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Historia de la televisión - La era de los satélites

Índice de Artículos
Historia de la televisión
Los años cincuenta
La era de los satélites
Estrategias financieras
El paisaje empresarial
Desafíos del futuro
Todas las páginas

La era de los satélites

A mediados de los años setenta (entre 1973-1976 aproximadamente) se desarrollan los satélites domésticos que provocan la aparición de las antenas parabólicas colectivas –inicialmente de grandes dimensiones– Inmediatamente después, en 1983–84, llega la televisión directa por satélite (Direct Broadcasting System; DBS), que se desarrolla simultáneamente en Estados Unidos y Japón, y que permite que la señal llegue directamente a la parabólica que tiene el usuario –ya de menor tamaño– sin pasar por un distribuidor de señal. En Europa también se producen cambios en el sector al introducirse estos nuevos modelos que, en gran medida vienen a romper con el monopolio estatal existente.

Surgen normativas diversas. Una puede ser la legalización en Italia de las televisiones locales (por cable en 1974; por vía hertziana en 1976), otra la Ley francesa de julio de 1982, a partir de la cual surgen las televisiones privadas (Canal + Francia en 1984) al tiempo que se privatizan algunos canales estatales.

A decir verdad, llegan para poner un poco de orden en lo que se denomina, desde 1982, la “Televisión sin fronteras”, marco sobre el que se diseñará el nuevo paisaje televisual en el que surgirán multitud de iniciativas al tiempo que también se verá como otros proyectos desaparecen, pues hasta las apuestas empresariales más atrevidas no pueden ocultar las impredecibles fluctuaciones en la orografía comercial y tecnológica.

En el primer lustro de los ochenta, algunos empresarios privados emiten sus programas vía satélite en Europa (Sky Channel, Music Box, etc.), al tiempo que otros países, como Francia, dan pasos decisivos para el desarrollo de una red que integre distintos servicios de telecomunicaciones; en este sentido, se avanza hacia la red digital de servicios integrados (RDSI).

Aparecen en Europa, con gran fuerza, las cadenas de pago. Ted Turner pone en marcha la CNN –una cadena de noticias por cable y satélite que revolucionará el mundo de la información por televisión–, se multiplican las televisiones privadas, se desarrollan los servicios de teletexto, etc., y se consolidan los grandes grupos multimedia.

Como señala Enrique Bustamante, “la televisión no ha esperado ciertamente a la digitalización para transformarse profundamente. La llegada y el crecimiento de la televisión de pago en sus diversas modalidades han implicado los más profundos cambios habidos en el medio desde su conformación como sector financiado por la publicidad. Una evolución que comienza en la segunda mitad de los años setenta en Estados Unidos, en los primeros ochenta en Europa, y que está relacionada sólo muy relativamente con la innovación tecnológica, ya que se desarrolla sobre tecnologías conocidas y aplicadas desde mucho antes, como la codificación de las ondas o la articulación entre el satélite y el cable. Es el cambio económico–financiero de esta televisión el que supone una transformación radical en el medio y el que arrastra un impacto general en el sector audiovisual, al generar la economía de lo que podemos llamar en términos generales ‘videoservicios’:

Primero: Cambios profundos en la relación oferta–demanda: una televisión orientada al consumidor que rompe la dinámica anterior de oferta y su preferencia sistemática por la lógica publicitaria. Lo que significa el fin de la maximización de la audiencia en el tiempo y de la necesidad de fidelización permanente de la televisión publicitaria.

Segundo: Cambios en la estructura financiera: acortando el prolongado ciclo financiero de la televisión convencional, incrementando su rentabilidad, permitiendo una mejor remuneración de la producción y, en consecuencia, posibilitando una industria audiovisual más estable.

Tercero: Cambios notables en el consumo: Con rehabilitación del espectador como cliente, en paralelo a un debilitamiento o desaparición de la función coactiva de la programación televisiva y, por tanto, con una mayor posibilidad de elección y de especialización del consumo.”

 



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