Historia de la televisión en España
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- Category: Televisión
- Creado en 16 Noviembre 2006
- Published: 16 Noviembre 2007
- Escrito por Emilio C. García Fernández

En 2006 celebramos un evento de singular importancia para la sociedad española: medio siglo desde las primeras emisiones televisivas. Durante aquel año, Televisión Española (TVE) se encargó semanalmente de recordarnos lo que ha sido y cómo ha evolucionado España a través de su programación diaria.
Visto desde esa perspectiva, su archivo documental viene a ser un perfecto reflejo de la historia española reciente. Dos años después del aniversario, vale la pena recordar de nuevo lo que ha supuesto la pequeña pantalla para nuestra memoria sentimental.
El comienzo de la televisión en España tiene varias fechas posibles. Podemos fijarlo en la prueba del sistema alemán Fonovisión en Burgos, allá por 1938. O en los experimentos de la holandesa Philips y la estadounidense RCA desde 1948. Pero siendo coherentes, el nacimiento de la televisión en España hay que situarlo el 28 de octubre de 1956, día en que unos pocos privilegiados madrileños consiguen ver un curioso programa.
Dicha programación se inicia con la famosa Carta de ajuste. Le sigue una misa, diversos discursos, actuaciones de los Coros y Danzas de la Sección Femenina, varios NO-DO (noticieros documentales), interpretaciones musicales y el cierre con el Himno Nacional.
En cuanto la red de enlaces va cubriendo la geografía española y la fabricación de televisores aumenta, los españoles pueden comprobar cómo es el nuevo invento.
Algunos programas ya están patrocinados. Son la antesala directa de la publicidad que invadirá la programación televisiva a partir de los primeros años sesenta.
La televisión da lugar a espacios comunes. Los primeros telespectadores comparten una retransmisión deportiva o un acontecimiento de especial relevancia. Los escaparates de muchas villas y ciudades y las casas de familias más pudientes se convierten en punto de reunión para ver la televisión.
En los primeros años de emisiones, que coinciden con los finales cincuenta, los rostros que dominan la presentación televisiva son Jesús Álvarez, Laura Valenzuela, Matías Prats, Blanca Álvarez y un “hombre del tiempo” que se haría muy famoso, Mariano Medina.
Programas como La hora Philips o Festival Marconi intentan colar en sus horarios a las estrellas más importantes del momento. Juan Guerrero Zamora controla los dramáticos y el teatro que se realiza en estos años. Jaime de Armiñán ya se mueve por los Estudios del Paseo de la Habana escribiendo guiones para programas como Entre nosotras. También trabaja en el mismo lugar un jovencísimo actor llamado Paco Valladares.
En las primeras parrillas de programación (a partir de 1961) destacan, junto con los partidos de fútbol, programas de variedades como Gran parada, series como Perry Mason y Rin-Tin-Tin.
Quedan en la memoria colectiva otros espacios de carácter cultural y divulgativo, como Tele Novela, Visado para el futuro, Conozca Vd. España, Fauna… Programas de variedades que reúnen a toda la familia, como Salto a la fama, Reina por un día, Escala en Hi-Fi… e innumerables series, que en la actualidad todavía completan horarios de nuevos canales analógicos y digitales, como Los intocables, Bonanza y Dr. Kildare.
El espacio internacional tiene su primera referencia con la llegada del presidente estadounidense Eisenhower a Madrid (1959), pero una dimensión más social se alcanza con la retransmisión, al año siguiente, de la boda de Balduino y Fabiola en Bruselas.
En 1968 será Massiel y su éxito en Eurovisión el que ponga a todos los españoles delante del televisor y anime un poco más el interés por las emisiones catódicas.
A mediados de los años sesenta, se inician las emisiones del segundo canal de TVE (el UHF) y termina la década con la llegada de Adolfo Suárez a la dirección de TVE y la narración que Jesús Hermida hizo de la llegada del hombre a la Luna.
En esos años destacan programas como Cesta y puntos, La casa de los Martínez, Un millón para el mejor, Estudio 1 y la incansable huida del doctor Kimble en la serie El fugitivo.
