El órix blanco que viajó a Texas

El órix blanco que viajó a Texas Imagen superior: The Land, CC

Como un eco de los orígenes míticos del unicornio, el órix de cuernos de cimitarra u órix blanco (Oryx dammah) puede ser visto desde la distancia como esa criatura legendaria que durante varios siglos fascinó a Europa. Su silueta recortada en el horizonte, que nos lleva a confundir sus dos astas por un solo cuerno, aún posee la intensidad de aquellas bestias fabulosas que en otro tiempo simbolizaban la esencia de lo desconocido y de lo exótico.

Extinto en estado silvestre, este antílope fue víctima de la caza y de la expansión de las poblaciones humanas que ocuparon su territorio. Los supervivientes, cautivos en zoos y fincas privadas, son la única esperanza de conservación de esta especie tan hermosa como amenazada. No es, en todo caso, la primera vez que este mamífero vive cerca del ser humano. Los egipcios llegaron a criarlo en cautividad y hay crónicas de la Antigua Roma que lo sitúan en las fincas de algunos patricios.

Aunque diversas instituciones luchan hoy por reintroducirlo en países como Túnez, Senegal o Marruecos, un extraño giro del destino ha convertido a Texas en un territorio privilegiado para la subsistencia del órix blanco.

Desde que fue identificado como especie en 1826 por Philipp Jakob Cretzschmar, los zoólogos han proporcionado muchos datos sobre su comportamiento. Se trata de un animal gregario, que convive en grupos de hasta cuarenta ejemplares, liderados por un macho dominante. En su época de esplendor, migraba en enormes manadas hacia el Norte, rumbo al Sahara.

Imagen superior: Charles Miller, CC

Que nadie se sorprenda por el hábitat cálido que prefiere este animal. El órix blanco posee unas cualidades evolutivas excepcionales, que le permiten soportar con aparente placidez altísimas temperaturas y largas temporadas sin agua.

Por desgracia, la época de las grandes manadas ya ha pasado a la historia.

En 1936, llegó a avistarse un rebaño de 10.000 órix en las estepas del Chad. A lo largo de las décadas siguientes, las cacerías constantes, la guerra y el cambio climático diezmaron a los últimos grupos hasta provocar la total extinción de la especie en libertad.

Sin embargo, la historia de un ranchero texano, David Bamberger, nos reconcilia con la idea de que el órix blanco también puede prosperar lejos de su hábitat original.

Reconocido por su colaboración con el Departamento de Parques y Vida Salvaje de Texas, Bamberger, decidió que su extenso rancho podía convertirse en un santuario para estos animales.

Desde que adquirió esa propiedad en 1969, este potentado se interesó por la conservación del medio. La lectura de un ensayo del escritor y reformador agrario Louis Bromfield, Pleasant Valley (1945), le animó a armonizar la explotación agrícola con el respeto por la naturaleza. Gracias a esta inspiración y tras su experiencia en el patronazgo del Zoo de San Antonio, su rancho, situado cerca de Johnson City, al oeste de Austin, acabó transformado en un auténtico edén.

Una de las especies que se benefició del proyecto de Bamberger fue el órix blanco. En la actualidad, un grupo de sesenta individuos disfruta de una existencia semisalvaje en esa propiedad, recuperando un comportamiento que para ellos sería imposible en un zoológico convencional.

Gracias a los órix de Bamberger, la diversidad genética de otras poblaciones en cautividad se ha diversificado, logrando de ese modo que el fantasma de la endogamia vaya alejándose de forma paulatina. Asimismo, algunos de sus ejemplares han sido destinados al proyecto de reintroducción en Túnez.

Imagen superior: Nate Fuller, David Bamberger y Joanne (U.S. Fish and Wildlife Service Headquarters, CC)

Esa iniciativa personal de Bamberger, por otra parte, fue emulada por otros rancheros, que empezaron a introducir más órix blancos en las colinas de Texas. Por desgracia, la entrada en vigor de la Ley federal de Especies Protegidas, el 4 de abril de 2012, convirtió al órix en foco de una polémica que tardó dos años en resolverse.

Esa nueva legislación consideraba al órix una criatura tan digna de protección como los animales nativos, lo cual impedía su caza y comercio en territorio americano. Paradójicamente, uno de los incentivos de los rancheros para imitar a Bamberger ha sido la posibilidad de vender ejemplares, tanto para su cría como para su caza selectiva. Una caza que, por cierto, suele limitarse a machos de avanzada edad, que ya no son los fecundadores más idóneos.

El altruismo de esta cría en cautividad, evidentemente, fue uniéndose al interés económico, pero eso es lo de menos: el efecto final ha sido tremendamente positivo, a tal punto que cazadores, rancheros y conservacionistas han estado de acuerdo en evitar una ley que, pese a su buena voluntad, hubiera sido muy contraproducente en este caso concreto.

Gracias a ese empeño de la sociedad civil, las cifras que alcanza la población de órix texano son muy optimistas, a tal extremo que casi podemos hablar de un pequeño milagro en el campo de la conservación de especies. Según datos de la Exotic Wildlife Association, en 1979 había 32 órix blancos en Texas. Cuando la ley federal entró en vigor, ya sumaban más de 11.000.

Copyright © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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