Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar). Colabora en el podcast Los Retronautas.

Imagen superior. "Astronaut Academy", de Dave Roman. Emerald City Comic Con, Seattle, Washington.

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El interés de Mike W. Barr en las historias de misterio viene de lejos. Según él mismo recuerda, fue en septiembre de 1967, aún en el instituto, cuando compró casualmente en un quiosco una novela policiaca firmada por Ellery Queen –seudónimo tras el cual se escondían los primos Daniel Nathan y Emmanuel Benjamin–. Aquellas páginas fueron la puerta de entrada a un género, el de detectives, en el que pronto descubrió a Rex Stout, Anthony Boucher, etc, y que inmediatamente se convertiría en su favorito.

España nunca ha sido terreno abonado para la ciencia-ficción dura. Quizá es una consecuencia de la escasa formación general e interés en el campo científico y técnico de que adolece nuestro país.

Por alguna razón la Tierra parece ser el rincón del Universo en el que acaban perdiéndose un montón de parientes de alienígenas televisivos. Así lo atestiguan series como El Fénix (1982), en la que su protagonista extraterrestre buscaba en nuestro planeta a su mujer; o Starman (1986), con Robert Hays siguiendo también la pista de su esposa al tiempo que se escabullía de un agente del gobierno. Más recientemente, El visitante (1998) trataba de encontrar a su hijo evitando –otra vez– a un fanático coronel.

Ya hemos visto en este espacio que el viaje en el tiempo no era una novedad en la ficción científica de comienzos del siglo XX, ya fuera al pasado o al futuro, y se realizara por medios tecnológicos, pseudocientíficos o místicos.

¿Alguien recuerda la canción "In the Year 2525", llevada al número uno de las listas en el verano de 1969 por Zager y Evans? En ella se avisaba de un oscuro futuro en el que la tecnología deshumanizaría y mecanizaría a la especie humana y cuestionaba que las mujeres pudieran sobrevivir en semejante mundo. La música y la letra de esa canción fueron reescritas para los títulos iniciales de Cleopatra 2525… en esta ocasión las mujeres sí tendrán voluntad de sobrevivir. Vaya que sí.

Ron Goulart es un estudioso de la literatura pulp, un especialista en la historia del comic-book y también escritor de ficción. Es autor de docenas de libros, incluyendo novelas y relatos cortos de misterio y ciencia-ficción en las que abundan el mal uso de la tecnología, una sexualidad nada disimulada y un humor seco y burlón. No es que sea un autor particularmente brillante pero resulta entretenido y ligero. Para muestra un botón.

Hace ya años, Ridley Scott afirmó solemnemente que la ciencia–ficción estaba muerta. Pero bastante antes de que el cineasta contradijera sus palabras con sus actos y comenzara a preparar Prometheus, en 2004 comenzaron a circular rumores sobre su implicación como productor –junto a su hermano Tony–, en un proyecto televisivo de gran envergadura que ofrecería una nueva versión de una historia ya de sobra conocida por los aficionados del género: La amenaza de Andrómeda. Cuatro años después, dividida en dos entregas, los telespectadores pudimos asistir una vez más a la más clásica de las historias de virus alienígenas.

"Criptozoico" (1967), de Brian Aldiss

Estamos en la última década del siglo XXI. La humanidad ha llegado a la conclusión de que el Tiempo es más una construcción mental que física y, por tanto, el viaje temporal puede equipararse al viaje mental. En un contexto económico de crisis en el mundo occidental, el desplazamiento mental ayudado por drogas psicotrópicas se convierte en una moda que hace furor.

En 1916, Edgar Rice Burroughs ya era un autor enormemente popular gracias a sus series de John Carter, Tarzan y Pellucidar. Sin embargo, además de esas sagas multivolumen firmó muchas otras historias hoy menos conocidas y pertenecientes a géneros diversos, desde las aventuras exóticas hasta el western.

"Ronin" (1984), de Frank Miller

En tres años, Frank Miller se convirtió en el autor más cotizado de la industria del comic-book norteamericano. Cuando en 1979 se hizo cargo del dibujo de la colección Daredevil nadie pudo prever que aquel joven desconocido iba a cambiar la historia de la editorial… y del comic-book.

El optimismo desafiante que marca el final de las obras apocalípticas de principios de siglo, como por ejemplo La nube púrpura (1901), de M.P. Shield, fue compartido –aunque matizado– por otras obras similares en aquellos años, especialmente aquellas de autoría británica.

El guionista Antonio Segura y el dibujante José Ortiz son dos nombres fundamentales en el desarrollo del comic adulto español de comienzos de los años ochenta. Ortiz (1932), el más veterano del dúo, había comenzado su carrera profesional mucho antes, a los 16 años, trabajando para diferentes editoriales (Maga, Valenciana, Toray, Bruguera).

"Black Kiss" (1988), de Howard Chaykin

A mediados de los años ochenta el panorama del comic-book norteamericano seguía bebiendo del espíritu nacido dos décadas atrás. Los cómics underground, de la mano de Robert Crumb, Gilbert Shelton o Harvey Pekar libraban su propia guerra desde los años sesenta, pero su distribución siempre fue limitada. Marvel Comics –y, en menor medida, DC– habían realizado tímidos intentos de maduración en los setenta, pero todos aquellos tanteos en el cómic adulto no llegaron a fructificar y en su mayor parte los comic-books mainstream seguían estando dirigidos a un público preadolescente o adolescente.

"Hom" (1977), de Carlos Giménez

En 1975, Dani Futuro, la serie de ciencia ficción que contaba con guiones de Víctor Mora, se había quedado pequeña para las necesidades expresivas de su dibujante, Carlos Giménez. El franquismo daba sus últimas boqueadas y la liberación creativa de la historieta se respiraba ya próxima.