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Miércoles, 10 Junio 2015 23:04

La realidad imaginada: las experiencias sensoriales de Chema Madoz y Dani García Destacado

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Fotografía: S/T, 2014 © Chema Madoz, VEGAP, Madrid 2015. PHotoEspaña 2015

El concepto de realidad es subjetivo. Cada cual vive y tiene la suya propia. Hay infinitas realidades y entornos múltiples. Desde ese punto de vista, parece que ni siquiera la globalidad acaba con el individuo o con su experiencia individual.

Por lo menos, con aquel aún capaz de apropiarse de un pensamiento, asimilarlo, interpretarlo, discutirlo, criticarlo, degustarlo y hacerle suyo, o no.

Contar una historia también tiene parte de subjetivo, porque también cada cual la contará de una manera determinada, en función de esa realidad individual. Cambiará el tono, el enfoque, el relato de los hechos o de lo imaginado…

¿Hasta qué punto algo es, pues,  absolutamente cierto y real? ¿Hasta qué punto nuestras experiencias son propias cuando las compartimos? ¿Cuando las reedificamos a través de Internet? ¿Cuándo las globalizamos?

¿Hasta qué punto una imagen pertenece a un autor cuando el imaginario colectivo se apropia de ella? ¿Y hasta qué punto la realidad es o es imaginada?

Cada día estoy más convencida de que, realidades aparte, son los sentidos y cómo empatizamos con el entorno y con las experiencias lo que nos permite ser únicos. El que interactúe de manera plena y consciente con el entorno será más afortunado o más desgraciado…

Hay autores y artistas, desde distintas disciplinas, que son capaces de despertar en nosotros esa conciencia, esa relación con lo que nos rodea, y de contar “su” historia y hacernos partícipes y protagonistas de ella.

Nos invitan a mirar más allá del cristal y encontrar significados ocultos, jugar con la magia de imágenes que son pero no son, que parecen, pero que no parecen, que vuelan, que sueñan, que viajan, que indagan, que deslumbran, que intuyes y adivinas o que imaginas y sorprenden…

En la era en que vivimos, la inmediatez es un valor, y ésta lleva a la simplificación de los conceptos, porque se quiere a toda costa llegar, y para ello hay que facilitar una comprensión, un entendimiento, una asimilación inmediata.

Esta simplificación la entendemos básicamente en forma de imágenes. Es una simplificación “ocularcentrista”  que diría Pallasmaa, pero en la que se tiende a un progresivo vaciado de contenido.

© Chema Madoz, VEGAP, Madrid 2015. PHotoEspaña 2015

Y aunque la simplificación sólo podría o debería hacerse desde el conocimiento profundo del que ha de extraerse lo esencial, y lo esencial solo será comprendido si se conoce el origen, está sucediendo algo trágico, y es la desconexión total entre forma y contenido: el olvido de las raíces y el conocimiento superficial de las hojas, una asimilación por tanto impostada, falsa y artificial, cuasi virtual donde la excepción está, precisamente en aquellos que nos redescubren realidades imaginadas pero dormidas.

Son pocos, a pesar del alboroto mediático, porque la transgresión sólo es posible desde la norma. Sólo quien la conoce puede sugerirnos variaciones sobre el tema, y mucho me temo que pocos se toman la molestia porque la desconocen y porque, en general, el receptor es cada vez menos exigente desde su ‒también‒ falta de conocimiento.

Es éste un círculo vicioso. La simplificación desde la ignorancia como escudo para la aceptación colectiva de los que sólo necesitan una imagen para convencerse, para “convertirse”.

Pero encontramos actitudes contrarias en esos autores que buscan precisamente cargar de contenido las formas iniciales, darles un sentido añadido, un significado complementario o un valor nuevo donde nada tiene que darse por hecho, donde todo es posible si se mira con ojos de niño, si en cada mirada se descubre un secreto, si se piensa y se disfruta. Donde se dota de significado a la forma común para que deje de serlo, para que su apariencia inicial se convierta en extraordinario descubrimiento. Todo lo contrario a la simplificación superficial de la forma, la complejidad añadida al significado inicial intuido por asimilado.

Dos experiencias recientes ‒que podrían ser otras‒ son las que me permiten hoy enlazar realidades distintas unidas por esta actitud común del provocador que busca despertar sensaciones dormidas… donde lo aparentemente sencillo encierra significados perdidos. Donde hay que perderse, olvidar prejuicios y recuperar recuerdos sin veladuras. Dos experiencias decía, en dos visitas.

En ambas sería necesaria una llave a lo posible para ver más allá.

En la primera, la había. Tuvo lugar en un restaurante, y podría empezar así: "El otro día entré en un cuento”…  que en este caso era un bosque encantado donde Dani García, en su “cocinacontradición” (¿o contradicción?), ejercía de anfitrión de la magia de lo efímero del Gusto.

En la segunda experiencia, estuvo presente, en su sentido más profundo, el efecto de ver más allá. Se trataba de una exposición donde la magia no residía ni en un montaje ni en un ambiente que solo ejercía su papel de soporte, sino en las más de 120 fotografías, a cual más sorprendente, del gran Chema Madoz: imágenes atemporales, personales, universales.

Dos experiencias, ambas sensoriales, estéticas. Extraña comparación sin duda, pero ¿por qué no pertinente? Hablo de actitudes, de aptitudes ante la realidad, de autores capaces de interpretarla e involucrarnos de manera diferente en su personalidad. Objetos que son palabras que son ideas que son conceptos y que son, en cada uno de nosotros, un guiño a nuestros sentidos. Un despertar a la imaginación y al ingenio.

