La vida de perfil

La vida de perfil Lotte Reiniger, "Die Abenteuer des Prinzen Achmed", 1926

Las sombras chinescas son títeres de dos dimensiones, recortados en papel o en cartón, cuyo perfil se proyecta sobre una pantalla desde el lado opuesto al del espectador. Las figuras se manejan desde abajo o desde la parte posterior.

Théâtre d’Ombres de l’Île de Java, Wayang kulit

Como el resto de los títeres, las sombras chinescas –que se diferencian de las japonesas en el hecho de que estas últimas emplean solo las manos– gozan de una larga historia. Inventadas en Oriente, pasaron después a los países árabes y en el siglo XVII llegaron a Europa a través de viajeros y comerciantes de Italia y el sur de Alemania. Muy populares en el siglo XVIII, al ser potenciadas por los gustos orientalizantes del rococó, fueron introducidas en Madrid en 1779 por el alemán José Brunn.

Las sombras adquirieron en Europa el carácter de espectáculo público en el último cuarto del siglo XVIII, con François Séraphin en Francia, los Galanty Shows en Gran Bretaña y los Schattenspieler alemanes.

Sombras chinescas

En 1776, François Séraphin abrió su teatrito de sombras en Versalles, trasladándose a París en 1784. Su repertorio dominó el espectáculo de las sombras chinescas hasta la segunda mitad del siglo XIX: uno de los títulos más famosos es el del Puente roto; junto a este, hallamos los de La caza de los patos, La caza del león, Las metamorfosis de un mágico y la ineludible Tempestad en el mar.

François Séraphin, "El puente roto"

Variantes de las sombras chinescas son las sombras blancas, en las cuales las figuras se recortan en papel negro y se proyectan por medio de una fantasmagoría; las sombras impalpables, en la que las sombras de personas reales, proyectadas en una pantalla, pasan a través de una lente doble convexa, reflejándose reducidas en otra pantalla; las sombras naturales y las gigantescas, que, probablemente, no eran más que la proyección, en tamaño natural o aumentado, de personas reales.

Sombra blanca, colección François Binetruy, c. 1820

Las sombras chinescas colaboraron en la creación de unos hábitos nuevos de percepción, por parte de los espectadores. Ofrecieron unas posibilidades expresivas similares a las que, a finales del siglo XIX, proporcionaría el cine.

Caran d'Ache, "Chat Noir", c. 1889

Presentes en locales públicos, los espectáculos de sombras arraigaron pronto, también, en los domicilios particulares. Al popularizarse esta afición, nacieron publicaciones de piezas especiales para ser representadas por sombras, y pronto se industrializó también la confección de hojas en las cuales había figuras, decoraciones y accesorios para recortar. Destacaron, en esta industria, imprentas barcelonesas de imaginería popular como la casa Juan Llorens; La Estampa, de Vallés; la imprenta de Ignacio Estivill o la casa Bosch.

Imprenta Juan Llorens, Archivo Joan Amades

Las familias aristocráticas que ofrecían en sus domicilios sesiones de sombras no utilizaban, normalmente, estas producciones industrializadas, sino que recurrían a sombristas especializados, como Juan Valle o, posteriormente, Nevas.

La diversión, en cualquier caso, como ocurría en todo tipo de teatro doméstico –tan popular en la época–, se acrecentaba con la preparación del espectáculo. La privacidad del mismo permitía, además, ciertas licencias, como refiere Francesc Curet: las funciones de sombras chinescas llegaban a adquirir, en algunos casos, un aire libertino, con las figuras en actitudes poco edificantes.

