Vida y leyenda de Walter Elias Disney

Se han contado historias sobre su vida en los comedores infantiles, en las inacabables reuniones de los cineclubs, e incluso en la barra del bar, mientras el narrador de esas leyendas bebía gintónics, insistiendo en que el tío Walt era español, de Mojácar por más señas. "Que sí, que sí, que eso está demostrado", diría el tipo revolviéndose sobre el cojín del taburete. "Y además, a Disney lo congelaron al morir. ¿No lo sabíais? Eso lo hicieron para que pueda curarse cuando la ciencia lo permita".

Este tipo de cuentos funcionan así: como confidencias, como descuidos narrativos en la historia oficial. Como datos de una conspiración.

Pero ¿es verdad que Disney se llamaba realmente José Guirao Zamora? ¿Acaso era hijo de la lavandera Isabel Zamora y de un padre no reconocido, el médico Ginés Carrillo? ¿Fue entregado en adopción a sus padres legítimos, Elías y Flora Disney? ¿Está su cadáver criogenizado en algún laboratorio californiano?

Separar la realidad de la ficción –por sugestiva que parezca– es una tarea difícil en el caso de Disney. Acaso porque él mismo se empeñó en cultivar una mitología personal de lo más exuberante.

Vayamos a los hechos. Este productor y dibujante estadounidense –tan americano como la Coca-Cola y la liga nacional de béisbol– nació el 5 de diciembre de 1901 en Chicago, Illinois, y falleció el 15 de diciembre de 1966 en Hollywood, California.

Aunque los biógrafos de Disney han ido contrastando las anécdotas de su vida, hay un fondo de leyenda, indemostrable, que planea sobre tan conocida figura.

Aunque últimamente hay historiadores que han procurado refutarlo, no hay pruebas definitivas que certifiquen que nació en Chicago; de hecho, el repetido rumor que mencioné más arriba asegura que Disney era un emigrante europeo, probablemente español, que llegó de a los Estados Unidos y que, más tarde, por temor a suspicacias, falseó su origen.

También han sido mitificadas las circunstancias de su muerte, pues muchos creyeron que Disney había sido criogenizado con modernas técnicas de hibernación; así, al congelar los médicos su cuerpo, éste habría permanecido con las constantes vitales suspendidas, a la espera de un futuro en que pudiese despertar y nuevos procedimientos quirúrgicos reparasen su salud. Lamentablemente, este rumor choca con otra realidad, más prosaica, pues el cadáver Disney fue incinerado por deseo de sus familiares. No ha de extrañar, sin embargo, toda esta mezcla de realidad y fantasía alrededor de quien ha pasado a la historia de la cultura occidental como uno de los más prolíficos, contradictorios e influyentes cultivadores de la imaginación infantil.

Tribulaciones de un soñador adolescente

Según el relato oficial, Walt Disney viene al mundo en el número 2156 de la Avenida Tripp, en Hermosa, un área residencial de Chicago. Su padre es de ascendencia canadiense-irlandesa, y su madre lleva sangre alemana y británica en las venas. Cuarto hijo en una familia de cinco hermanos, Disney vive una infancia feliz, si bien pasa ciertas estrecheces económicas.

En 1917, cuando la Primera Guerra Mundial atrae a hombres de acción como Ernest Hemingway, Disney, apenas un adolescente, también se siente llamado por el peligro y viaja hasta Francia, donde se ocupa como conductor de ambulancias de la Cruz Roja.

En el tiempo libre que le deja el traslado de heridos, dibuja caricaturas que remite desde el frente a diversas publicaciones norteamericanas, entre ellas Life. Vuelve de la guerra con intensas impresiones personales que ya no habrán de abandonarle. Se atribuye el temple de su carácter y su capacidad de mando a este rápido acceso a la madurez.

No obstante, su formación artística aún es precaria, y ha de mejorar sus cualidades para el dibujo en el Instituto McKinley, de Chicago, de donde salta a la Academia de Bellas Artes de la misma ciudad. Viaja luego a Kansas City (Missouri), ciudad donde encuentra trabajo como publicista, empleado de la Gray Advertising Company y, poco después, del Pesmen-Rubin Commercial Art Studio. Allí debe ilustrar anuncios publicitarios y diseñar logotipos y carátulas.

El trabajo es duro, pero Disney es un apasionado del dibujo y además cuenta con un cómplice para sus planes de futuro, el también dibujante Ub Iwerks, otro empleado del estudio Pesmen-Rubin.

