Vicente Díaz

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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Dos Rachels, Weisz y McAdams, son las protagonistas de este film en el que las interpretaciones son lo más importante. Ambas Rachels, por otro lado, destacan por haber conseguido algo no tan sencillo para las actrices de buena presencia física: demostrar que son excelentes intérpretes y que pueden hacer algo más que lucir palmito.

Rob Cohen es uno de esos directores especializados en encargos. Suelen contratarle para películas de acción y espectáculo de presupuesto medio, sin intención de ser los grandes blockbusters del verano. Pero así y todo, se convirtió en el iniciador (¿accidental?) de una de las sagas más largas y sustanciosas del actual cine palomitero, al dirigir la primera entrega de The Fast and the Furious en 2001.

No somos pocos los que compartimos la opinión de que la tercera temporada de Twin Peaks no solo fue la mejor teleserie de 2017, sino también la mejor producción de ese año, en general. Su creador, David Lynch, ya definió la primera entrega de Twin Peaks (1990-1991) como "una película en televisión", y esta premisa es aplicable a su continuación.

Diez años después del estreno de Iron Man (Jon Favreau, 2008), el universo cinematográfico de Marvel ya tiene bien claro qué ofrecer a su público objetivo. Un público que se divide en tres categorías: 1) fans acérrimos de estas películas, 2) lectores de cómics Marvel que no pueden evitar ver qué han hecho con sus queridos héroes, aunque sea para quejarse, y 3) simples espectadores con ganas de entretenimiento ligero e intrascendente, como es mi caso.

Da la impresión de que Javier Gutiérrez aparece últimamente en todas las películas y series españolas. Pero no nos vamos a quejar por ello. Más bien al contrario. El trabajo de este excelente intérprete es lo mejor, con diferencia, de Campeones, un film tan bienintencionado como artificioso.

La franquicia de videojuegos Tomb Raider pasó por un lavado de cara en 2013. Fue aquel año cuando salió a la venta un reboot (reinicio), en el que sufrían cambios tanto el tono del juego como el aspecto de Lara Croft, la protagonista. En aquella ocasión, asistíamos a la primera aventura de la arqueóloga, que se nos mostraba como una joven con recursos, pero vulnerable. Por su parte, su voluptuoso y caricaturesco físico daba paso a una anatomía realista, en la que ya no se hacía explotación de su sex appeal.

Se dice pronto, pero son 20 años ya los que lleva Santiago Segura atado a la figura de José Luis Torrente, protagonista de su ópera prima como director de largometrajes. Desde entonces, la exitosa carrera como realizador de Segura se ha limitado exclusivamente a las entregas de Torrente (cinco películas, nada menos). Por supuesto, nadie le puede mirar raro por querer intentar algo distinto.

En estos tiempos que corren en los que el cine ya no es la variedad de ocio más popular, y pierde su trono ante las series e Internet, cualquier director que saque adelante una película por año merece cierto reconocimiento. Si además hablamos de grandes producciones, con la complejidad que eso suele implicar, el mérito es todavía más grande. Y si tenemos en cuenta que dicho director ya ha cumplido los 80 años, más allá de lo que nos puedan parecer sus obras, uno tiene que quitarse el sombrero ante Ridley Scott.

El turbio y esperpéntico escándalo en torno a la patinadora artística Tonya Harding, sospechosa de organizar un ataque a su compañera y rival Nancy Kerrigan, fue carnaza para la prensa de todo el mundo en 1994, aunque se vivió con especial intensidad en Estados Unidos, al menos hasta que el juicio a O.J. Simpson tomó el relevo en el circo mediático.

Las nominaciones a los premios Oscar de 2018 han sido las que más cejas han levantado, incluso para aquellos a los que la ceremonia de los Oscar no le importa más que el Concurso Nacional de Cocina “Ajo Morado” de Las Pedroñeras, como es el caso de quien escribe estas líneas.

No sólo de saltimbanquis enmascarados vive el cine basado en cómics, pese a que los “súper” dominen las taquillas de todo el planeta. De vez en cuando, llega a las pantallas la adaptación de alguna sensación del tebeo independiente, o incluso un fenómeno de la bande dessinée reciente como es La muerte de Stalin.

A causa de lo directo y básico del lenguaje en la era de Twitter, WhatsApp y los emojis, estamos perdiendo la facultad de leer entre líneas y comprender lo que no se dice, los gestos, las elipsis... Por eso, gran parte del público (y lo que es peor, de la crítica) interpretó El francotirador (Clint Eastwood, 2015) como una celebración de la guerra, los tiros en la sesera y la política de Bush, en vez de apreciar esa oscura historia acerca de un tipo que no estaba del todo bien, por así decirlo.

Una película actual en blanco y negro y con 71 minutos de duración. Sólo por eso, The Party se merece nuestro aplauso, pero es que además se trata de un film “de actores” donde dan lo mejor de sí mismos intérpretes del calibre del Kristin Scott Thomas, Timothy Spall o Patricia Clarkson.

Cualquier conversación acerca de esta tercera entrega de la extraña serie Cloverfield girará alrededor de su distribución, y probablemente ignore la película en sí, que no deja de ser una divertida, aunque algo caótica, serie B de ciencia ficción "directa a vídeo".