Vicente Díaz

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

logomamut

Trestesauros500

Era cuestión de tiempo que alguien hiciera una película utilizando programas de Internet como herramienta audiovisual. Al fin y al cabo, una enorme parte de nuestras vidas se desarrolla entre redes sociales, correos electrónicos, compras online y demás zarandajas de la era digital.

La saga Depredador (o Predator, como la llamamos ahora que somos más internacionales) siempre se ha beneficiado de la falta de expectativas artísticas, algo que ha presionado a otras franquicias como su serie casi hermana Alien.

En 2010, tras dos crossovers que es mejor no tener en cuenta ‒Alien contra Depredador y su secuela‒, al fin llegó a las pantallas la tercera entrega de la saga de los cazadores interplanetarios. Predators recuperaba el suspense y los personajes duros en una película quizá no brillante, pero algo más que correcta.

El éxito de las películas de Marvel-Disney ha provocado que muchos quieran subirse al carro creando sus propios “universos cinematográficos” (franquicias de películas protagonizadas por distintos personajes, pero conectados entre sí).

Steve Allen publicó Meg: A Novel of Deep Terror en 1997. Algunos compramos este libro en su momento porque, ¿cómo resistirse a la historia de un megalodón atacando a humanos?

El eterno y caótico polvorín que es Oriente Medio, un territorio fragmentado en el que se encadenan los enfrentamientos desde los tiempos bíblicos (o quizá desde antes), siempre es un buen escenario para relatos llenos de tensión.

Aunque la primera entrega de The Equalizer recibió en España el genérico título de El protector, la secuela de aquel film de 2014 respeta en nuestro país su título original. Como ya sabrán, The Equalizer no trata sobre un técnico de sonido, sino sobre un justiciero urbano lleno de recursos y prácticamente invencible, que desarrolla su actividad en secreto. Algo así como el Equipo A, pero con un solo miembro y con más afición a astillar huesos.

El éxito de la saga novelesca y cinematográfica protagonizada por Harry Potter volvió a popularizar la literatura destinada a eso que los anglosajones llaman young adult, es decir, adolescentes (y alrededores).

El título español de esta película resulta tan descriptivo como poco chisposo, teniendo el cuenta lo sonoro del original: Chappaquiddick. Ese impronunciable nombre es el de una isla de Massachusetts en la que Ted Kennedy, el único superviviente de los famosos hermanos, se vio involucrado en un asunto más que turbio en las mismas fechas en las que el Apollo 11 llegaba a la Luna, siguiendo el plan iniciado por John F. Kennedy.

Hay quien habla de las películas de Belén Rueda como un subgénero dentro del cine español. Está bien, soy yo quien lo dice. No tiene nada de malo: al fin y al cabo, no es tan común que una actriz gane legítimamente su lugar dentro del terror, al margen de la categoría de jovenzuela scream queen.

Mamá es Selma Blair, que ya tiene edad para tener hijos adolescentes (¡Pero si ayer era ella la que interpretaba a jovencitas! ¿Qué nos ha pasado?) y Papá es Nicolas Cage, ese actor que es un género en sí mismo, y que eleva el arte del histrionismo a un nuevo nivel. Hay quien lo llama mega-actuación.

Tras las revoluciones culturales de finales de los 60, la década de los 70 fue una época entre apasionante, liberadora y bochornosa. La parte bochornosa fue unida a la adolescencia por la que pasó una sociedad tradicionalmente reprimida en lo relativo a la violencia y el sexo.

En este volumen, brillante y cuidado hasta el más mínimo detalle, disfrutamos del arco argumental que consolidó la nueva etapa de Batman emprendida en 2011, dentro de la nueva continuidad de los Nuevos 52.

Casi nadie esperaba que Sicario (Denis Villeneuve, 2015) fuese a tener una secuela. Pese a entusiasmar a público y crítica, parecía un film cerrado y sin necesidad de extensiones de ningún tipo. Sin embargo, viendo el resultado de Sicario: El día del soldado, quien escribe estas líneas no tiene ningún problema en disfrutar de las siguientes entregas que nos depare esta insospechada saga.