Cuando Iwerks y Disney son despedidos, ambos tratan de montar una agencia por cuenta propia, pero el fracaso es absoluto y han de volver a anunciarse en una bolsa de trabajo. Consiguen un contrato en el Kansas City Film Ad Service, centro cinematográfico donde se familiarizan con el mundo del dibujo animado, elaborando mediante esta técnica varios films promocionales.

Las primeras películas

Ayudados por Roy Disney, hermano de Walt, montan en 1922 una empresa, Laugh-O-Gram Corporation.

Las dificultades financieras son constantes, pero antes de sucumbir a las deudas, logran comercializar un cortometraje, Alice's wonderland (1923), en el cual combinan dibujos animados e imágenes de una niña real. A la empresaria Margaret J. Winkler le agrada la película y costea la realización de una serie con el mismo formato.

Disney se instala entonces en Hollywood. Ya no abandonará nunca ese lugar.

En agosto de 1923, Walt y Roy Disney piden dinero a su tío Robert y con ese capital fundan los Estudios Disney. El equipo de animadores lo encabeza Ub Iwerks, a cuyas ordenes trabajan Fritz Freleng, Rudolph Ising, Les Clark y otros jóvenes artistas que, con el tiempo, tendrán mucho que aportar al mundo del dibujo animado.

En 1927, cuando la serie de Alicia ha llegado a su techo creativo, Disney recibe una sugerencia de su distribuidor Charles Mintz, esposo de Margaret J. Winkler. Mintz le propone una nueva serie con algún personaje fijo, preferentemente un animal antropomórfico.

El resultado será Oswald the lucky rabbit, un simpático conejo cuyos rasgos prefiguran los de Mickey Mouse. La primera película con este personaje es Trolley troubles (1927). El mismo año, el equipo de Disney completa nuevos cortometrajes de Oswald: Oh, teacher, The mechanical cow, Great guns, The ocean hop, The banker's daughter, Empty stocks y Rickety gin. Pero un nuevo animador, Walter Lantz (luego creador del Pájaro Loco), pacta con Mintz la propiedad del personaje y la serie escapa del control de Disney.

El nacimiento de Mickey Mouse

La situación se complica enormemente para el estudio tras el abandono de Mintz. Afortunadamente, Ub Iwerks prueba varios diseños hasta dar con una idea brillante: el ratón Mickey Mouse, protagonista de un enloquecido cortometraje, Plane crazy (1927), que Iwerks anima en su totalidad.

Años después, Disney, que va reafirmando su autoridad en el estudio, contará que la paternidad del personaje le corresponde, pues lo imaginó durante un viaje a Nueva York y su esposa le sugirió el nombre (como sucederá en otros casos, Walt Disney acredita su habilidad para la gestión del talento ajeno).

Mientras tanto, el sonido ha hecho su aparición en el cine, y Disney resuelve tomar la iniciativa en el campo del dibujo animado. Se rueda entonces el primer cortometraje sonoro de Mickey Mouse, Steamboat Willie, estrenado el 18 de noviembre de 1928 en el Colony Theater de Nueva York.

Un año después, el ratón pasa a protagonizar una serie de cómics distribuidos por la cadena King Features Syndicate.

Disney comprende tras esta oferta el enorme negocio de los productos derivados y empieza a vender licencias para la fabricación de juguetes con sus creaciones. Pocos años después comienzan a publicarse revistas en las que intervienen las nuevas figuras que nacen en los estudios Disney: el pato Donald, Goofy, Daisy, Pluto y Minnie Mouse, entre otros muchos.

Dibujantes de la talla de Floyd Gottfredson, Carl Barks, Al Taliaferro, Bill Shaw, Walt Kelly, Al Levin y Fred Quimby colaborarán en estas publicaciones renunciando a su firma, convenientemente sustituida por la del omnipresente Walt Disney.

¿Quién teme al Lobo Feroz?

Tras el éxito de Steamboat Willie, la compañía recurre a nuevos avances técnicos, como el Technicolor, aplicado a la nueva serie Sinfonías tontas. Uno de los títulos más famosos incluidos en ese conjunto es Los tres cerditos (1933), cuya canción principal, "¿Quién teme al Lobo Feroz?", se convierte en un considerable éxito popular.

