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| El periodismo en televisión. Los informativos televisivos |
| Los diarios televisados |
| Fórmulas mixtas |
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Un tipo de contenidos que nunca faltan en los canales generalistas de televisión son los informativos. El formato más habitual de estos programas es el noticiero o diario televisivo, cuya duración oscila entre media hora y una hora. Su planteamiento es una traducción al medio audiovisual de los periódicos, con su entradilla o portada, su orden por interés de la noticia y por secciones temáticas e incluso su apartado editorial o de opinión. Es innegable la relación de esta fórmula con los antiguos informativos cinematográficos, si bien, a diferencia de éstos, la inmediatez de la noticia es mucho mayor, lo que plantea mayores y más íntimas relaciones con la prensa escrita o la radio.
En este campo del periodismo televisado, la primera experiencia relevante fue el reportaje que la CBS emitió en Nueva York a través de su emisora WCBW tras el bombardeo de Pearl Harbour por los japoneses (7-12-41). Dice Faus Belau que “el servicio, realizado por Richard Hubell y Gilbert Seldes, se prolongó por espacio de nueve horas introduciendo el uso de fotos, mapas, gráficos y efectos de montaje en un intento de ‘visualizar’ la noticia”.
El documental radiofónico March of Time llega a la televisión en 1946, impulsando la producción propia de documentales informativos en las cadenas estadounidenses (CBS, ABC, NBC) y la BBC británica. La emisión de estas imágenes fueron muy pronto arropadas por la presencia de un periodista que comentaba y explicaba lo que el espectador estaba viendo. La BBC emite el 4 de enero de 1948 el primer “telediario” (informativo diario) y la CBS The News with Douglas Edward, experiencias que animan a otras cadenas a realizar sus propios programas informativos, centrados fundamentalmente en las imágenes cinematográficas obtenidas.
La televisión en este momento no sólo depende de la industria del cine por las películas que programa, sino también por los noticiarios que demanda para sus emisiones. Sin embargo, tanto en los informativos estadounidenses como en los primeros europeos, el protagonista indiscutible era el presentador, dado que la disponibilidad de imágenes diarias era dificultosa para muchas emisoras de la época.
En busca de una imagen propia
El espaldarazo a la noticia filmada llega con la Guerra de Corea, cuyas imágenes se convierten en punta de lanza de un nuevo concepto informativo. Harry E. Heath señala que en 1950 se prodigaban varias fórmulas informativas, en gran medida adaptaciones de la radio, y que consistían en lo que él llamaba: Remote coverage (información producida a distancia, fórmula de gran éxito a finales de la década), Newsreel programs (noticiarios cinematográficos), Stillpictures casts (noticiero a base de fotos fijas), Headline show (boletín de titulares) y Television newspaper (el diario televisivo; los periódicos “vistos” por televisión).
En cuanto la cobertura se va ampliando, se mejoran los equipos –llegan el magnetoscopio y los equipos ligeros de producción (ENG)– y se ponen en marcha los servicios internacionales de intercambio de noticias –tanto privados como públicos, nacionales e internacionales– y el espectador se siente más próximo de lo que está viendo, los contenidos informativos comienzan a tener el relativo protagonismo que permitirá convertirlos, con el tiempo, en el eje fundamental de la programación televisiva, disponiendo de un horario fijo, inamovible, y con una duración que en sus inicios giraba en torno a la media hora y que, a partir de los años ochenta del siglo XX, comenzaría a dilatarse hasta alcanzar la hora de emisión, según los casos. Su estructura juega con los ingredientes periodísticos adaptados: sumario, un bloque bien delimitado de contenidos diversos que se ajustan en su duración temporal, e incluso disponen de un apartado editorial o de opinión.
En estos formatos tienen cabida, cada vez más, una serie de fórmulas que atienden a la crónica valorativa, la entrevista y el reportaje, con los cuales se busca una mayor riqueza del bloque puramente informativo. A finales del siglo XX, el rigor y seriedad impuestos en este formato no impiden que surjan espacio de raíz informativa en los que dominan otros modos de hacer que participan del absurdo, la ironía y del desparpajo. La eficacia del periodista de calle y del corresponsal garantizan la vertiginosa actividad que siempre existe en los departamentos informativos. En este sentido, y como paradigma de la televisión informativa, debemos referirnos a la CNN
En cualquier caso, sobre la imagen del corresponsal como punta de lanza de la información que se genera a diario por cualquier medio, cabe recordar los acontecimientos vividos con la Guerra del Golfo y la Guerra de los Balcanes.