Los setenta se inauguran con “el hombre de los pájaros”, Secundino Gallego, que gana el concurso Las diez de últimas identificando todos los cantos de las aves. Cinco años más tarde, El hombre y la tierra sitúa al naturalista Félix Rodríguez de la Fuente como referencia nacional de la zoología y la ecología hasta su fatal accidente en Alaska. Nuevos rostros de presentadores y la firma de jóvenes realizadores van llegando a TVE. Entre los primeros se encuentran Miguel de los Santos, Miguel de la Quadra Salcedo, Alfredo Amestoy, Eduardo Sotillos, Lalo Azcona, Mari Cruz Soriano e Isabel Tenaille, entre otros.
Desde el control de realización, marcan estilo firmas como Valerio Lazarov, quien se convierte en “el rey del zoom”. Pilar Miró se va consagrando con atrevidas puestas en escena (Un cuento californiano). Antonio Mercero hace lo propio con la emisión de Crónicas de un pueblo y La cabina. Mercero es, sin duda, uno de los realizadores más importantes que ha tenido la televisión en España, al igual que Narciso Ibáñez Serrador, responsable del concurso 1, 2, 3… responda otra vez. Este último ya había demostrado su capacidad para atrapar a los espectadores años antes, con Historias para no dormir.
También triunfan el dramaturgo y actor Adolfo Marsillach (La señora García se confiesa) y el periodista Joaquín Soler Serrano, que interroga en su programa de entrevistas, A fondo, a muchos intelectuales y artistas de primera fila internacional.
Por esta época, son memorables los excelentes debates de La clave, de José Luis Balbín, y las siempre atractivas entrevistas de José María Íñigo en Estudio abierto.
Sancho Gracia, en la piel del bandolero protagonista de Curro Jiménez, se convierte en otro de los hitos televisivos españoles.
Los niños de mediados de los setenta disfrutan con Los payasos de la tele y con el programa de María Luisa Seco Un globo, dos globos, tres globos. La calidad interpretativa de Fernando Fernán Gómez queda plasmada en Juan Soldado y El pícaro. Series como Cañas y barro y La barraca confirman el buen nivel del trabajos de los profesionales del medio audiovisual.
Del exterior, nos llegan series como Ironside, Centro médico, Kung Fu, La casa de la pradera, Starsky y Hutch, Sandokan y Un hombre en casa. El público familiar se beneficia de tres irrepetibles fenómenos, Pippi Calzaslargas, Heidi y Marco: De los apeninos a los Andes.
Después de una época de consolidación del monopolio televisivo, desde mediados de los años setenta se apuntan nuevos intereses sociales, políticos, económicos y culturales en el marco de las regiones españolas. De alguna manera, esto tiene que repercutir en el desarrollo de la televisión como medio.
Los años ochenta van a ser una década intensa y muy relevante para el desarrollo de nuevos contenidos. Aunque, en buena parte, se mantiene el tono de los años anteriores. Las series norteamericanas vienen a consolidar la audiencia en ciertas franjas horarias (Dallas, Dinastía, Fama, Falcon Crest, Canción triste de Hill Street).
La renovación en la oferta nacional llega de la mano de profesionales como Joaquín Arozamena, Victoria Prego, Carmen Maura, Rosa María Mateo, Mercedes Milá, Manuel Campo Vidal, Luis Mariñas, Pepe Navarro, Fernando G. Tola, Pedro Ruiz,Luis Pancorbo, Ángeles Caso y Concha García Campoy.
Las series españolas para televisión confirman el mejor momento que ha tenido el sector audiovisual en mucho tiempo (Fortunata y Jacinta, Los gozos y las sombras, Ramón y Cajal, La plaza del diamante, Teresa de Jesús, La huella del crimen). Nadie puede olvidar Verano azul, otro éxito de Mercero.
Los programas musicales despuntan con La edad de oro, Tocata y ¡Qué noche la de aquel año! En la franja infantil, trinfan Barrio Sésamo y La bola de cristal. En la vanguardia creativa, se consolida Metrópolis, emitido por el segunda canal de TVE.
En la intuida trasformación del espacio mediático, se aprueban los terceros canales autonómicos y en 1984 inician sus emisiones TV3 y Euskal Telebista.
Televisión Española comienza a tener competidores en varias autonomías, situación que se irá complicando más cuando en 1989 inicien su andadura TVG, Canal Sur y Canal 9. La adquisición de programas y series hace que los canales tengan que replantearse el modelo que quieren ofrecer. En esos años todavía mantiene el pulso de TVE (El precio justo, de Joaquín Prat, El perro verde, de Jesús Quintero, Por las mañanas, de Nieves Herrero, La luna, de Julia Otero, Quién sabe dónde, de Paco Lobatón).
