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El desarrollo de la televisión ha coincidido en el tiempo con otras formas de entretenimiento social que, muy lentamente, se fueron asentando en todos los países a lo largo del siglo XX. Se convierte, indiscutiblemente, en un puente entre el cine y la radio, suponiendo su implantación generalizada un revulsivo socio-económico de gran envergadura, sobre el que centrarán su atención los principales motores del poder político y económico, al considerar el medio como vehículo fundamental para la transmisión de ideas.
En su desarrollo e implantación social, se deben tener en cuenta no sólo los condicionantes tecnológicos que le obligaron a sortear mil y un problemas sino, también, aquellos que surgen de los marcos legales definidos en cada país y los contenidos que se propagan por las ondas que serán, básicamente, los que delimiten claramente el espacio de convergencia entre los intereses comerciales de la cadena y los de sus receptores inmediatos.
La incorporación de este nuevo medio al espacio audiovisual, viene a suponer un empuje en el desarrollo del sector tecnológico. Con la televisión, la distribución de imágenes va originando un nuevo marco en el que las estructuras narrativas se revisan al tiempo que se actualizan cada vez más rápidamente.
Nada tienen que ver aquellas primeras imágenes emitidas por el húngaro Denes von Mihaly en 1919 con las que hoy llegan a través de los canales digitales desde el espacio. Apenas son ochenta años, de los que la mitad forman parte de una larga fase experimental, siendo los restantes los que ven como crece en todas las direcciones un medio básico de entretenimiento para la sociedad de la segunda mitad del siglo XX.
El desarrollo tecnológico de la televisión, indiscutiblemente, va marcando los formatos de su programación y el nivel de calidad “visual” de los mismos, al tiempo que la aplicación imaginativa de una serie de productores permitirá que los contenidos que se ofertan en cada momento a través de las más diversas programaciones faciliten la consolidación de modelos que, originalmente novedosos, pasan a ser redundantes por imitativos.
Es obligado, pues, aunque sea sucintamente, establecer los modelos tecnológicos y los conglomerados comunicativos que van surgiendo a lo largo del tiempo, con el fin de lograr comprender el alcance social de los mismos y, con ello, la repercusión que los modelos narrativos que se ofrecen tienen en la sociedad que los recibe.
Primeras experiencias televisivas
La televisión tuvo una fase experimental muy dilatada, que arranca de unas primeras experiencias del alemán Paul Nipkow en 1860, tras patentar lo que él llamó “telescopio eléctrico”, un sistema mecánico de transmisión de imágenes del que nada se sabrá hasta que el escocés John Lodgie Bird, después de un largo periplo experimental, consiga transmitir una primera imagen el día 2 de octubre de 1925.
A partir de esta fecha, son numerosas las aportaciones que surgen tanto en otros países europeos como en suelo estadounidense. Así, la emisión por cable de una imagen por parte del americano Charles Francis Jenkins, motivó que Baird lograra, el 9 de febrero de 1928, transmitir una imagen desde Londres hasta Nueva York. Sin duda, son estos unos años en los que no hay tiempo para asimilar los progresos tecnológicos que se dan en el campo televisivo, en el que ya intervienen, como era lógico pensar, empresas de renombre en el mundo de la radiodifusión y telefonía como la American Telephone and Telegraph, General Electric, Telefunken, Allgemeine Elecktrizitat Gesellschaft (AEG), Westinghouse Electric, etc.
Al tiempo que se estaba produciendo una profunda transformación en la industria del cine con la incorporación del sonido, a ambos lados del océano Atlántico se estaban realizando las primeras emisiones experimentales.
Al igual que en el campo del cine, en el ámbito televisivo se trabajará con el fin de desarrollar nuevos sistemas de emisión, mejor calidad de imagen, emisiones en color, etc. Así, desde 1928, aunque muy primitivo, se cuenta con un sistema de color, obra de Baird, y que, aunque llegará mucho más tarde, el 27 de agosto de 1940, la CBS realiza una emisión experimental.
Estamos en 1928 y son varias emisoras de televisión las que se afanan en emitir imágenes. Baird consigue en Berlín, el 15 de mayo de 1929, transmitir una imagen perfectamente sincronizada con el sonido. No obstante, quizá por todo lo que la historia nos cuenta, el problema del desarrollo de la televisión no se encontraba, precisamente, en esta parcela, sino más bien en contar con un número suficiente de receptores –televisores– que permitieran superar la fase experimental y adentrarse de lleno en el desarrollo comercial del medio.