Como señala Manuel Leguineche, “el corresponsal es un testigo incómodo. La consigna es, en todos lados, mantenerlo a raya. (…) La guerras modernas tienen poco que ver con la de Troya, la de los treinta años o la I Guerra Mundial. Un grupo seleccionado de jefes y oficiales del Pentágono o de la OTAN se encierra en un búnker rodeado de antenas, de ordenadores, de terminales de satélite, de teléfonos de varios colores, de vídeos y pantallas; son ellos, y nada más, los que deciden el curso de la guerra. (…) Sadam Husein dejaba a las cámaras en el techo del Rachid, hoy la CNN ‘chupa’ de las cámaras de la tele de Belgrado. Es una guerra televisivamente más sobria, más cautelosa, llena de vacíos y algunos misterios. Plantea más preguntas que respuestas. Si la del Golfo fue la guerra de los falsos cormoranes cubiertos de petróleo, ésta de Kosovo es la de los refugiados, la de los primeros planos. El último grito en la tecnología de guerra y en la tierra, imágenes de un éxodo que nos devuelve a la Biblia.
Después de la guerra de Vietnam, aprendida la lección en Granada y Panamá, se dejaron de alegrías informativas, cerraron el grifo y cayó el telón sobre los periodistas, la llamada fog of war, la niebla de la guerra. Antes la patria que la verdad. Se volvió a la censura, a la autocensura y a las restricciones de la II Guerra Mundial. (…)
La televisión trivializó la guerra del Golfo con una ilusión de realidad. El espectador pasivo, asistía acrítico al espectáculo de luz, destrucción y color. (…)
Ya en el momento de la toma de poder [Milosevic] se constituyó en jefe de Informativos de la tele de Belgrado, como el presidente Tudjman en Croacia. Cada día Milosevic, el hombre que se alimenta de sus derrotas, se reunía con el director de la cadena nacional para impartir consignas. La idea era la de explotar a fondo los odios y los prejuicios de la II Guerra Mundial, hacer pasar a la víctimas ajenas por propias, convencer al espectador serbio de que los que disparaban sobre la cola del pan o el mercado de Sarajevo eran los propios musulmanes bosnios. Un mundo de fantasía y manipulación. El resultado fue que tan sólo el 8% de los espectadores serbios ponía en duda lo que transmitía su televisión oficial.
Al preguntar el Instituto de Estudios Políticos de Belgrado en una encuesta quién disparaba contra Sarajevo, el 38,4% de los consultados respondió que los artilleros bosnios musulmanes. La gran mentira. En ocasiones, los mismos cadáveres mutilados aparecían en la televisión croata y serbia al mismo tiempo, identificados unas veces como serbios y otras como croatas” (Leguineche, M.: Antes la patria que la verdad. “El País”, 11-4-99.)
En este panorama, el papel de Internet va a resultar cada vez más substancial. Así lo cree, por ejemplo, su creador, el estadounidense Vinton Cerf, a cuyo juicio “es cierto que [Internet] puede convertirse en un instrumento de propaganda, pero la solución para la desinformación es más información. Y para eso sirve Internet, para disponer de muchas voces, de muchos criterios”.
Los diarios televisados
Un ejemplo claro de diario televisivo de este formato es Telenoche, emitido a través del Canal 13 argentino. Dado que la fórmula del informativo se ha consolidado internacionalmente, los matices son decisivos. En el caso de este programa, el atractivo reside en su apuesta por el periodismo de investigación. Como sucede en la prensa escrita, también hay informativos que, por el carácter de la cadena en que se emiten, acaban consolidándose como instituciones periodísticas. Es el caso de El Noticiero, transmitido a través del Canal 2 de la cadena mexicana Televisa. Sus sucesivos presentadores –Guillermo Ortega Ruiz, Joaquín López-Dóriga… – caracterizan lo que lo que ha de ser un informador influyente, capaz de atraer la atención sin caer nunca en el sensacionalismo.
