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The-Cult-revista

Lovecraft en el cine y la televisión

alien

Lovecraft recibió alguna vaga propuesta de llevar al cine varios de sus relatos, pero se negó en redondo. A su modo de ver, ni el cine, ni la radio, ni el teatro podían ofrecer la atmósfera que él ofrecía en su literatura.

No olvidemos que en 1931 salió de una sala en medio de la proyección del "Drácula” de Tod Browning, y un año más tarde calificó de “decepcionante” el “Frankenstein” de James Whale.

Si Lovecraft hubiera vivido para ver una sola de las supuestas adaptaciones de sus obras lo hubiera pasado mal. Es más: hubiera muerto de espanto al ver películas como “Die, Monster, Die” o “Re-Animator”, por citar dos ejemplos.

De hecho, no conozco una sola cinta basada en el universo de Lovecraft que haya mostrado respeto por la obra, y sobre todo, por el espíritu del autor.

Como declara el argentino Marcelo Gabriel Burello, el espíritu de la obra de Lovecraft, su atmósfera de terror cósmico, está más presente en películas que no son específicamente lovecraftianas.

Indudablemente, “Alien” (1979) es el mejor ejemplo.

Ésta es, sin duda, una de las mejores películas de terror jamás realizadas, y coincido con Fernando Savater cuando indica que refleja todos y cada uno de los miedos del hombre: el dolor, la soledad, la muerte, la oscuridad, el extraño o extranjero... y sobre todo, el tan lovecraftiano terror al universo infinito y desconocido.

Esta producción juega, como ninguna, con muchas de nuestras peores pesadillas y, para ello, como hiciera Lovecraft, no se preocupa demasiado a la hora de mostrar al monstruo.

Otro de los grandes logros de "Alien", y que enlaza directamente con las creaciones de Lovecraft, es la concepción de la bestia estelar.

Es una criatura, al igual que las del escritor de Providence, totalmente ajena a la naturaleza humana: su forma de reproducirse, su falta aparente de lenguaje, su sangre compuesta de un ácido, su apariencia...

El creador del alien, H.R. Giger, no niega que la obra de Lovecraft es una de las fuentes de influencia que siempre ha recogido en sus macabras ilustraciones.

Al film de Scott sólo le falta un final más pesimista para parecer un relato propio de Lovecraft, pero Ripley es mucha Ripley, y al final... vence al monstruo.

No obstante, un peligro tal no puede conjurarse del todo, pues el universo es muy grande y oscuro.

En términos generales, podríamos decir, como afirma Gabriel Burello, que las primeras adaptaciones, realizadas en torno a los sesenta y setenta, pertenecen a la serie B, mientras que las adaptacions estrenadas a partir de los ochenta enlazan más bien con el gore.

La primera adaptación de una obra de Lovecraft se realizó en 1963. Fue “The Haunted Palace” (“El palacio de los espíritus”), título que responde a un poema de Poe, el mismo que recita el protagonista principal encarnado por Vincent Price al iniciarse la película.

No es de extrañar por ello, que en los carteles promocionales la película se vendiera como una adpatación de una obra de Poe. De hecho, se incluye en el ciclo que su director, Roger Corman, dedicó a este autor.

Sin embargo, se basa en el relato de Lovecraft “El caso de Charles Dexter Ward”, aunque conviene que decirlo en voz baja, ya que la película retiene poco de esta novela breve, y sólo respeta el nombre de sus protagonistas (Joseph Curwen / Charles D. Ward), a los que da vida un Price en su mejor momento.

Poco después, en 1965, otro gran rostro del cine de terror, Boris Karloff, protagonizó la película “Die, Monster, Die!” (o “Monster of Terror” que es el nombre que recibió en Inglaterra, lugar donde se traslada el rodaje y la acción; en España se vio como “El monstruo del terror”).

Esta película dirigida por Daniel Haller se basa en el relato “El color que cayó del espacio”, pero no logró captar la dimensión cósmica del original, y sus recursos narrativos, más cercanos a una ciencia-ficción explicativa, son inapropiados.