 Con el uso de la cámara multiplano, un hallazgo técnico que consigue dotar de profundidad de campo al dibujo animado, Disney se pone a la cabeza de la animación en todo el mundo. Y aunque los hermanos Fleischer tratan de ganarle en la carrera para estrenar el primer largometraje animado, Walt y los suyos desbancan esa competencia con un título de calidad incuestionable, Blancanieves y los siete enanitos (1937), basada en el popular cuento de los hermanos Grimm.

Desde su estreno en diciembre de 1937, esta producción conserva su vigencia a lo largo de las décadas y es comercializada de forma regular a partir de esa fecha. A nadie le sorprenderá, dado que hablamos de una obra maestra incuestionable.

La edad de oro

Un largometraje posterior, Fantasía (1940) prueba las ambiciones artísticas de Disney, al combinar de forma espectacular pasajes de música clásica y relatos animados. Aunque su vulgarización del repertorio musical ha sido muy discutida, lo cierto es que artísticamente resulta irreprochable.

Menos experimental y más cercana al gusto infantil es Pinocho (1940), otra producción de éxito estrenada poco antes de la Segunda Guerra Mundial, e inspirada libremente en la obra homónima de Carlo Collodi.

El 23 de octubre de 1941 llega a las pantallas Dumbo, y los estudios Disney han de concentrarse a partir de esa fecha en la realización de filmes propagandísticos y divulgativos, destinados a elevar la moral de los soldados y también a formarlos técnicamente en el esfuerzo bélico.

1941 es también una fecha terrible para Disney en lo personal, pues los animadores a su servicio se declaran en huelga. El motivo no es otro que su estilo empresarial, autoritario e intransigente con quienes le plantean nuevas vías creativas, y ajeno además a cualquier ordenación sindical.

Algunos dibujantes abandonan sus puestos y se reúnen en la nueva compañía United Productions of America (UPA); los permanecen fieles al fundador, se dedican por entero al rodaje de Bambi (1942), y luego preparan dos films, Saludos amigos (1943) y Los tres caballeros (1945), que forman parte de una estrategia de acercamiento al público latinoamericano. De hecho, Disney cuenta con un excelente adaptador, Edmundo Santos, que dirige el doblaje de todas sus películas al español.

Los nuevos estrenos en tiempo de paz mantienen el favor popular, Cenicienta (1950), Alicia en el país de las maravillas (1951) y Peter Pan (1952), basados en clásicos de la literatura infantil, conservan una trayectoria artística coherente, ligada al trabajo de los principales animadores de la compañía, Milt Kahl, Ward Kimball, Les Clark y Wolfgang Reitherman, fieles cumplidores de los deseos de Walt.

Teleseries y parques temáticos

A partir de los años cincuenta, Walt Disney Productions invierte una parte de su capital en la realización de documentales y teleseries, como El Zorro, y también rueda películas con actores reales en Europa y Estados Unidos.

La genialidad de Disney al frente de su empresa consigue que su valor económico aumente de forma continuada, a medida que diversifica su línea de actividades. No obstante, el valor seguro de la firma serán, dejando a un lado éxitos como Mary Poppins (1964), los largometrajes de animación.

Walt aún llegará a coordinar cada detalle de La dama y el vagabundo (1955), La bella durmiente (1959), 101 dálmatas (1961), Merlín el encantador (1963) y El libro de la selva (1967).

Multimillonario y galardonado con veintinueve Oscars, en la década de los sesenta se había consolidado como uno de los personajes más conocidos y queridos de todo el mundo, pero su salud flaquea, y con ella, todo su imperio entra en una lucha por la sucesión.

Disney muere en 1966, a consecuencia de un colapso circulatorio que sufre durante la operación quirúrgica que se le realiza para extraerle un tumor de uno de los pulmones.

Con su fallecimiento, entra en la leyenda uno de los nombres fundamentales de la cultura popular del siglo XX.

Con variada fortuna, tratarán de sustituirle figuras tan dispares como su hermano Roy O. Disney, su sobrino Roy E. Disney y su yerno Ron Miller. Pero sólo el productor ejecutivo Michael Eisner demostrará ser un digno sucesor suyo.

En la actualidad, más de un siglo después del nacimiento de su fundador, Walt Disney Productions continúa superando las tormentas de la industria. Como un puzle perfecto de muchas piezas –parques, cine, videojuegos, resorts hoteleros, canales televisivos...–, la firma custodia los sueños y la mitología de aquel caballero de Chicago, primorosamente vestido, que nos invitaba a participar en su fiesta desde la pantalla en blanco y negro de la televisión.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006). Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © Walt Disney Productions. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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