Dentro de un noticiero conviven distintos géneros también adaptados del periodismo escrito: la crónica, valorativa, con la interpretación de fondo del redactor que la elabora, sea éste un periodista deportivo, un corresponsal en el extranjero, un enviado especial, un cronista de temas de sociedad o un crítico artístico; la entrevista, sucesión de preguntas y respuestas grabada y montada dentro de un reportaje o realizada en directo; y el reportaje, que es un desarrollo de la noticia que ofrece posibles interpretaciones de ésta, enriqueciéndola con datos relevantes, entrevistas e incluso imágenes de archivo complementarias.
Con la potenciación de alguno de estos géneros, cabe la posibilidad de obtener nuevos formatos. Así, otro programa, Informe Semanal, emitido por Radiotelevisión Española (RTVE), ha mantenido durante décadas la práctica de reunir una serie de reportajes sobre los asuntos relevantes ocurridos cada semana. Llegando aún más lejos, Las patas de la mentira, emitido desde el 13 de diciembre de 1995 por el canal argentino Multimedios América, emplea el archivo televisivo para cuestionarse problemas informativos de importancia, a los que no es ajena la subjetividad propia del discurso de la pequeña pantalla.
El control de la información depende de una infraestructura costosa. Quizá por ello el paulatino monopolio ejercido en ciertos contenidos informativos por el canal estadounidense CNN no es debido tanto a su calidad periodística como a su poderosa logística, con equipos de trabajo repartidos por todo el mundo.
Desde su fundación en 1980, la CNN es el máximo exponente actual del género televisivo de la información, que se ha enriquecido gracias a otros canales de similar formato, como el inglés Sky News (1989), el venezolano Globovisión (1994), el qatarí Al Jazeera (1996) y el estadounidense Fox News (1996)
Pero retrocedamos un poco en la historia. A partir de la década de los ochenta, surgen cadenas televisivas de emisión restringida. El cable, el satélite y otras fórmulas de decodificación del mensaje permiten acceder a una clientela televisiva que financia por vía directa las emisiones.
Con esta filosofía comercial, funda Ted Turner la cadena Cable News Network el 1 de junio de 1980. Las emisiones comienzan a las seis de la tarde, y el lugar desde el cual se difunden es la sede central situada en Atlanta. Tras una etapa crítica, el volumen de la cadena irá creciendo hasta asentarse en un total de 150 países.
En cuanto al capital financiero y su diversificación internacional, cabe destacar que seis compañías componen la firma: CNN, CNN Internacional, CNN Headline News, CNN Financial News, CNN/Sports Ilustrated y CNN Plus, cuya programación se emite en español.
Pero más allá del planteamiento económico de la empresa, cabe hablar de otro capital, más importante si cabe: la influencia política y empresarial. Ni que decir tiene que la CNN filtra gran parte de los hechos noticiosos que en el mundo suceden, distribuyendo una versión determinada que, como sucede con las agencias de prensa, llega luego a los restantes medios de comunicación. Presente en los lugares más inesperados, desde Bagdad a La Habana, la CNN es, sin duda, un elemento más en el juego de las relaciones internacionales.
Además de este grupo de poder, Ted Turner ha logrado formar un imperio económico al comprar en 1985 los fondos cinematográficos de la Metro Goldwyn Mayer. Con ese patrimonio, la estructura empresarial por él concretada pasa a formar parte de los líderes del sector del entretenimiento.