En 1967, también en Inglaterra, se filma la película “The Suttered Room” (“La habitación cerrada”), basada en el relato del mismo nombre que August Derleth escribió según una idea de Lovecraft (en lo que Derleth se empeña en llamar colaboración póstuma).

La película es peor aún que el relato. No tiene ni un solo elemento lovecraftiano, mucho menos si consideramos que incluye un lucimiento carnal de la actriz femenina de turno.

Un año después, de nuevo en Inglaterra, Vernon Sewell dirigió “The Curse of Crimson Altar”, película que extrae elementos del relato “Sueños en la casa de la bruja”, aunque no sea una adaptación oficial.

Sin duda, lo mejor de esta película son sus intérpretes: el clásico Boris Karloff y dos actores en alza, Barbara Steele y Christopher Lee.

En 1969 la factoria Corman vuelve a intentarlo con otra adaptación de Lovecraft. Se trata de “The Dunwich Horror” (“El horror de Dunwich”). De nuevo bajo la dirección de Daniel Haller, éste parecía uno de los relatos más comerciales de Lovecraft de cara a la pantalla, sobre todo porque termina bien; aunque, curiosidades de la vida, la película acaba con el triunfo del Mal.

En 1972 el español Javier Aguirre, en su película “El jorobado de la morgue”, hace uso de recursos propios de Lovecraft. Por ejemplo, el Necronomicón. Este mismo título es el que da Jesús Franco a su película de 1970, aunque poco tenga de Lovecraft.

En Italia, Sergio Martino dirige en 1979 la película “L’isola degli nomini pesce”, basada en “La sombra sobre Innsmouth”.

En los años ochenta vuelve a revivirse en Estados Unidos el interés por llevar a Lovecraft a la pantalla grande.

Fruto de este interés surge la película que sin duda más fama a dado a Lovecraft: “Re-Animator” que Stuart Gordon dirigió en 1986 (aunque ya en 1983 había habido un pobre intento de adaptación moderna de “El caso de Charles Dexter Ward” con la película “The Devonsville Terror” de Ulli Lommel).

Basada en el serial de Lovecraft “Herbert West: Reanimador”, esta película tampoco se molesta en rescatar para el cine el espíritu de Lovecraft, aunque respeta gran parte de la acción del texto original. Pero una cosa queda clara: la carga de humor negro y sexo nada tienen que ver con Lovecraft.

Animado por su éxito con esta película, Stuart Gordon dirige un año después “From Beyond” (“Re-Sonator”), que contiene mucho menos de la obra y el espíritu de Lovecraft. Como película de terror, es más aburrida y menos original que su predecesora “Re-Animator”.

Pero “Re-Sonator” no fue la única película basada en los mundos de Lovecraft que salió aprovechando el éxito de “Re-Animator”. Así, en 1987 aparece una producción de Estados Unidos e Italia titulada “The Farm” o “The Curse” (“La granja maldita”), que adapta el relato de Lovecraft “El color caído del espacio”.

La versión no es del todo mala, e incluso tiene buenos detalles, pero al final se desmadra bastante.

Del mismo año es una película que sólo circuló en vídeo “Forever Evil”, y que pese a lo que anuncia sólo tomó de Lovecraft el nombre de una de sus criaturas.

El film canadiense “The Unnamable” (“El innombrable”), dirigido en 1988 por Jean-Paul Ouelette, se basa en uno de los relatos más breves de Lovecraft.

El monstruo de plástico que la protagoniza no se gana ni de lejos el calificativo de “innombrable”. El caso es que en el mercado de vídeo tuvo cierto éxito, así que en 1992 se rodó “The Unnamable 2”.

Ya en la década de los noventa, concretamente en 1990, Brian Yuzna dirige “The Bride of Reanimator” (“La novia de Reanimator”), una especie de continuación de “Reanimator”, aunque a veces nos recuerde más a un remake de “La novia de Frankenstein”.

También de 1990 es “The Resurrected” (“Resucitado”) dirigida por Dan O’Bannon. Está basada en la novela corta “El caso de Charles Dexter Ward”, y aunque es más fiel que “El palacio de los espíritus”, no logra tampoco apresar la fuerza de H.P. Lovecraft.

