"El Murciélago", la obra de Mary Roberts Rinehart en la que se inspiró Batman

“¿Bestia, hombre o demonio? Un espectro, una sombra alada, la sombra de un murciélago.” Convendrá el lector que la cita anterior podría haber sido tomada de un cómic de Batman. Sin embargo, pertenece a una novela que fue llevada al cine tres veces, y aquí viene lo importante: una de estas versiones inspiró a Bob Kane a la hora de crear al Hombre-Murciélago.

“La tercera influencia de Batman –nos dice Kane– fue una película que vi cuando tenía catorce años titulada The Bat Whispers. Era un remake de una película muda titulada El murciélago, que a su vez había sido adaptada de la novela de la gran escritora de misterio Mary Roberts Rinehart.”

Estas palabras pertenecen al desglose que Kane hacía de los elementos que le influyeron a la hora de crear el personaje en su autobiografía Batman & Me. Los otros antecedentes fueron la película La marca del Zorro (1920), protagonizada por Douglas Fairbanks, y ciertos diseños de maquinas voladoras realizados por Leonardo Da Vinci.

A diferencia de los nombres del Zorro, Fairbanks o Da Vinci, el de Mary Roberts Rinehart continúa rodeado de oscuridad, y ésta es la excusa que hoy me sirve para arrojar un poco de luz sobre su nombre y su creación: El murciélago.

La versión de Kane sobre la creación de Batman y algunos de los principales villanos de la serie fue puesta en entredicho por el guionista Bill Finger y el dibujante Jerry Robinson, lo cual propició una polémica sobre la medida de las contribuciones de cada uno de los autores: una polémica que pervive tras la muerte de todos ellos.

Pese al olvido en que ha caído, Rinehart (1876-1958) fue una prolífica y popular autora que llegó a ganarse el apodo de la Agatha Christie americana, pese a que su carrera literaria empezó antes que la de Christie. De hecho, el teórico Julian Symons la considera una importante pionera de la edad de oro del relato de misterio, por el uso de temas y planteamientos que continuarían utilizando autores venideros. Pese a calificar las obras de Rinehart como “escritas para tías solteronas”, éstas tienen el atenuante de que la ingenuidad de la que hacían gala era la imperante en la época.

A Rinehart también se le atribuye la frase “El culpable es el mayordomo”. En realidad, es apócrifa, al igual que el “Elemental, querido Watson” atribuido a Conan Doyle, que nunca pronunció Sherlock Holmes. El mayordomo era el culpable en la novela La Puerta (1930, Ed. Juventud), pero en sus páginas no aparecía la frase de marras.

Su gran primer éxito fue su segunda novela, La escalera de caracol (The Spiral Staircase, 1907, Alberto Santos Ed., 2011), obra en la que una madura dama de la alta sociedad y su sobrina alquilan una casa de campo para pasar sus vacaciones. En ese se oculta un botín del que quieren apoderarse unos criminales, que escenifican las apariciones de un fantasma para espantar a las forasteras. Sigue el plan hasta que empiezan a aparecer los cadáveres.

Se calcula que las ventas del libro ascienden a millón y cuarto de ejemplares, por lo que no es de extrañar que en 1915 se adaptase al cine y al teatro en 1920.

La adaptación teatral corrió a cargo de la propia Rinehart y Avery Hopwood, afamado escritor teatral con quien había colaborado anteriormente. Llevó por título The Bat, estuvo en cartel más de tres años, 1920-22, y se escenificaron 867 representaciones.

El libreto difería de la novela en que la trama de misterio tenía una mayor complejidad, pues incluía elementos tomados por la novelista de otras de sus obras. La principal novedad es que el villano era un supercriminal enmascarado, apodado El Murciélago.

La función ofrecía todo un festival de lóbregos sótanos, habitaciones ocultas, pasadizos secretos e inquietantes figuras envueltas en sombras.

En 1926 se publicó una novela homónima que adaptaba el libreto teatral, firmada por Rinehart y Hopwood en las primeras ediciones. La mención a Hopwood desapareció posteriormente. No obstante, Jan Cohn desvela en su biografía sobre Rinehart, Improbable Fiction: The Life of Mary Roberts Rinehart, que la autoría corresponde al poeta Stephen Vincent Benet, quien ejerció de “negro”.

Tengo constancia de una edición en castellano: El Murciélago (Ed. Diana, México, 1954), en cuya cubierta figura Rinehart como la única autora.

Los años cincuenta y sesenta del pasado siglo fueron una época prolífica en cuanto a la publicación de obras de la escritora en México. Dichas ediciones llegaron al público español por las mismas fechas.

