Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar). Colabora en el podcast Los Retronautas.

Imagen superior. "Astronaut Academy", de Dave Roman. Emerald City Comic Con, Seattle, Washington.

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Los pulp fueron especialmente populares en Estados Unidos, donde contribuyeron a reunir una gran masa de lectores de la que saldrían, algo más adelante, los fans incondicionales de la ciencia-ficción adulta.

El año 1950 fue especialmente bueno para la ciencia-ficción literaria. Además de obras de Robert A. Heinlein, se publicaron trabajos de Isaac Asimov, Cordwainer Smith, C.M. Kornbluth, Damon Knight, Poul Anderson, E.E. Doc Smith y Theodore Sturgeon. El ámbito cinematográfico, sin embargo, ofrecía menos motivos para el entusiasmo. Tras un esperanzador arranque en los años veinte, las décadas de los treinta y cuarenta tuvieron sólo incursiones aisladas y poco exitosas en el género, viéndose éste relegado a los seriales de Flash Gordon (1936) o Buck Rogers (1939), cuya calidad era acorde a su apretado presupuesto. Las cosas cambiaron precisamente este año 1950 y fue gracias a la película que ahora comentamos: Con destino a la Luna.

"Distrito 9" (2009), de Neill Blomkamp

El que Hollywood produzca una película de ciencia-ficción taquillera no es ninguna novedad, especialmente si en ella intervienen directores y guionistas competentes. La industria cinematográfica norteamericana tiene sus aciertos y sus errores pero hay que reconocer que además de conocer el oficio saben cómo vender productos de calidad mediocre.

Como ya comenté en su respectiva entrada, la novela Hijos de los hombres, de P.D. James, pasó en su momento sin pena ni gloria. No convenció a los seguidores de la escritora, que esperaban encontrar en ella otra de sus intrigas policiacas y se encontraron en cambio con un melancólico thriller de ciencia ficción distópica. Y, dado el encasillamiento de James como escritora de misterio, el libro tampoco llamó la atención de los amantes de la ciencia-ficción.

Aquellos familiarizados con el género del misterio conocerán sin duda a la escritora británica P.D. James (abreviatura de su verdadero nombre, Philip Dorothy James). Su serie de catorce novelas protagonizadas por el detective de la policía y poeta Adam Dalgliesh se encuentra entre las principales de la literatura policiaca moderna. Pero también ha escrito libros independientes de cualquier serie, como es el caso del que ahora me ocupa, una interesante aproximación a la novela distópica en su vertiente relacionada con la población.

"El mundo subterráneo" ("The World Below", 1929), de S. Fowler Wright

Aunque el romance científico había florecido en las revistas de literatura popular de finales del siglo XIX, el primer cuarto del siglo XX fue testigo de un largo y profundo declive en el género. Su recuperación en la década de los treinta se debió a los esfuerzos de un puñado de escritores que imaginaron extravagantes y alarmistas fantasías sobre la posibilidad de una nueva guerra mundial y su inevitable consecuencia: la destrucción total de la civilización.

"Pathways to Fantasy" (1984)

En 1981 se detectó un fenómeno tan novedoso como refrescante en el mundo de la distribución y venta de comic-books: la aparición por todo el país de una red de varios cientos de tiendas dedicadas exclusivamente a la venta de tebeos y productos relacionados con ellos. Estos establecimientos contaban con distribuidores de comic-books diferenciados de aquellos que suministraban material a los quioscos.

Podría fácilmente pensarse que Depredador fue un hijo bastardo del éxito arrollador de dos películas anteriores y muy recientes, Aliens (1986) y Rambo (1985), y en la que se intentaba combinar el tópico de curtidos comandos en misión suicida con el subgénero de monstruo alienígena. Si echamos un vistazo al resumen del argumento, entenderemos por qué.

"Pantera Negra" (1977-1978), de Jack Kirby

Los cómics que Jack Kirby creó tras la disolución de su asociación creativa con Stan Lee conforman una mezcla variopinta y difícil tanto de clasificar como de recomendar sin reservas. Su arte se encontraba en su momento más desatado y fantástico, ofreciendo momentos verdaderamente impactantes, pero esas maravillosas páginas producto de su innegable creatividad se estrellaban contra ideas mal desarrolladas y estúpidamente grandilocuentes pobladas de personajes fríos y monolíticos que no conseguían conectar con el lector.

Desde el comienzo de su producción, el estudio supo que Batalla por el Planeta de los Simios sería la última película de la saga. Cada entrega había ido obteniendo peores resultados de taquilla y continuar la historia no sólo resultaría arriesgado desde un punto de vista narrativo, sino que hacerlo con un presupuesto igual o inferior al de las anteriores hubiera supuesto una grave equivocación.

El Planeta de los Simios fue uno de los grandes éxitos cinematográficos del género antes del advenimiento de los blockbusters modernos. Era ciencia ficción que se alejaba conceptual, argumental y estéticamente de la serie B, reducto tradicional del género en los cincuenta y sesenta.

La quinta y última película de la saga original, Batalla por el Planeta de los Simios (1973), sugería la posibilidad de que, después de todo, el futuro no estaba definido de forma categórica. Paul Dehn había planeado un final tremendamente oscuro para la saga, con César convertido en un emperador loco que realizaba experimentos en humanos para extirpar su capacidad de hablar. Sin embargo, la Fox y el productor Arthur Jacobs no querían replicar el tono violento de la cinta anterior y se inclinaban en cambio a continuar la historia con un regreso al cine más familiar.

La tercera película de la saga volvió a triunfar en taquilla. La idea de Dehn había obtenido buenos resultados y los productores no tardaron en recibir el encargo de un cuarto film. Esta entrega, La Rebelión de los Simios (1972) estaría destinada a ser la más controvertida de la serie.

A la vista del resultado financiero de Regreso al Planeta de los Simios (1970), de Ted Post, ni siquiera la destrucción del planeta fue capaz de poner fin a la franquicia. Cuatro meses después del estreno de Regreso…, el productor Arthur Jacobs envío un breve pero elocuente telegrama a Paul Dehn: “Los simios existen. Se requiere secuela”. El escritor tuvo que encontrar una forma de continuar una historia que, claramente, había llegado a su final. Su solución fue muy ingeniosa y el resultado, Huida del Planeta de los Simios, supuso el punto de inflexión de la saga.