Las cadenas radiofónicas NBC y CBS, como una lógica progresión en sus negocios y control de medios, entran en el mundo de la televisión, trasladando con ello a este nuevo campo la rivalidad que ya mostraban en la radio.
En el segundo lustro de los años veinte tiene lugar uno de los momentos más importantes de la radiodifusión estadounidense, cuando la RCA, el 1 de noviembre de 1926, decide poner en marcha la National Broadcasting Company (NBC) y al año siguiente otra cadena –la cadena azul– (precisamente en 1943, tiene que ser vendida y pasará a denominarse American Broadcasting Company, ABC). En 1927 también aparece la Columbia Broadcasting System (CBS).
Así la NBC desde 1928, y a través de alguna de sus emisoras situadas en Nueva York realiza unas emisiones experimentales. Por su parte, la CBS esperará hasta 1931 para organizar la que será la primera emisión de una programación experimental regular, aunque la falta de recursos le obligará a dejar pasar unos años. Lo significativo es que todos querían ser los primeros en dar el gran paso, sobre todo después de haber comprobado la repercusión que en el campo del cine había tenido la aventura de la Warner Bros en el cine “sonoro”.
Al igual que la industria del cine está indecisa con el sistema a adoptar –el estándar que les permita unificar criterios–, la televisión se centra, de momento, en el sistema mecánico Nipkow-Baird. Pero no se deben olvidar los progresos, aunque lentos, del ruso Vladimir Kosma Zworykin, quien desde 1923 ya venía trabajando en Estados Unidos en la mejora de su iconoscopio, base de la televisión electrónica, que será la que en los primeros años treinta arrincone definitivamente al sistema mecánico de Baird.
El iconoscopio sirvió de fundamento a la cámara que años después fabricará la Electrical and Musical Industries (EMI) londinense, bajo el nombre de Emitrón. No se debe olvidar que durante varios años, Baird fue el referente exclusivo de la televisión en todo el mundo, pues ofrecía continuamente nuevas muestras de sus progresos, lo que hacía creer en el futuro de su sistema de transmisión.
En 1934 ya nos encontramos con los primeros pasos en firme de la televisión, que se va a consolidar todavía más con la retransmisión en directo que se hace de las Olimpiadas celebradas en la primera quincena de agosto de 1936 en Berlín. Así Alemania y Gran Bretaña se adelantan a Estados Unidos en el establecimiento de los primeros servicios regulares de televisión: el 22 de marzo de 1935 (en el Centro Paul Nipkow de Berlín) y el 2 de noviembre de 1936 (los servicios de la BBC en Londres). Se está hablando de la convivencia entre los dos sistemas: el mecánico –alemán– y el electrónico –británico–, tanto en un país como en el otro. Por eso, se toma el 1 de agosto de 1936 como la fecha en la que se utiliza la alta definición en la transmisión de imágenes.
En Gran Bretaña conviven durante un tiempo el sistema mecánico de Baird (de 240 líneas) y el sistema electrónico desarrollado por EMI–Marconi (de 405 líneas y 50 ips), de nominado de “alta definición”, frente a la baja calidad del sistema mecánico. Se implanta definitivamente en la BBC el 2 de febrero de 1937 y en Alemania el 15 de julio de 1937.
Las Olimpiadas de Berlín suponen un gran acontecimiento para la historia de la televisión, pues se utilizan 27 cámaras, algunas con teleobjetivos, y una unidad móvil.
Al margen de su trágica circunstancia sociopolítica, el momento por el que pasa Alemania permite que se desarrolle a nivel nacional la televisión y se hiciera, con gran visión de futuro, por cable.
Este soporte permitió la supervivencia de las emisiones durante la Segunda Guerra Mundial, dado que los bombardeos apenas hicieron mella en la infraestructura comunicativa. Las primeras emisiones de televisión en el país fueron vistas de una manera colectiva, dado que la comercialización de receptores fue muy lenta durante muchos años, dejando de ser prioritaria durante el conflicto. En este sentido, los británicos tendieron desde el primer momento a disponer de un receptor individual.
