Crítica: "Alien: Covenant" (Ridley Scott, 2017)

La saga Alien nos fascina, eso es indiscutible. Proporciona, en dosis parecidas, terror, aventuras espaciales y reflexión filosófica, y encima lo consigue con una estética inimitable. Sólo por eso ‒háganme caso‒ merece la pena dejarse llevar por el nuevo episodio de la franquicia, Alien: Covenant.

Antes de entrar en la sala de cine, cualquier seguidor del universo Alien se hará las mismas preguntas. ¿Revivirá esta película los buenos momentos que nos brindaron Alien: el octavo pasajero y Aliens: el regreso? ¿Buscará la originalidad, como las fallidas Alien 3 y Alien: Resurrección? ¿O quizá complicará innecesariamente su trama, como sucedía en Prometheus?

Responder a esas dudas me parece sencillo. Alien: Covenant es superior a Prometheus y demuestra que Ridley Scott desea retornar a los orígenes. Su brillantez formal está a la misma altura que el nivel interpretativo del reparto, pero no creo que se pueda decir lo mismo del guión, correcto y con indudables aciertos, pero un tanto irregular, y acaso insuficiente para colmar el grado de exigencia que reclaman los que aún siguen tomando como modelo el film de 1979.

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Prefiero no adelantar detalles sobre el argumento. Les dejaré sólo un par de apuntes. En este caso, es una astronave colonial la que sigue la pista que conduce al planeta donde los aliens afilan sus fauces (aquí el señuelo es un mensaje musical: el tema "Take Me Home, Country Roads", de John Denver).

Por otro lado, descubrimos más ‒mucho más‒ sobre el androide David (Michael Fassbender), empezando por el refinado entorno donde, gracias a su creador, Peter Weyland (Guy Pearce), comienza su vida cibernética.

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El escenario se nos presenta al comienzo del film: un salón blanco, minimalista, donde distinguimos tres obras de arte que tienen mucho que ver con la naturaleza de David, la silla-trono art nouveau diseñada por Carlo Bugatti; la Natividad (1470-1485), de Piero della Francesca; y una de las piezas emblemáticas de la ópera de Wagner El oro del Rin, "La entrada de los dioses al Valhalla".

Son tres claves estéticas que, por diferentes vías, explican la psicología de David. Y además lo consiguen con gran sutileza, sin necesidad de que ese patrón simbólico resulte incómodo o pedante para el espectador.

Imagen superior: clip distribuido en la red por 20th Century Fox, con el prólogo que conecta la acción de "Alien: Covenant" con el final de "Prometheus". Estas escenas no aparecen en la versión cinematográfica.

En parte, el guión es de John Logan (Gladiator, Hugo), y tengo la impresión de que algunos hallazgos del relato son suyos. Con todo, este es un film donde Ridley Scott aplica su sabiduría y su estilo. Me refiero a esa exuberancia que cultivó cuando era publicista y que luego, tras rodar Los duelistas, enriqueció con un esteticismo pictórico que llevó al extremo en Blade Runner, en Legend o en la propia Alien.

Esta vez, la puesta en escena de Scott oscila entre lo claustrofóbico, lo vibrante y lo tenebrista. El viejo maestro imprime una energía y una elegancia a ciertas secuencias que para sí quisieran algunos jovenzuelos de la industria. Ya ha cumplido 79 años, pero al igual que George Miller (72 años) y Clint Eastwood (87), pertenece al linaje de los realizadores que se niegan felizmente al retiro.

Dentro del reparto, hay que hacer un punto y aparte para elogiar las interpretaciones de Katherine Waterson, de Billy Cudrup y de un inmenso Fassbender, capaz de expresar con una simple mirada todas las inquietantes cualidades de los dos personajes a quienes da vida.

Como ya dije antes, Alien: Covenant no es una película perfecta. Hay tramos en su desarrollo que resultan un tanto fríos o previsibles, y que carecen del alma que tuvo el primer Alien. No obstante, gracias al ímpetu de los actores, a la suntuosa dirección artística y al magisterio de Ridley Scott como realizador, el listón queda a una altura muy elevada.

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Me parece significativo que se recuperen fragmentos de la inolvidable banda sonora que Jerry Goldsmith escribió para el Alien original. Y también es notable el juego de espejos que algunas escenas parecen plantear entre los seres sintéticos del film (David / Walter) y los replicantes de Blade Runner. Esta similitud entre los androides de ambos universos conlleva todo un repertorio de planteamientos filosóficos sobre la mortalidad y la inmortalidad, la inteligencia artificial y la génesis de nuevas formas de vida.

