hasta la fecha en los teatros de Londres.

En cada nueva producción de Mamma Mia! nos encontramos con la dificultad de dónde ubicar a la orquesta. Aunque somos sólo diez personas, ubicarnos en un nuevo teatro suele seruna complicación.

Notas de Phyllida Lloyd, directora de la producción

Mi carrera se había desarrollado dentro de las obras de teatro de texto y la ópera. La gente se sorprendía cuando les contaba que dirigiría Mamma Mia!

“¿Cómo podrás?”; “Es otro mundo”; “Ellos hacen las cosas de otro modo”. Sabía que tendría mucho que aprender pero estaba segura que si ponía en práctica mis conocimientos –como ayudar a los actores a crear personajes y contar historias- las cosas estarían bien. Además, contaría con un equipo de maestros: Mark Thompson (diseñador de escenografía), Anthony Van Laast (coreógrafo) y Howard Harrison (diseñador de luces).

El éxito de Mamma Mia! ha ido mas allá de cualquiera de nuestros deseos. Nos tomó mucho tiempo comprender que éramos parte de algo tan grande, y no hablo solo de un musical de éxito en Londres, sino también a nivel nacional y muy pronto, internacional.

¡Cuando me hablaron de la primera producción internacional estaba muy nerviosa porque habíamos creado un “producto” y ahora debíamos fabricarlo! La tradición de los grandes musicales se estaba cumpliendo. Crear un gran espectáculo en un país y reproducirlo tal cual en la mayor cantidad de países posible. Pero...funcionaría esto con Mamma Mia?

Comencé a reflexionar sobre que era lo que enloquecía al público cada tarde.

Cuál era el factor Mamma Mia? Obviamente, las canciones de ABBA, pero en la ingeniosa historia escrita por Catherine Johnson el público parecía vivir una particular experiencia. Se veían a ellos mismos en el escenario. ¿Como podríamos retener este ingrediente en otros países? ¿Como podrían actores extranjeros haciendo de ingleses lograr esa complicidad con su público? La respuesta era: no podrán.

Entonces comenzamos a crear nuevos mundos alrededor de Mamma Mia! Las mismas canciones, la misma historia, pero con algunos cambios que ayudaran a cada público a identificarse con lo que estaba viendo.

Coincidimos con miles de actores en las audiciones en todo el mundo. Muchos cantaban, otros bailaban, actuaban, pero ¿cómo podíamos concentrarnos con gente de tantas razas? Descubrimos algo que debían tener nuestros elencos, y cuando esto sucedió el miedo pasó. El factor Mamma Mia!: el espíritu, los pies sobre la tierra, ingenio, todo envuelto por una gran personalidad.

Buscamos en los tres continentes actores que tuvieran el FMM. Cuando los encontramos, tratamos de potenciar sus cualidades personales.

Animamos a gente con raíces francesas o italianas a aprender a hablar esas lenguas. Mark cambió los diseños de vestuario para que se adecuen a la gente de cada compañía. Anthony cambió las coreografías para explotar las habilidades de los acróbatas y bailarines. Ensayamos como si nunca antes lo hubiéramos hecho. Tratamos de no discutir cosas de producciones anteriores con los actores e insistimos en hacer las cosas a su modo.

“Donna y las Dynamos” eran originalmente de Irlanda e Inglaterra. En Toronto se convirtieron en norteamericanas y en Melbourne fueron incuestionablemente locales. Los padres, también, tuvieron distintas combinaciones. Comenzamos con un escocés, un inglés y un americano, pero en Broadway se transformaron en un inglés, un americano y un australiano. Teníamos que ser muy sensibles con los cambios idiomáticos. También tuvimos problemas con los las bromas acerca de los autobuses que no llegaban a tiempo (¡en Toronto nunca lo hacen!)

Hicimos un extra esfuerzo para poder jugar con nuestra “isla griega” en Australia o EEUU, dónde no todo el mundo conoce la estética griega.

Cuando dimos nuestros primeros pasos del otro lado del Atlántico pensamos: ¿lo entenderán? En 3 continentes y en innumerables ciudades lo han hecho.

Las canciones de este musical, adoradas por millones de personas, han renacido y el argumento del show –padres perdidos, falta de identidad, hueco generacional– tiene resonancia universal.

El factor Mamma Mia!...parece que todos necesitamos una dosis de él.

 



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