Mucho trabajo hay detrás de cada sugerencia y el surrealismo onírico de Madoz no está reñido con la fantasiosa propuesta de García. La cocina está elevando en manos de estos magos-chefs su listón en un arte paralelo, que no es la gastronomía tradicional, y donde entran factores como la composición, el equilibrio, el color, la estética, las texturas... Salvedades  aparte, sin duda hay casos en los que, a pesar de sus especiales características, puede hoy en día considerarse un arte, un arte que además está de moda, lo que facilita enormemente su difusión.

Ambos juegan a crear ilusiones. García te imbuye en su cuento y te conduce a través de él en un deleite en el que por necesidad uno se implica y degusta. En Madoz necesitamos concentrarnos para ir avanzando, nosotros, despacito, de una en una, con paradas y observando, abriendo los ojos, descubriendo en cada imagen su propuesta, su sugerencia, su guiño, su denuncia, su mensaje…

García propone una visita guiada. Madoz plantea un recorrido libre y su digestión es voluntaria. La una inducida, la otra intuitiva.  Se echa en falta en Madoz un montaje más sugerente, menos aséptico; lo es tanto que no permite a veces ni mirar entre tanta luz y tanto aire vacío del magnífico edificio de Palacios que alberga la sala Alcalá 31…

Al contrario, García recrea,  para que no puedas escapar de su "Once upon a time", para que no puedas escapar del sitio donde quiere exactamente que estés.

Qué importante es el ambiente en la percepción de esas realidades individuales para virtualizar una sensación aparentemente colectiva pero sin duda personal…

19 experimentos en 19 pasos, 19 veces fabuloso y sorprendente, quizás hasta excesivo, 19 ilusiones oníricas, 19 engaños visuales, 19 juegos deliciosos que nos permiten vivir la gastronomía de forma diferente, que justifican la investigación, el trabajo y la dedicación de una “alta cocina” de verdad,  una “cocina de autor” demasiado “sobada” por los medios, porque la de verdad no es tan abundante como la pintan.

La vida es sueño en la fotografía de Madoz, buscador incansable de ilusiones ópticas. Su obra es un homenaje completo a la inteligencia y un reto para la fotografía. Autor auténtico de estilo propio, personal y único. Incansable, inagotable en su estilo anti-modas. Sus imágenes desnudas, asépticas, técnicas, frías y perfectas, nos aguardan en esta magnífica retrospectiva que no será la última pero sí una más dentro de la misma coherente trayectoria que mantiene desde los ochenta ese desafío al sentido y al significado de las cosas, a los símbolos y a los signos, a la conciencia y al subconsciente. Poeta de la metáfora, escritor de la luz. Imprescindible abrir bien los ojos y detenerse, porque hay que disfrutar de este autor del ingenio que detiene el movimiento y el aire para eludir el ambiente en sus imágenes.

Nos hallamos ante un ejercicio dialéctico que va mas allá de una crítica concreta. Disciplinas diferentes, pero perfectamente comparables para despertar nuestros sentidos. Comparo aquí dos artes contrarias: una efímera, la otra permanente, una única, la otra múltiple, una en blanco y negro la otra a color, una mordible, tragable y otra solo tangible en su superficie; la una se agota en sí misma, en nuestra experiencia, aunque permanezca en nuestra memoria; la otra permanece también; además, ambas visuales y visibles.

La cena está servida y “las reglas del juego”, hoy, no están escritas. En el mundo global parece que las licencias están permitidas. Me la tomo. Un guiño al despertar de empatías, una invitación a degustar experiencias sensoriales diferentes.

© Chema Madoz, VEGAP, Madrid 2015. PHotoEspaña 2015

Nota de la exposición

Chema Madoz (Madrid, 1958) es uno de los fotógrafos más relevantes de la escena artística española y cuenta con una gran proyección internacional, como atestigua su presencia en la última edición de Les Rencontres d’Arles. Su obra ha sido galardonada con el Premio PHotoEspaña en 1998, el Premio Nacional de Fotografía en el año 2000 y el Premio de Fotografía de la Comunidad de Madrid en 2012, entre otros. La trayectoria creativa de Madoz comienza en 1983, año en que realiza su primera muestra individual en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid. Desde 1990 desarrolla su poética de objetos, una temática constante en su trabajo hasta la actualidad.

Esta exposición se centra en recorrer la producción más reciente del artista, obras realizadas entre los años 2008 y 2014 en las que ahonda y amplía las claves que han marcado su línea de investigación fotográfica. En esta selección los visitantes podrán ver cómo sus referentes e influencias se van abriendo a la presencia de la naturaleza, la aparición de la figura animal, la inclusión del dibujo como forma de representación o la introducción del texto como un vehículo natural de la imaginación.

El comisario, Borja Casani, ha reunido para la exposición un total de 124 fotografías en blanco y negro sobre papel baritado realizadas entre 2008 y 2014 que, en su mayor parte, se presentan al público por primera vez.

Fecha: del miércoles 13 de mayo de 2015 al domingo 2 de agosto de 2015

Horario: de martes a sábado de 11 a 20:30 horas, domingos y festivos de 11 a 14 horas. Los lunes permanecerá cerrado.

Lugar de celebración: Comunidad de Madrid - Sala Alcalá 31

Alcalá, 31

28014 Madrid

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www.madrid.org

Copyright © Ángela Baldellou Plaza. Reservados todos los derechos.

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