En 1926 se estrenó la primera versión cinematográfica de la obra: El murciélago (The Bat) dirigida por Roland West, el mismo director de The Bat Whispers (emitida en TV como El murciélago susurra), que es la versión de 1930.

El argumento es casi el mismo que tiene La Escalera de Caracol (la casa, el botín, las inquilinas, etc.), pero se incluye un golpe del bandido para resaltar su osadía y carencia de escrúpulos.

Ambas versiones son casi idénticas, salvo por la distinta planificación de algunas escenas y la indumentaria del villano: en 1926 luce una máscara de cabeza de murciélago y en 1930 luce una capucha negra y una capa semejando las alas del quiróptero.

Existen varias versiones más, tanto televisivas como cinematográficas. Por ejemplo, la protagonizada por Vincent Price y Agnes Moorehead en 1959. Sin embargo, se encuentran fuera de nuestro radio de interés.

El Murciélago y los orígenes de Batman

¿Qué elementos de The Bat Whispers influyeron a Bob Kane o a quien fuere en la creación de Batman? El primero, y más obvio, la indumentaria del villano en la cinta de 1930: atuendo negro formado por capucha, guantes y una suerte de capa Inverness que manipula para simular la silueta de las alas de un murciélago o proyectar su sombra, adoptando grotescas poses con tal objeto. Esto se traduce en la capa, y la capucha con orejas puntiagudas de Batman y en los planos en los que Kane lo dibuja a contraluz (véanse distintas viñetas de El caso del sindicato químico, Detective Comics #27, mayo 1939).

Valga como anécdota: la indumentaria de la cinta 1930 es sumamente similar al diseño decimonónico con que Mike Mignola le atavía en el cómic Batman: Luz de gas

En el número 60 de Detective Comics (febrero de 1942) aparece por primera vez la Bat-Señal, el reflector que contiene la silueta de un murciélago y le sirve a la policía de Gotham para alertar al Hombre Murciélago. La imagen que proyecta el potente foco está tomada directamente de una escena de la cinta de 1926. Recordemos, sin embargo, que Kane manifestaba haber visto el film de 1930…

La escena inicial de ambas cintas, donde El Murciélago comete un robo de joyas y asesina a su propietario de forma casi imposible, está directamente trasladada al cómic en la primera historia de las cuatro que componen el Batman nº 1 (primavera 1940), la segunda colección del personaje.

Grosso modo, así transcurre la escena en la pantalla: el rico poseedor de un valioso collar avisa a la policía tras recibir una nota del bandido, avisándole de que robará la joya a medianoche, tomando las fuerzas del orden la casa, un bloque de pisos, para atrapar al criminal y evitar el robo. Suenan las doce en un reloj de mesa y el amenazado suspira aliviado ante la incomparecencia del delincuente, al abrir la caja fuerte que contiene la alhaja y ver que todo está bien. Sin embargo, el Murciélago se descuelga desde la azotea cabeza abajo, irrumpe por una ventana y roba la joya tras asesinar al dueño. Segundos después, la policía penetra en la sala, al no contestar la víctima a las llamadas en la puerta, encontrándose con el cadáver y la nota reivindicativa del asesino, mientras se oye dar a los relojes de la ciudad la medianoche: El Murciélago había adelantado el reloj de la mesa, siendo fiel a la hora que había marcado.

En lo que respecta al Batman nº 1, escrito por Bill Finger y dibujado por Kane, es el Joker quien anuncia a través de distintos medios el mismo patrón de actuación: robará y asesinará a los propietarios de diversas joyas a una determinada hora, amenaza que cumplirá ante las mismas narices de la policía, igual que en las películas, dejando a su paso cadáveres que lucen el inconfundible rictus provocado por el veneno del Joker, acompañados de dicho naipe a modo reivindicativo.

Un breve apunte: en la versión de 1926, la firma de la nota amenazadora que recibe la futura víctima está acompañada por la silueta de un murciélago, al igual que la carta que el comisario Gordon recibe de Batman en la última viñeta de su segunda historia (Detective Comics nº 28, junio de 1939).

No hay que pasar por alto que la atmosfera misteriosa de las películas y su ambientación son el hábitat natural de Batman: oscuras casas solariegas, corredores en penumbra, noches de tormenta, etc.

Pese a que se cuestione la versión difundida por Kane, creador oficial del personaje, es evidente la serie de elementos –unos concretos, otros más abstractos– que podemos identificar claramente con el trasfondo y la estética de Batman.

Copyright del artículo © José Luis González Martín. Reservados todos los derechos.

José Luis González

Experto en literatura, articulista y conferenciante. Estudioso del cine popular y la narrativa de género fantástico, ha colaborado con el Museo Romántico y con el Instituto Cervantes. Es autor de ensayos sobre el vampirismo y su plasmación en la novela del XIX.

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