Los Fernsehstube fueron ubicados en salas con relativa capacidad, que iría ampliándose en función de las pantallas receptoras. Así en 1935 apenas alcanzaban los 18 x 25 cm., mientras que en 1942 ya se disponía de superficies de 3 x 4 metros.
En los primeros años cuarenta son ya varios los países que emiten regularmente imágenes por televisión: Francia lo hace en el segundo lustro de los años treinta (Mayo de 1937); Rusia en los primeros meses de 1938; Estados Unidos entre abril de 1939 y el 1 de julio de 1941, cuando el Federal Comité of Communications (FCC) fija la norma de 525 líneas y 30 imágenes por segundo; Japón pone en marcha la NHK en abril de 1940. Pero hablamos de un momento en el que se está definiendo la “identidad” televisiva: su espacio –cobertura–, su receptor –equipos, costes y audiencias–, su calidad –normas de emisión–, su programación y contenidos y el carácter de sus emisiones –directo, en exteriores o en estudio–, aspectos que se irán complementando con el tiempo y adaptando a otras realidades sociales, económicas y tecnológicas del medio.
No obstante, la Segunda Guerra Mundial obligará a la televisión a pasar por una situación de supervivencia, sin grandes sobresaltos, que le supondrá mantenerse simplemente a la espera de nuevos acontecimientos. Solamente los alemanes aprovechan su expansión territorial para ampliar sus conexiones y emitir, por ejemplo en París, durante el tiempo de ocupación una programación bastante amplia. En el resto de los países las complicaciones eran más numerosas que los resultados que se obtenían de las pruebas, dado que eran muy escasos, todavía, los receptores.
Lo que es un hecho es que, a partir de 1945, “la televisión se convertirá en Europa en una empresa estatal consagrando la actuación iniciada por los gobiernos en los primeros tiempos de la radio. Es el momento en el que nace el término radio-televisión (…) como resultado de una acción estrictamente administrativa que, al desconocer –por lógicas razones temporales– la naturaleza de cada uno de ellos, los unió en un mismo sistema.
Entre 1945 y 1952 transcurren, pues, siete años de tanteos exploratorios, de aprendizaje técnico y se inicia tímidamente la expansión definitiva de la TV. Es también un momento social y económicamente difícil. La televisión es una buena terapéutica ocupacional para gobernantes y gobernados, para vencedores y vencidos” (Faus Belau, A.: La era audiovisual. Historia de los primeros cien años de la radio y la televisión. Navarra. Eiunsa. 1995, págs. 195-196).
Belau señala que en París había 1.000 receptores durante la ocupación y que en Estados Unidos apenas se contabilizaban 8.000 durante la guerra.
Es más, cuando se van superando los años de la inmediata postguerra, se aprecia una decidida voluntad en todos los países por ir consolidando unas mínimas instalaciones que permitan disponer de un servicio de televisión. Francia, Gran Bretaña, Dinamarca, Italia, etc. comienzan a emitir unos primeros programas al tiempo que en Estados Unidos crece el número de emisoras y, con cierta rapidez, el de receptores, mientras que otros países como México, Brasil y Argentina inician sus emisiones en los primeros años cincuenta.
Si bien, en su deseo de expansión, la televisión tropieza con una serie de problemas –siempre a resolver en cada país–, las iniciativas europeas contrastan inevitablemente con las americanas, pues los estadounidenses en apenas unos años (1948-1954) pasan de tener 29 emisoras y un millón de televisores a las 408 emisoras y 33 millones de receptores. En Europa se contabilizan poco más de 1.200.000 aparatos, la mayoría –el 99 por ciento– situados en Gran Bretaña.
A lo largo de doce años, entre 1950 y 1962, la televisión comienza a ser un medio de comunicación activo en sesenta países. La mayoría de ellos dispone de emisiones regulares. Este impulso sitúa a la televisión como un medio de indiscutible presencia social, con un parque de receptores en continuo crecimiento. Como veremos, los profesionales que protagonizan ese esplendor catódico forman parte de la leyenda televisiva.













































































