Ve a Rodeo Drive, muñeca

Imagínatelo. Camina por esa calle, plagada de tiendas de marca, de establecimientos llenos de objetos hermosos, de escaparates que te hacen un guiño y te dicen “cómprame”… Entra en esas tiendas y paséate por la calle con tus bolsas de ropa y de complementos, con tu sombrerera, con tus gafas de sol último modelo.

Bolsos de Loewe, Louis Vuitton o Tod's; zapatos de Manolo Blahnik, Jimmy Choo, Ferragamo o Louboutin, camisas blancas de Carolina Herrera, vestidos de noche palabra de honor de Óscar de la Renta, tailleurs de Chanel, une petite robe noir de Dior, abrigos de Givenchy, chaquetas de Armani, deliciosas minifaldas de Blumarine, faldas plisadas de Donna Karan, perfumes de Gucci, pulseras de Cartier… Y todo eso, moviéndote al compás de la música, tus caderas oscilando sobre los stilettos; tus labios rojos recién pintados; tu falda tubo negra marcando tendencia… Eres tú. Eres una pretty woman.

Un durísimo casting en el que estuvieron las estrellas más rutilantes del momento fue el que llevó a Julia Roberts y a Richard Gere a protagonizar Pretty woman, la comedia romántica de más éxito en los noventa.

El romanticismo siempre vende, pero mucho más cuando el fondo de la historia es simplemente un cuento de hadas. ¿Quién no ha soñado con un apuesto príncipe que, además, te ame? Ese príncipe tiene un perfil variado, puede dedicarse a oficios varios, tener edades distintas, pero, sobre todo, tiene que cumplir las condiciones de un príncipe que se precie: tiene que amarte tiernamente, llevarte a la ópera en helicóptero y subir la escalera de tu apartamento armado con su espada. También vale, para el caso, un paraguas. Todo esto lo hace Gere en la película, trasmutado en Edward Lewis, un ejecutivo de gran éxito que no fabrica nada, sino que trocea empresas y las vende por separado.

Tanto dinero y tantos honores no le sirven para curar la soledad. Su vida sentimental es una planificada estrategia de vasos no comunicantes en la que la discreción es la norma. O debería serlo. Porque sus exnovias acaban cotilleando entre sí y todas concluyen en que es un hombre sin tiempo para disfrutar. Sin sentimientos. Un hombre frío, que, en realidad, respira solo para ganar dinero. Un hombre que ha estudiado “hasta el final” pero que tiene lecciones sin aprender.

En el ático del último piso (no hemos encontrado áticos a menor altura) del Regent Beverly Wilshire, Edward está solo cuando llega la noche. Y la noche llega para todos, creedme, incluso para los rabiosamente atractivos o poderosos.

Edward disfruta de su miedo a las alturas y por eso no contempla a sus pies las luces trepidantes de Hollywood Boulevard, sino que vuelve la espalda al cielo estrellado y a los placeres de la noche. Aunque… no a todos…

Únicamente el destino, que existe y anda por algún lado sin que lo notemos, consigue que el coche último modelo que conduce, sin demasiado brío, se pare justamente a los pies, mejor, a las botas, de Vivian Ward, una chica de alterne, una prostituta que sueña y que usa hilo dental y peluca rubia.

En Los Ángeles, la Meca del Cine, puede pasar de todo y por eso no nos extraña que Vivian seduzca a Edward y que compartan fresas para la noche, croissants en el desayuno, bañera con espuma antes de almorzar y una tarde en la hípica, rellenando los agujeros del césped a base de saltar sobre los pies.

Tanta suerte no deja de asombrar a Kit de Luca, la efervescente amiga de Vivian, que no se fía de nadie y menos de un hombre guapo, joven y rico. Los movimientos de la pareja son observados por el diligente y sentimental gerente del hotel, Héctor Elizondo en uno de sus papeles más cercanos, y también por ese prototipo de abogado sin escrúpulos que es Phil Stuckey, esa clase de tipo que llama “putas” a las prostitutas.

Como en todo cuento de hadas, ambos llevarán su premio o su castigo.

Aunque en su momento se dijo que el cuerpo de la protagonista no era el de la actriz, eso nos da lo mismo. Julia Roberts hace una encantadora prostituta con ansias de estudiar en la secundaria nocturna y el héroe no puede dar mejor en su papel de ejecutivo agresivo pero menos.

Después de ser gigoló, oficial y caballero, esta interpretación a su medida coronó el atractivo de Richard Gere como el de un hombre para todo.

El éxito de la película tiene que ver con su mensaje. Porque nos dice que es posible. Que puedes lograr tus sueños. Sean los que sean, los más difíciles, los que nunca pensarías que se cumplieran, los que crees que están fuera de tu alcance. Es posible. Yes, we can, dijo el mismísimo Obama.

Los sentimientos dependen de esas gotitas de química que alguien, quizá el destino, reparte por el universo. Pero sobre todo tiene que ver con lo imposible. En el fondo del corazón de cada espectadora late la seguridad de que los príncipes nunca dejan atrás sus palacios ni su boato, ni su vida calculada, para dedicarse al prosaico oficio de amar.

Pero, pensándolo bien, quizá la verdadera protagonista no sea la chica, ni sea el amor. ¿Será, entonces, la música? Eso es, una maravillosa música. La banda sonora incluye esa deliciosa canción de Roy Orbison “Oh, pretty woman” que fue grabada en 1964 y que es una especie de himno de la femineidad. ¿A quién le disgusta ser considerada una pretty woman?

Sinopsis

El ejecutivo Edward Lewis llega a Los Ángeles para cerrar unos negocios. Allí conoce casualmente a la prostituta Vivian Ward a la que pide que lo acompañe durante esos días. Innecesario contar más, entre otras cosas porque ¿quién no la ha visto?

Algunos detalles de interés

La película ha cumplido ya quince años, pues se estrenó en marzo de 1990. Fue dirigida por Garry Marshall a quien parece que no le convencía mucho Gere para el papel masculino. Está visto que se equivocó.

Además de los dos protagonistas, en el reparto destacan las actuaciones de Héctor Elizondo, como el gerente del hotel; Ralph Bellamy como el señor Morse; Jason Alexander, como el antipático abogado Phil Stuckey y, sobre todo, la encantadora Laura San Giacomo en el rol de la prostituta amiga de Vivien, Kit de Luca.

La banda sonora corrió a cargo de James Newton Howard. La fotografía es de Charles Minsky y el guión de L. F. Lawton.

Existe en YouTube una extraordinaria grabación en blanco y negro en la que Roy Orbison interpreta “Oh, pretty woman” acompañado de una banda de extraordinarios músicos entre los que están Bruce Springsteen, Elvis Costello, James Burton o Jackson Browne.

Roy Orbison, Roy Kelton Orbison, apodado The Big O, fue un genio de la música, que alternó con The Beatles y con The Rolling Stones. En sus últimos años, formó parte del grupo Travelling Wilburys, junto a Bob Dylan, George Harrison, Jeff Lynne y Tom Petty.

El rock and roll tiene en él a su más conspicuo representante. Nacido en el año 1936, falleció en 1988, después de haber influido a músicos de varias generaciones.

Copyright © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © Touchstone Pictures, Silver Screen Partners IV, Buena Vista Pictures. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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