Javier Lobón-Rovira y Antonio G. Valdecasas

Javier Lobón-Rovira y Antonio G. Valdecasas

Javier Lobón-Rovira es licenciado en Biología y tiene un Máster en Biología de la Conservación. Alterna su labor investigadora con la fotografía de flora y fauna. Como fotógrafo, atesora una larga experiencia que le dado la oportunidad de visitar más de veinte países.

Antonio G. Valdecasas es investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y uno de los miembros del comité internacional de expertos del Instituto Internacional para la Exploración de Especies (IISE).

Imagen del banner inferior: rana verde de ojos rojos, Agalychnis callidryas (Reserva Pacuare, Costa Rica). Imagen del avatar superior: rana flecha roja y azul, Oophaga pumilio (Reserva Pacuare, Costa Rica). (Fotografías de Javier Lobón-Rovira)

DECLINACION

URL del sitio web: http://mncn.csic.es
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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

El pasado se encarnó en el presente de los primeros descubridores de América. Confundieron los manatíes con las sirenas de las antiguas leyendas griegas, y dejaron constancia de ello en sus diarios y escritos. Dio buena cuenta de ello el historiador, escritor y folclorista peruano José Durand Flórez en su libro irrepetible: Ocaso de sirenas. Esplendor de manatíes (FCE, 1950, reeditado en 1983).

El hecho de que sea conocida no disminuye el ingenio de la respuesta que J. B. S. Haldane dio a un miembro de la Iglesia de Inglaterra, cuando éste le preguntó: “Según usted, ¿qué característica destacaría del Hacedor de la Naturaleza?” “Una gran debilidad por los escarabajos”, contestó Haldane, haciendo referencia a que es el grupo mas diverso de la tierra.

Cómo no sentir la tentación de afirmar que solo hay dos días en el trópico: cuando llueve y cuando está soleado. En ambos casos, el efecto es semejante. Es fácil terminar cubiertos de sudor en las jornadas de sol y calados en las de tormenta.

Hace un rato que la Cruz del Sur nos ha abandonado. Es la señal de entrada de la noche profunda. Acompañados solo por el sonido constante de la marea, recorremos kilómetros de playa en busca de tortugas que “desembarcan” para desovar.