Por si fuera poco, en 1990 inician sus emisiones tres canales privados: dos en abierto (Antena 3 y Tele 5) y uno semi-codificado (Canal +). Se inicia una guerra que en la primera embestida gana TVE, pero que con el tiempo va a dar origen a una situación preocupante. Más allá de quien se lleve la parte más grande de la tarta publicitaria, decae el tipo de contenidos que se producen para cubrir tanta emisión.
En líneas generales, desde mediados de los noventa se produce una cierta continuidad en el formato ya consolidado. Rompen moldes y afianzan la producción propia las telecomedias (Farmacia de guardia, Lleno por favor, Médico de familia, Todos los hombres sois iguales, Manos a la obra, La casa de los líos, Hostal Royal Manzanares, 7 vidas, Aquí no hay quien viva, Aída).
En la primera etapa de los canales privados, los grandes formatos se afianzancon programas como Lo que necesitas es amor y La parodia nacional. Las noches se ocupan con late shows provocativos, como Esta noche cruzamos el Mississipi, de Pepe Navarro.
Por su parte, la prensa del corazón comienza su periplo televisivo. En TVE, mantiene el buen tono la crónica social de Corazón, corazón, pero en general prevalece el espectáculo rosa en la línea de ¡Qué me dices!, Gente y Tómbola.
También comienza la andadura de Javier Sardá con Moros y cristianos, antes de que este periodista acapare la audiencia nocturna con Crónicas marcianas. El relevo de Sardá tarda años en llegar de la mano de Andreu Buenafuente.
En los ochenta, las telenovelas que llegan de Hispanoamérica como Cristal o La dama de rosa cambian el panorama de la sobremesa, y arrasan en lo que audiencia se refiere. Más de una década después, esa tendencia se recupera gracias a la producción colombiana Yo soy Betty, la fea.
A lo largo de las dos últimas décadas, saltan a la arena televisiva Ana García Lozano, Ana Rosa Quintana, Gemma Nierga, María Teresa Campos y su hija Terelu.
Las series de ficción van a tener títulos destacables a partir de finales de los noventa, sobre todo cuando recordamos Periodistas, El comisario, Al salir de clase, Compañeros, Policías en el corazón de la calle, Hospital central, Un paso adelante, Ana y los 7, Cuéntame cómo pasó –todo un fenómeno televisivo–, Los Serrano, etc.
En fechas más recientes, se produce una auténtica revolución en los contenidos televisivos norteamericanos. La calidad en los guiones y en la puesta en escena alcanza cotas de calidad formidables, y eso lleva a un numeroso público español a convertirse en seguidor de series como E.R. (Urgencias), Seinfeld, Friends, Expediente X, Ally McBeal, Hermanos de sangre, Los Simpson, C.S.I, A dos metros bajo tierra, Anatomía de Grey, House, Prison Break, Battlestar Galactica, Dexter, El ala oeste de la Casa Blanca, Los Soprano y The Shield.
En el inicio del nuevo siglo, los esquemas televisivos se rompen. Surjen los programas denominados “acontecimiento”, al estilo de reality shows como Gran hermano, Operación Triunfo y ¡Mira quién baila! Con ellos, el negocio televisivo demuestra que es capaz de cautivar masivamente a la audiencia española.
Los más críticos observan que en la actualidad decaen los contenidos y se sobreponen los formatos. Se acalora el debate sobre la televisión que tenemos y que queremos. Se habla de telebasura, y la tragedia y las miserias humanas parecen alcanzar cotas de seguimiento que sitúan en mal lugar al telespectador.
Si nos parece poco todo esto, la oferta de canales se multiplica, y son tantas las pantallas que podemos explorar que la aparente diversificación de la oferta se concreta en una reiteración de contenidos y formatos. Dicho de otro modo: en una homogeneización de tal envergadura que sume al telespectador en una rutina inevitable.
Con más de cincuenta años a la espalda, nos van a permitir que pensemos que hoy es posible otra televisión. Esperemos que alguien apueste por ese modelo, porque cada vez resulta más necesario.
Operación Triunfo. La película, de Jaume Balagueró y Paco Plaza © Filmax, 2002. Cortesía del departamento de prensa de Filmax. Reservados todos los derechos.