Al mercado de vídeo llega directamente “Cthulhu Mansion” (“La mansión de Cthulhu”) dirigida en 1991 por J. Piquer Simon, producción española que poco tiene que ver con la obra de Lovecraft, salvo el nombre que se utiliza en el título.

“H.P. Lovecraft’s Necronomicon” (“Historias del Necronomicón”) es una coproducción de Estados Unidos con Francia y Japón, compuesta de tres historias, que a su vez están dirigidas por tres distintos directores: Brian Yuzna, Christophe Gans y Shusuke Kaneko. Cada uno de los cuales aporta su muy particular visión de los mundos de Lovecraft. Personalmente me quedo con la primera historia “The Drowned”, del francés Gans, una historia ambientada en una tétrica y vieja mansión que parece ubicarse en Innsmouth.

La segunda historia “The Cold”, dirigida por Kaneko, viene a ser una mala adaptación de “Aire Frío”. Y la tercera historia de Yuzna “Whispers” es la más alocada de las tres, y plantea la existencia de unas catacumbas habitadas por horribles seres extraterrestres, que devoran a la gente de la manera más violenta y sanguinaria.

Al margen de estas, llaménoslas, adaptaciones oficiales de la obra de Lovecraft, también existen películas influenciadas por el genio de Lovecraft, o películas en las que se ha querido ver la huella de su universo peculiar. Son muchos los que ven en el monstruo del film de Jack Arnold “The Creature from the Black Lagoon” (“La mujer y el monstruo”) de 1953, un lejano pariente de Dagon.

Otros ven el espíritu de Lovecraft en las míticas y asfixiantes películas “The Texas Chain Saw Massacre” (“La matanza de Texas”) de 1974, y “The Hills Have Eyes” (“Las colinas tienen ojos”) de 1977, al menos en esos relatos lovecraftianos en los que se habla de una comunidad aislada, degenerada, pagana (relatos como “El horror oculto”), que incluso practica el canibalismo (relatos como “El grabado en la casa” o “Las ratas en las paredes”).

En las películas italianas de los años ochenta también se deja ver la huella de Lovecraft; así Dario Argento en su “Inferno” de 1980 nos habla de puertas a otras dimensiones que son abiertas por extrañas brujerías. Mientras que Lucio Fulci no se priva de usar creaciones lovecraftianas (lugares, libros malditos...) en películas como “La ciudad de los muertos vivientes” de 1980.

En 1982 aparece otra gran película de terror cósmico: “The Thing” (“La cosa”), dirigida por el genial John Carpenter. La película pretende ser un “remake” de “El enigma de otro mundo”, basada a su vez en el relato de John W. Campbell “¿Quién anda ahí?”.

Sin embargo, esta nueva adaptación responde más al espíritu terrorífico de Lovecraft que a la ciencia-ficción de Campbell, y su direcctor Carpenter, no puede negar su reconocida admiración a Lovecraft, y a relatos como “En las montañas de la locura”. Así que no es de extrañar que en 1995 el propio Carpenter dirija la película “In The Mounth of Madness” (“En la boca del miedo”), claro juego de palabras con el relato de Lovecraft “At the Mountains of Madness” (“En las montañas de la locura”). Esta estupenda película de terror supone un homenaje a Lovecraft y también a Stephen King. Además cuenta con una gran interpretación de Sam Neill.

También recoge influencias de Lovecraft Sam Raimi en su saga “Evil Dead” (“Posesión Infernal”), con la aparición del Necronomicón, que cobra gran protagonismo en la segunda y tercera entregas de la serie. Con todo, las fuertes dosis de humor negro de éstas chocan con la atmósfera típica de Lovecraft.

Algunos también ven influencias lovecraftianas en las películas “Nightbreed” (“Razas de noche”) y la serie “Hellraiser” ambas de los mundos del escritor inglés Clive Barker, relatos donde se habla de horribles dimensiones paralelas a la nuestra o de mundos de pasadizos subterráneos plagados de monstruos (al estilo de “La declaración de Randolph Carter” o “El modelo de Pickman”).

