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El paisaje empresarial
No obstante, lo que sí parece un hecho, es la redefinición del paisaje empresarial televisivo. El periodista y analista Robert J. Samuelson, y avanzando algunas ideas sobre el futuro inmediato de la televisión, apuntaba que “las principales cadenas de televisión en Estados Unidos, tal y como las conocemos, están muertas. No hay que preocuparse de que la ABC, la CBS y NBC vayan a desaparecer. Pero su papel crucial en la vida estadounidense se ha terminado. Desde los primeros años de la televisión, han dominado desde muy alto los informativos, el espectáculo y los deportes. Han diezmado las filas de los periódicos, han decidido lo que veíamos y de lo que hablábamos y –según sus más feroces críticos– convertido en papilla la mentalidad de millones de estadounidenses. Y todo eso se acabó” (Samuelson, R. J.: “La muerte de las grandes cadenas”. “El Mundo”. 17-1-1999).
El mundo audiovisual ha ampliado notablemente su espacio, y las nuevas demandas de productos y servicios lleva a una compleja vinculación entre sectores que hasta la fecha caminaban por separado. Si estamos inmersos en la sociedad del consumo más agresivo, la propuesta audiovisual nos habla de sobresaturación, de abundancia en exceso que nos lleva a contemplar, con cierta preocupación, los avances que se han dado en el campo tecnológico, pues el ser humano ha perdido su intimidad, su capacidad de razonamiento, y vive dominado por el gusto generalizado y acultural que impregna en buena medida a la sociedad moderna. Entramos, de esta manera, en los hábitos de consumo, en lo que se desea y aquello que realmente se necesita. Y todo ello viene influenciado por las directrices seguidas en los contenidos programáticos de la televisión.
Señala Samuelson que “en 1979, alrededor del 57% de los hogares de televidentes contemplaba ABC, CBS o NBC en las horas de mayor audiencia (de 8 a 11 de la noche), según Nielsen Media Research. Ello significaba casi toda la audiencia de la televisión. En 1998, las tres cadenas más antiguas capturaban sólo el 25% de los hogares televidente en las horas punta. Incorporemos las cadenas de emisión más nuevas (Fox, UPN, WB y PAX) y la cifra alcanza al 32%. Como la audiencia de televisión ha permanecido aproximadamente estable, el resto de la audiencia se ha pasado a la televisión por cable o por satélite”.
Pero en este sentido, podemos y debemos plantearnos una serie de cuestiones que tiene que ver con el desarrollo tecnológico y el acceso del ciudadano –cliente, consumidor, etc.– a los contenidos que ofertan los diversos canales.
El universo de la empresa de comunicación está, sin duda, abocado a seguir la estela de ese desarrollo tecnológico que las multinacionales de la electrónica ofertan continuamente y, siempre, con el pretexto de que la inversiones que realizan en su infraestructura permitirán mejorar el nivel de calidad de su oferta programática.
La tecnología, todo hay que decirlo, ayuda a mejorar las fases de realización y edición de un producto, mientras que los diversos contenidos emitidos son los que, finalmente, más valoran los receptores de los mismos. A finales del siglo XX, el telespectador no se siente muy atraído por el debate analógico-digital; más bien, a una inmensa mayoría ni le interesa.
Por otro lado, se hace necesario matizar las afirmaciones sobre el desarrollo de la televisión abierta y la de pago; la televisión convencional y la oferta plural de servicios que se hace a través de las plataformas televisivas, la televisión generalista y de ámbito local.
Vale la pena analizar los interesantes resultados del estudio editado por Miquel Moragas Spà, Carmelo Garitaonandía y Bernat López con el título Televisión de proximidad en Europa. Experiencias de descentralización en la era digital (Zaragoza. Universitat Autònoma de Barcelona, Universitat Jaume I, Universitat Pompeu Fabra, Universitat de València. 1999), en el que se dice, entre otras cosas, que “a diferencia de lo que ocurrió durante las primeras épocas de la implantación de la televisión, el panorama de la televisión local y regional en Europa está muy lejos de presentarse homogéneo o uniforme. Al contrario, lo que se observa hoy es una multiplicidad de formas y de modelos que tratan de adaptarse y de responder a la gran diversidad (cultural, lingüística, política, demográfica, geográfica) existente a escala regional y local. La’ televisión de proximidad’ es, por su propia naturaleza, la de la diversidad”.








































