Fórmulas mixtas
Debido a sus peculiaridades formales, el informativo es un género que ha de inspirar seriedad, pues el rigor debe ser su propósito o, cuando menos, lo que se transmite a la audiencia. Especialmente novedoso en este terreno ha sido el programa argentino Caiga quien caiga, basado en una idea de Mario Pergolini, Diego Guebel, Eduardo de la Fuente y Juan Di Natale. La fórmula pretende introducir el humor y el absurdo en un informativo convencional, de forma que, sin alterar los contenidos noticiosos, éstos se vean condicionados por un tratamiento a veces surrealista. En Argentina el programa ha logrado poner en evidencia la parte más humana y por ello menos ficticia de los políticos. Esa novedad es lo que ha conseguido que Cuatro Cabezas, la productora de Pergolini y Guebel, venda a varias cadenas los derechos de adaptación. El programa se emitió desde julio de 1996 a través de Telecinco (España) y desde octubre de 1987 por el canal RTI (Italia), con el título de Le Iene. Posteriormente, la fórmula pasó por otras cadenas.
El empleo de la ironía, no obstante, no es tan reciente en la televisión informativa. Desde mediados de los ochenta, Hiroshi Kume presenta el programa de madrugada News Station en la cadena japonesa ABC. Kume ha logrado escalar a los máximos niveles de audiencia en su país personificando en sus peculiares entrevistas la curiosidad del japonés medio. Intercaladas entre varios bloques de noticias, las charlas de Kume con distintas personalidades asombran por una audacia y desparpajo que no serían admisibles en Occidente.
Con el mismo criterio iconoclasta, llega a explicar las oscilaciones de la Bolsa ayudándose con muñecos o pizarras coloreadas. Esas son las razones que presentan a News Station como una adaptación del formato a las necesidades de la audiencia nipona. No cabe hablar por ello de variante formal del género, sino de variante cultural de éste.
La progresiva sofisticación técnica de la televisión permite ofrecer los acontecimientos en directo, allí donde éstos suceden. El emplazamiento de las cámaras fuera de los estudios, antes complejo, es actualmente menos dificultoso. Las unidades móviles, cada vez más operativas gracias a la ligereza de las nuevas videocámaras autónomas, permiten la rápida llegada a los lugares donde se requiere su presencia, por lo que la televisión puede competir con la radio en inmediatez.
Por todo ello, las retransmisiones, muy perfeccionadas, han ido configurándose como un género particular dentro de los medios audiovisuales. En otro sentido, los derechos exclusivos de retransmisión han pasado a convertirse en materia negociable, por la rentabilidad que, por ejemplo, puede derivarse de productos como un gran acontecimiento deportivo. Hay asimismo una gama de especialidades en la realización de estos programas, dándose el caso de profesionales habituados a las particularidades de una corrida de toros o un concierto de música clásica, por citar dos posibilidades temáticas del género. Claro está, se trata aquí de la gran retransmisión en directo, mucho más complicada en su ejecución que las breves retransmisiones desde el lugar de los hechos que son materia común en los noticieros televisivos.
Las retransmisiones deportivas figuran entre los formatos de mayor aceptación popular. El fútbol en Europa, el patinaje artístico en Canadá y el béisbol en Estados Unidos y Japón protagonizan varios ejemplos significativos de esta modalidad televisiva.
La entrevista es uno de los géneros más habituales en el medio televisivo. El entrevistador busca en el personaje con quien dialoga informaciones sobre su vida, su actividad profesional o su participación como testigo o artífice en hechos noticiosos. Una conversación de estas características puede ser breve o extensa, debiéndose en este último caso preguntar en profundidad, con el apoyo de una importante documentación previa. El quehacer del entrevistador tiene una serie de facetas que dan la clave de lo que ha de ser una charla televisiva: los silencios, las sugerencias, la formulación reiterada de una misma consulta con distintas palabras, etc.
Por lo demás, las variantes de la entrevista vendrán marcadas por el lugar donde ésta se realice, dependiendo de si tiene lugar en el estudio de grabación, en el transcurso de una conferencia de prensa o fuera del plató, en el lugar donde es sorprendido el personaje a quien se desea preguntar. La exclusividad de la entrevista y lo novedoso de las declaraciones serán las notas que midan la importancia de este trabajo periodístico. Cabe realizar entrevistas de profundidad, rigurosamente preparadas, como las hechas por el periodista español Joaquín Soler Serrano en el programa de RTVE A fondo.