No conviene olvidar los proyectos de películas lovecraftianas que se quedaron en nada. El propio Fritz Lang en los años treinta acarició la idea de adaptar el relato “La cosa en el umbral”, pero el proyecto no fue a más. Conocida era la intención de Stuart Gordon de adaptar “La sombra sobre Innsmouth”, de la que llegaron a circular incluso carteles publicitarios, proyecto que Gordon se vio obligado a abortar por falta de presupuesto. Ya a finales de los setenta se barajó un ambicioso proyecto, que no salió a la luz, al que quería dársele el título de “The Cry of Cthulhu”.

Stuart Gordon planteó no sólo “La sombra sobre Innsmouth”, sino también “El horror oculto”, “El templo” e incluso “En las montañas de la locura”. Por su parte J.P. Ouellette, director de las dos películas de “El innombrable”, tenía el proyecto de adaptar también “La cosa en el umbral”, pero no llegó a materializarlo. También deseaba rodar en dibujos animados “Los gatos de Ulthar” y un largometraje de “El susurrador en la oscuridad”, pero ambos proyectos se perdieron en el olvido.

Existe además un metraje de una adaptación de “El clérigo malvado” de Charles Band, pero esta película jamás llegó a la etapa de postproducción por problemas legales y presupuestarios.

El inventario de films lovecraftianos se enriquece con House of Re-Animator (2010), The Whisperer in Darkness (2010), Pickman's Muse (2009), Colour from the Dark (2008), Beyond the Dunwich Horror (2008), Re-Animator: 1942 (2008), The Statement of Randolph Carter (2008), H.P. Lovecraft's The Terrible Old Man (2007), The Whisperer in Darkness (2007), The Statement (2007), Cthulhu (2007), Beyond Lovesauce (2007), The Rats in the Walls (2006) y Dunwich (2006).

La herencia Valdemar (2009) incorpora al cine español el temario de Lovecraft desde un planteamiento respetuoso con el universo del escritor.

La televisión también se ha acordado de Lovecraft a la hora de adaptar sus obras o recibir su influencia. Así, la clásica serie de Rod Serling “Night Gallery” (“Galeria Nocturna”) ofreció dos adaptaciones de sendos relatos de Lovecraft:

“El modelo de Pickman” y “Aire frío”; además de “La última lectura del profesor Peabody”, profesor que se “entretiene” leyendo cosas como el Necronomicón. En el estilo de esta serie pero más moderna se presenta “Más allá del límite”, donde las influencias de Lovecraft también se dejan notar en varios capítulos.

Ni siquiera “Expediente X” se la librado del influjo de Lovecraft, patente en capítulos como “Ice”, que se acerca al terror de “En las montañas de la locura”. Por no mencionar la malsana comunidad de otro de sus capítulos que alimentaba a sus pollos con carne humana, costumbre introducida por uno de los patriarcas del pueblo, y aprendida de unos indígenas de las islas del Pacífico que conseguían con ello vivir muchos años.

El paralelismo que aquí se establece con comunidades como Innsmouth es claro.

Pero la teleserie que más elementos de los mundos de Lovecraft ha tomado no es otra que “Cast a Deadly Spell”, una producción de 1991 de HBO para la televisión por cable americana y cuyo episodio piloto en España pudimos ver en forma de telefilm titulado “Hechizo mortal”.

Dicha producción no deja de ser un pasatiempo simpático, que apenas refleje el espíritu de la obra de Lovecraft. La acción transcurre a finales de los años cuarenta, en la ciudad de Los Ángeles. Allí toda la gente usa el poder de la magia para vivir a diario, y la ciudad esta repleta de duendes, brujos, hombres-lobo... El único que no hace uso de la magia es el protagonista, un rudo detective privado que, ahí es nada, responde al nombre de H.P. Lovecraft.

Como no podía ser de otra manera, ese primer episodio relata la búsqueda del libro negro por excelencia, el Necronomicón.


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