Para qué sirve una puerta

Para qué sirve una puerta "The Leopard Man", Jacques Tourneur, 1943

Como todos sabemos, una puerta sirve para asustar.

La puerta, ya sea de entrada a la vivienda o perteneciente a cualquiera de sus dependencias interiores, puede estar abierta o cerrada. Y no se sabe qué es peor. Tras la puerta cerrada, la imaginación se abraza al miedo.

 

"Cat People", Jacques Tourneur, 1942

Si nos aterra ignorar lo que hay tras la puerta, saberlo también nos espanta: en el Nosferatu de Murnau, el vampiro avanza lentamente hacia su víctima; de pronto, la puerta se cierra. Nosferatu aguarda, al otro lado.

Ante una puerta cerrada cabe dar rienda suelta a la imaginación, por supuesto, pero quizá lo primordial sea preguntarse si nos hallamos en el lado correcto, porque no hay segundas oportunidades. No las hay, por ejemplo, para dos de los personajes que aparecen en la película The Leopard Man, de Jacques Tourneur: Consuelo, ante la puerta cerrada del cementerio donde ha quedado encerrada, pide a gritos que le dejen salir; Teresita, la niña que se encuentra en el exterior de la casa suplica, en cambio, que le permitan entrar. La muerte atrapa a ambas por culpa de una puerta cerrada.

"The Leopard Man", Jacques Tourneur, 1943

Defensa o amenaza, la puerta supone también encierro, como descubre Jonathan Harker en el castillo del conde Drácula: “puertas, puertas por todas partes; todas cerradas con llave y cerrojo”. Sin embargo, aunque las puertas sean de gruesa madera de roble, como las de la mansión inglesa de Drácula, o de hierro macizo, como las de la cripta donde Roderick Usher sepulta a su hermana, nunca son lo suficientemente fuertes como para detener el terror.

"Drácula" © Luis Scafati, Ediciones del Zorro Rojo, 2007. Reservados todos los derechos.

Ni para acallarlo: las puertas, como bien saben los responsables de los efectos sonoros en las películas de miedo, tienen su propia voz. Al girar sobre sus goznes, chirrían; el ruido de las cadenas y de los cerrojos, al ser descorridos, completan el concierto. A esto se añaden los susurros, los roces y los golpes, frecuentes en el cine de terror –aunque ninguno alcance la categoría de los aldabonazos que da el Comendador en la puerta del Don Giovanni de Mozart–.

"Don Giovanni", Max Slevogt, Alte Nationalgalerie Berlin, 1908

Las puertas tienen también sus entretenimientos particulares, como abrirse o cerrarse solas, y dan lugar a movimientos tan inquietantes como el lento descenso del picaporte que anuncia la llegada de un visitante indeseado. Con bastante menos sutileza, son objetos susceptibles de ser destrozados a hachazos, como en la novela de Stephen King El resplandor, llevada al cine por Stanley Kubrick. Es un modo como cualquier otro de abrir una puerta cerrada, aunque sin duda resulta mucho más elegante atravesarla sin tomarse la molestia de abrirla, como dicen que hacen los fantasmas y, en algunos casos, los vampiros.

"Son of Dracula", Robert Siodmak, 1943

La puerta ejerce, con frecuencia, la función de un marco que realza el protagonismo de la figura que aparece en su umbral. En este sentido, la puerta actúa como cuadro y palio, como la mandorla o aureola que circunda el cuerpo entero y lo aísla en toda su majestad, en todo su poder, en todo su sagrado terror.

Como sucede en determinados estilos artísticos, el nimbo encierra un espacio que es otro espacio: no un ámbito irreal, sino perteneciente a un nivel de realidad distinto a aquel en el que nos movemos. En la superficie del mosaico bizantino, en la almendra mística que rodea la figura terrible de Cristo pintada en el muro de una iglesia románica, en la puerta donde aparece el monstruo, se hace visible lo invisible.

Justiniano, San Vital de Rávena, siglo VI

Pantocrátor, San Isidoro de León, 1124-1170 ca.

Este es un recurso utilizado con mucha frecuencia en el cine: las figuras de Nosferatu, el monstruo de Frankenstein y otras criaturas semejantes son fijadas por la cámara en esa frontera incierta, ese lugar de paso entre los mundos que es la puerta, retrato aquí del horror.

"Nosferatu, eine Symphonie des Grauens", F.W. Murnau, 1922

"Drácula", Tod Browning, 1931

Las puertas suponen siempre una incitación, tanto más irresistible en la medida en que se entrevera con la prohibición o la amenaza. Que se lo digan, si no, a la esposa de Barba Azul. O a Jonathan Harker, cuando su ceremonioso anfitrión en el lúgubre castillo de los Cárpatos le dice: “Puede visitar las partes del castillo que le apetezcan, salvo las puertas que están cerradas, donde naturalmente no deseará usted entrar. Hay razones para que todo esté como está; y si lo viese usted con mis ojos, y lo entendiese con mi entendimiento, quizá lo comprendería mejor”. Quizás. Pero, como ni Harker ni nosotros vemos con los ojos de Drácula ni entendemos con su entendimiento, naturalmente deseamos entrar. Y, entonces, abrimos la puerta.

"The Wind", Victor Sjöström, 1928

Copyright © Carmen Pinedo Herrero. Reservados todos los derechos.

 

Carmen Pinedo Herrero

Doctora en Historia del arte y licenciada en Historia moderna, investigadora y escritora. He impartido clases de Patrimonio cultural, he sido comisaria de exposiciones y he catalogado fondos museísticos, pero el terreno en el que me siento más a gusto es el de la investigación y la escritura. Los temas que más me atraen son los relacionados con los espectáculos precinematográficos, la escenografía teatral, la historia de las mentalidades y las relaciones entre arte, técnica y sociedad.

He publicado artículos en diversas revistas especializadas, capítulos de catálogos de exposiciones y los libros La ventana mágica: la escenografía teatral en Valencia durante la primera mitad del Ochocientos (2001), Cuatro artistas de Meliana. Una generación (2001), La enseñanza de las bellas artes en Valencia y su repercusión social (2003), El viaje de ilusión: un camino hacia el cine. Espectáculos en Valencia durante la primera mitad del siglo XIX (2004) y El profesor que trajo las gallinas a la escuela: Antonio Cortina Farinós (1841-1890) (2007).

Durante los últimos años he realizado investigaciones sobre la industria artesana aplicada a la arquitectura; sobre las noticias relativas a arte y artistas publicadas en la prensa histórica y sobre diversas metodologías aplicadas a la escritura autobiográfica y biográfica.

En la actualidad prosigo con las investigaciones sobre escenografía y espectáculos precinematográficos, preparo una serie de libros sobre fuentes documentales del arte y escribo un libro sobre arquitectura y terror, de próxima publicación en Punto de Vista Editores. 

Sitio Web: carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/

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