Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar).

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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

"El secreto de Maston" (1889), de Julio Verne

En esta ocasión, Julio Verne recupera la institución presentada en otra de sus novelas más famosas, el Gun Club de Baltimore, patrocinador de la construcción del cohete de De la Tierra a la Luna (1865).

Aunque las utopías fueron populares durante todo el siglo XIX, una en particular disfrutó de mayor influencia que las demás: Looking Backward 2000–1887 de Edward Bellamy, no sólo se convirtió en un superventas, sino que llegó a inspirar la creación de un partido político. En 1930, el libro fue nominado por un grupo de pensadores americanos (entre ellos el célebre analista John Dewey) como uno de los más influyentes e importantes de los últimos cincuenta años.

Una de las imágenes más famosas de la ciencia ficción es aquella que aparece en la escena final de El Planeta de los Simios: la mitad de la Estatua de la Libertad varada en una playa, símbolo de lo efímero de la gloria de los imperios. Recuerdo haber visto la película siendo un niño y la manera en que me impactó (curiosamente, aquel momento, uno de los más recordados de la CF cinematográfica, no estaba en la novela original de Pierre Boulle, cuyo desarrollo difería bastante del film).

El hombre siempre ha soñado con volar. Ícaro, símbolo temprano de ese anhelo, forma parte de nuestro legado cultural. Escritores, artistas e inventores como Leonardo da Vinci mantuvieron vivo el sueño hasta que a finales del siglo XVIII los hermanos Montgolfier elevaron sus primeros globos, primero con animales a bordo y, después, en octubre de 1783, con pasajeros humanos. Se había abierto un nuevo camino no solo para los sueños, sino para la ciencia y la tecnología.

El último tercio del siglo XIX y los primeros años del XX, antes de que el infierno de la I Guerra Mundial diera un vuelco a los temas que exploraba la CF, vieron la luz un buen número de obras en las que se describían sociedades utópicas, con o sin serpiente escondida.

“Los hombres de este siglo XXIX viven en medio de una magia continua, sin parecer darse cuenta de ello. Abrumados de maravillas, permanecen fríos ante aquellas que el progreso les aporta cada día. Todo les parece natural”. Cualquiera diría que Verne no hablaba del lejano futuro. Estas palabras, que abren el relato que ahora nos ocupa, son perfectamente aplicables a nuestros días; y, probablemente, también a los suyos.

En el artículo dedicado a De la Tierra a la Luna mencionamos cómo Julio Verne propuso escapar al campo gravitatorio terrestre mediante el lanzamiento de una cápsula desde un cañón, una solución que no gustó ya en su época al entender –correctamente– que el ser humano no podría sobrevivir a la experiencia. Debía haber otra manera de situar al hombre fuera de la Tierra. Los escritores de ciencia ficción, antes y después de Verne, habían comenzado a jugar con el concepto de instrumentos o elementos “antigravitatorios”.

Anthony Trollope, escritor londinense enormemente prolífico y tan popular entre el público como poco querido por los críticos, publicó sólo un trabajo de CF, una curiosa novela titulada El plazo fijado.

A finales del siglo XIX, Robida era un ilustrador muy popular en Francia. Trabajador incansable, editó durante más de una década la revista La Caricature, publicó en periódicos y semanarios diversos miles de dibujos satíricos que reflejaban los años de la belle époque y escribió y dibujó más de ochenta libros relativos a todo tipo de temas, desde los viajes a la literatura infantil. Su estilo suelto y dinámico con toques de humor, fue el precursor de, por ejemplo, los chistes de Far Side de Gary Larson.

De nuevo nos encontramos aquí a vueltas con la antigravedad. Ya comentamos en el artículo correspondiente a De la Tierra a la Luna cómo la solución “balística” de Julio Verne a la hora de enfrentarse al campo gravitatorio terrestre fue bastante peculiar y no compartida por la mayor parte de los escritores de CF, prefiriendo éstos inventarse elementos o inventos antigravitatorios. Aquí tenemos un ejemplo.

Trabajo difícilmente clasificable y atractivo no me resisto a hacer una reseña del mismo aunque su conexión con la CF sea menos clara que en otras obras. Concebida por un clérigo inglés, Edwin Abbot, el libro es esencialmente una ingeniosa fábula pensada para reflexionar sobre ciertas premisas matemáticas.

"After London" (1885), de Richard Jefferies

Las ficciones apocalípticas siempre han gozado de popularidad entre los escritores de ciencia ficción... e incluso entre los cultivadores de otros géneros. Ya comentamos en una entrada anterior la que se considera como primera novela postapocalíptica de la ciencia ficción, El último hombre, escrita por Mary W. Shelley en 1826.

Alien: el octavo pasajero (1979) es un clásico indiscutible de la ciencia ficción, uno de los tres o cuatro films más copiados de toda la historia del género.

Cuando en 1988 Dark Horse Comics se hizo con los derechos de publicación de la franquicia cinematográfica de Alien, comenzó a editar una sucesión de miniseries que ampliaban el universo imaginado por Dan O'Bannon, Ronald Sussett, H.R. Giger, Ridley Scott y James Cameron para la gran pantalla.