Rafael García del Valle

Rafael García del Valle

Rafael García del Valle es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca. En sus artículos, publicados principalmente en su blog Erraticario, nos ofrece el resultado de una tarea apasionante: investigar, al amparo de la literatura científica, los misterios de la inteligencia y del universo.

Esa labor de investigación le lleva a conocer y comprender el desarrollo de la Tercera Cultura, que establece puentes entre las ciencias y las humanidades.

García del Valle escribe alternando el rigor de un científico y la curiosidad de un viajero –tras varios años de trabajo en Irlanda e Inglaterra, regresó a España, donde sobrevivió como cocinero durante algunos años–. Sin embargo, por encima de todo, el suyo es el punto de vista de un divulgador.

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Imágenes del Inframundo

Hay en internet la transcripción de una conferencia dada por Enrique Eskenazi en 2004 sobre el tema del Inframundo y sus aspectos mitológicos y psicológicos, y que se basa en la lectura del libro de James Hillman titulado El sueño y el inframundo. 

El secreto de los templarios

El  13 de octubre de 1307, el rey Felipe IV de Francia decidió por cuenta propia ordenar la detención de todos los templarios y el requisamiento de todos sus bienes, acusándolos de herejía, sodomía y adoración de ídolos paganos. Aun así, el Papa Clemente V tardaría unos cuantos años en apoyar la disolución definitiva de la Orden, en lo que muchos han considerado una conspiración para acabar con el enorme e incómodo poder que había adquirido la misma y que, entre otras cosas, tenía endeudado al rey francés. Hasta entonces, los templarios habían sido, durante casi dos siglos, modelo y ejemplo del buen hacer cristiano.

La Tierra, ese punto azul pálido

La misión espacial no tripulada Cassini-Huygens se emprendió gracias a la colaboración entre la NASA, la ESA y la ASI. Diseñadas con el propósito de estudiar el planeta Saturno y sus satélites, la nave Cassini y la sonda Huygens partieron el 15 de octubre de 1997, impulsadas por un cohete Titan IV Centaur. Después de una travesía que apasionó a los científicos, la sonda llegó a la mayor luna de Saturno, Titán, el 14 de enero de 2005.

Escribía René Guénon que la civilización occidental moderna es una anomalía: "de todas las que conocemos, es la única que se ha desarrollado en un sentido puramente material, la única también que no se apoya en ningún sentido superior. Este desarrollo material, que continúa desde hace ya varios siglos y que va acelerándose de más en más, ha sido acompañado de una regresión intelectual, que ese desarrollo es harto incapaz de compensar".

Buena parte de la ciencia en que se basó la película Interstellar (2014), de Christopher Nolan, está más allá de los actuales límites de la comprensión humana, escribe Kip Thorne en el prólogo a su libro The Science of Interstellar. Por esa razón, se puede vestir de galas místicas y lucir un toque de trascendencia. Pero, para llegar tan lejos, será necesario ir pasito a paso.

En marzo de 2012, la revista de la American Chemical Society publicó un estudio que sugería la posibilidad de que existan formas de vida dinosauroide en algún lugar de la galaxia.

Hace unos años, en 2013, astrónomos de las universidades de Princeton y Berkeley decidieron buscar posibles huellas de civilizaciones extraterrestres. Para ello, se dividirían en tres grupos y comenzarían a estudiar los datos de los radiotelescopios Spitzer, WISE y Kepler con el objetivo de encontrar las señales de una tecnología avanzada en el universo.

En junio de 2012, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos se vio obligado a emitir un comunicado desmintiendo la existencia de una plaga zombi en el país. Tal cual.

La tendencia general en esta nuestra civilización es admirar el progreso tecnológico y depositar en ello nuestras esperanzas como humanidad. En este sentido, el transhumanismo se presenta como adalid del entusiasmo al considerar que el futuro de la especie humana pasa por su fusión con las máquinas. Así lo apuntan futuristas como Alvin Toffer, convencidos de que nos convertiremos en posthumanos, enriqueciendo nuestra biología con microchips y dispositivos electrónicos.

Leo un comunicado de la Agencia Espacial Europea publicado el 30 de enero de 2013:

El evento Carrington, la tormenta solar de 1859

La mayor tormenta solar de que se tiene constancia ocurrió en 1859. Se la conoce como “evento Carrington”, en homenaje a Richard C. Carrington, el astrónomo que detectó una inusual actividad solar poco antes de que sus efectos se notaran en la Tierra. Pero, por entonces, aún se desconocía la relación entre aquella actividad solar y los fenómenos que se precipitarían sobre el planeta pocas horas después del descubrimiento de Carrington. Era impensable que un acontecimiento que tenía lugar a tantos millones de kilómetros de distancia pudiera afectarnos de manera directa.

Espectáculos de masas: la televisión

Un televidente puede ser entendido como un protohumano que renuncia a su libertad de llegar a ser completamente humano a cambio del peligroso placer de no pensar en nada y olvidarse de sus problemas. Que la televisión es el más importante instrumento del sistema para controlar el psiquismo de las masas es de perogrullo.

El matemático ruso Igor Shafarevich decía, en su discurso por el premio Heinermann en 1973, que el objetivo último que justifica la actividad matemática no puede hallarse en su utilidad técnica y, refiriéndose al nacimiento de las matemáticas en la época de Pitágoras, manifestaba su esparanza de un regreso a aquel concilio entre ciencias exactas y sentido de la trascendencia por el que se condujeron los primeros pasos del saber humano, deseando así que “la matemática ahora pueda servir como modelo para la solución del problema fundamental de nuestro tiempo: revelar un supremo objetivo y propósito religioso para la actividad cultural humana”.

Escribe John Gray en su libro Perros de paja que el pensamiento secular contemporáneo es un pastiche de ortodoxia científica y esperanzas piadosas que se esfuerzan en justificar la noción de progreso, una superstición según la cual los actos humanos están encaminados a hacer del mundo un lugar mejor que cualquier otro que la historia jamás haya conocido.