También es posible integrar la entrevista en formatos que atiendan, con sentido polémico, a la actualidad más inmediata, como sucede en el programa argentino Mediodía con Mauro Viale. O bien puede recurrirse a la conversación periodística en programas nocturnos, evolucionados a partir del clásico magazine, que alternaba actuaciones musicales y entrevistas. Es el caso de Late night with David Letterman, uno de los más exitosos de la televisión americana.
La reunión de una serie de especialistas para conversar ordenadamente en torno a un determinado asunto es un formato clásico de la televisión internacional. Por regla general, este tipo de programas cuentan con un solo moderador, que ordena el desarrollo de la charla, marca los temas a debatir e impone, con mayor o menor discreción, el turno de palabra. Un modelo válido de esta fórmula televisiva es el programa español La Clave, de José Luis Balbín, emitido primero por RTVE y, años después, en la cadena Antena 3 Televisión. Este debate, complementado con la emisión de una película cercana al tema tratado, fue uno de los más influyentes coloquios de la televisión española, modelo de otros que fueron apareciendo a partir de la década de los setenta.
Sin embargo, este tipo de programa, por su talante moderado y el nivel cultural medio preciso para su seguimiento, pronto fue desplazado por dos fórmulas muchas veces intercambiables: el debate-espectáculo y el talk show.
El primero de ellos, centrado en asuntos superficiales y en ocasiones morbosos, sigue el criterio de exaltar la agresividad verbal de los contertulios, eliminando la exposición ordenada de temas y sustituyéndola por un enfrentamiento más visceral, al cual es ajeno el logro de unas conclusiones, pues la clave del debate es el propio ejercicio de debatir, al margen de los conocimientos que los participantes tengan sobre la materia o su grado de educación. Por lo que hace al talk show, se trata, dentro de sus variantes, de un turno de entrevistas cara al público, combinadas con importantes dosis de debate. Una de las mayores promotoras de esta fórmula es la estadounidense Oprah Winfrey, conocida por sus polémicas discusiones sobre contenidos de interés social.
El enorme éxito de Oprah ha favorecido la internacionalización de esta fórmula que puede derivar hacia el espectáculo más populista, si bien hay bastantes casos en que se ha dulcificado, mejorando mucho en calidad formal y contenidos. Pese a ello, algunas versiones del debate–espectáculo han recibido la acusación de telebasura, término de argot especificativo de sus escasos méritos.
La pugna por lograr unos mayores índices de audiencia incita a las diversas cadenas a favorecer en su programación aquellas fórmulas que garanticen un mayor seguimiento por parte de los espectadores, y en este sentido la información de temas sociales o del corazón es una de las favoritas del gran público.
Uno de los motivos que, indirectamente, ha propiciado la proliferación de programas en que se aborda la intimidad de los famosos es el perfeccionamiento de las videocámaras. Aquellos lugares donde antes sólo podían llegar los reporteros gráficos, ahora pueden ser alcanzados por este tipo de cámaras, que captan imágenes luego distribuidas a través de las agencias o vendidas por periodistas particulares. La fórmula del programa dedicado a estas materias, pese a lo ligero e intrascendente de sus contenidos, ha derivado del simple informativo a la tertulia realizada con figuras populares. Asimismo, ha crecido en importancia económica, lo que ha contribuido a la aparición de contratos de exclusividad con los personajes más señalados, para que éstos permitan el acceso de determinados medios denegándoselo a otros.
Copyright © Emilio C. García Fernández. Los textos originales del autor en los que se basa este artículo fueron publicados en El Diario de Ávila, en la revista Todo Pantallas, en la Enciclopedia Universal Multimedia (Micronet), en la Enciclopedia Universal Multimedia (Micronet) y en los libros Historia Universal del CineGuía histórica del cine (en colaboración con Santiago Sánchez González, Film Ideal, 1997; Editorial Complutense, 2002), Historia General de la Imagen (Universidad Europea-CEES, 2000) y La cultura de la imagen (Fragua, 2006). Cortesía de Emilio C. García Fernández. Reservados todos los derechos. (Planeta, 1982),
Imagen superior: Anchorman: The Legend of Ron Burgundy (2004), de Adam McKay © DreamWorks Pictures, Apatow Productions, Herzog-Cowen Entertainment. Reservados todos los derechos.
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