Cartes animées, Lambert París

Las sombras chinescas como diversión doméstica perduraron durante largo tiempo. El director de cine Ingmar Bergman recuerda en sus memorias este entretenimiento, uno más entre los que le proporcionaba su tía Lotten:

“Después de la cena y del café, desempaqueta un teatro de sombras chinescas de una caja de madera amarilla. Se tiende una sábana sobre la puerta que hay entre el salón y el comedor, se apaga la luz y tía Lotten hace su función de teatro (tuvo que haber sido muy hábil: manipulaba varias figuras al mismo tiempo y hacía todos los papeles; de repente la pantalla se teñía de rojo o de azul, surgía un demonio del rojo o se perfilaba una tenue luna en el azul, de pronto todo era verde y en las profundidades del mar se movían peces extraños” (I. Bergman, Linterna mágica, Barcelona, 1992)

Ingmar Bergman, "Fanny och Alexander", 1982

El período de mayor auge de las sombras chinescas fue el discurrido entre los años 1830 y 1850. El repertorio tradicional, consistente en sainetes, escenas navideñas, dramas, comedias –con predilección, como es natural, por las comedias de magia– e incluso óperas, se impregna de ecos románticos en piezas como la titulada El sepulturero, una obra que reunía cementerios, amantes desdichados, sepultureros y el resplandor de la luna sobre las tumbas. El signo de los tiempos.

Como indica Sandro Machetti, uno de los vínculos entre las sombras y el cine es la magia: directores tan próximos a ella como Méliès emplearon las sombras para la creación de ambientes fantásticos u oníricos.

Segundo de Chomón, "Les ombres chinoises", 1908

Una de las películas de Segundo de Chomón, Les ombres chinoises (1908) reproduce una sesión de este popular espectáculo. Muchos años después, en 1982, Raoul Ruiz retoma el título para su película Ombres chinoises. Akira Kurosawa, en Kagemusha (1980) e, inspirado en este, Francis Ford Coppola en Bram Stoker's Dracula (1992), brindan homenaje a las sombras chinescas.

Akira Kurosawa, "Kagemusha", 1980

Francis Ford Coppola, "Bram Stoker's Dracula", 1992

Las sombras están presentes también en las numerosas películas de animación dirigidas por Lotte Reiniger; en Les contes de la nuit, rodada por Michel Ocelot en 2011, y en muchas otras películas.

Lotte Reiniger, "Dornröschen", 1954

Otro tema, próximo y distinto, es el de la presencia de la sombra en el cine. Aunque es un tema apasionante al que volveremos, de momento lo dejaremos en la sombra.

Le Théâtre des Ombres, Au Calvaire, Le Fils de Croguennec (Avignon 2002)

Copyright © Carmen Pinedo Herrero. Reservados todos los derechos.

 

Carmen Pinedo Herrero

Doctora en Historia del arte y licenciada en Historia moderna, investigadora y escritora. He impartido clases de Patrimonio cultural, he sido comisaria de exposiciones y he catalogado fondos museísticos, pero el terreno en el que me siento más a gusto es el de la investigación y la escritura. Los temas que más me atraen son los relacionados con los espectáculos precinematográficos, la escenografía teatral, la historia de las mentalidades y las relaciones entre arte, técnica y sociedad.

He publicado artículos en diversas revistas especializadas, capítulos de catálogos de exposiciones y los libros La ventana mágica: la escenografía teatral en Valencia durante la primera mitad del Ochocientos (2001), Cuatro artistas de Meliana. Una generación (2001), La enseñanza de las bellas artes en Valencia y su repercusión social (2003), El viaje de ilusión: un camino hacia el cine. Espectáculos en Valencia durante la primera mitad del siglo XIX (2004) y El profesor que trajo las gallinas a la escuela: Antonio Cortina Farinós (1841-1890) (2007).

Durante los últimos años he realizado investigaciones sobre la industria artesana aplicada a la arquitectura; sobre las noticias relativas a arte y artistas publicadas en la prensa histórica y sobre diversas metodologías aplicadas a la escritura autobiográfica y biográfica.

En la actualidad prosigo con las investigaciones sobre escenografía y espectáculos precinematográficos, preparo una serie de libros sobre fuentes documentales del arte y escribo un libro sobre arquitectura y terror, de próxima publicación en Punto de Vista Editores. 

Sitio Web: carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/

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