Gracias a esa profundidad, Alien: Covenant sobrepasa las fronteras del thriller y nos invita a penetrar en un territorio intrigante y provocador.

Imagen superior: un nuevo prólogo de "Alien: Covenant", en el que se presenta a los protagonistas. Este clip no figura en el montaje exhibido en cines y no adelanta detalles de la trama.

Sinopsis

En el espacio nadie puede oírte gritar. Después de casi cuatro décadas, aquellas palabras siguen siendo sinónimas de la intensidad implacable e ilimitada de la obra maestra de terror futurista, original de Ridley Scott, Alien, el octavo pasajero. Ahora, el padre de la emblemática franquicia regresa una vez más al mundo que él creó, para explorar sus rincones más oscuros con Alien: Covenant, una nueva y palpitante aventura que amplía las fronteras del terror no apto para menores.

Ambientada diez años después de los acontecimientos recogidos en el éxito de Scott Prometheus (2012), Alien: Covenant vuelve a las raíces de la revolucionaria saga del director con un relato singularmente aterrador, lleno de aventuras de extraordinaria tensión y nuevas criaturas monstruosas. Con ésta, la sexta entrega de la exitosísima serie, el visionario director se acerca cada vez más a la revelación de los misteriosos orígenes del padre de todos los aliens: el letal Xenomorfo de la película original.

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Desde el principio, Ridley Scott buscaba sangre. “Creo que la primera línea argumental de Ridley era: ‘Vamos a realizar una dura película no apta para menores, y vamos a necesitar mucho clarete’, que es un término para referirse a la sangre cinematográfica”, recuerda el productor de Alien: Covenant, Mark Huffam. “Ésa fue la primera conversación: vamos a matar a todos de miedo”.

Si alguien sabe cómo aterrorizar al público con un estilo narrativo inteligente y sofisticado, ése es Scott. Su original Alien, el octavo pasajero sigue siendo un portaestandarte del género de terror, una película psicológicamente tensa, incómoda y claustrofóbica, tan espectral y eficaz como la bestia pulcra y viciosa que por primera vez acosó a Ellen Ripley y a la tripulación de la nave estelar Nostromo en 1979. “De una forma, digamos extraña, yo siempre pensé en Alien, el octavo pasajero como en una película de la serie B bien hecha”, dice Scott. “El trasfondo era muy básico: siete personas encerradas en la vieja y siniestra casa, y quién va a morir antes y quién va a sobrevivir”.

Para Alien: Covenant, el realizador candidato el Oscar® buscó recuperar el mismo ambiente de premonición de un peligro y terror constantes, a la vez que también ofrecía nuevos datos que añadieran riqueza y profundidad a la más amplia mitología de Alien. Ese enfoque era necesario, dice, para conservar una narración fresca y sorprendente. “Uno no puede ser continuamente perseguido por un monstruo en un pasillo; acaba siendo aburrido”, dice Scott. “Se me ocurrió que nadie había hecho la pregunta de quién hizo esto y por qué. Uno puede decir que monstruos, dioses o ingenieros del espacio exterior lo inventaron. Pues no lo hicieron. Alien: Covenant le va a dar la vuelta a ese concepto”.

Alien: Covenant fue rodada en 74 días en los platós de Fox Studios Australia y en exteriores del Estrecho de Milford (Nueva Zelanda) en 2016. Scott encargó al diseñador de producción Chris Seagers hacer realidad su idea de la nave que aparece en el título.

“Las naves son siempre difíciles”, añade Scott. “La Covenant es parecida a un barco de pioneros, como las viejas “goletas de la pradera” (que así llamaba a las carretas en el Oeste). No se trata de una nave sucia, sino de una nave de pioneros en misión científica, que transporta personas y equipo para colonizar otro planeta. Lógicamente, se asemeja a un tren de carga: está dividido en tres secciones dotadas de uniones hexagonales, que son enormes garajes. Cada sección se separaría, en una sola ocasión, aterrizaría sobre unos pilares y ya tendríamos un enorme almacén con todo su equipo”.

“Mencioné a Ridley que las plataformas petrolíferas son casi como naves espaciales”, dice Seagers (Marea negra, Cuatro fantásticos). “Desde el exterior parecen grandes latas de zinc, pero dentro están llenas de tecnología y no necesitan forzosamente tripulación. Están automatizadas. Es lo mismo que la tecnología espacial. Todo gira en torno a la orientación y la navegación, y eso le gustó. Así que empezamos a sacar muchas referencia de ese mundo industrial”.

Las escenas rodadas en el exterior del planeta lo fueron en el Estrecho de Milford y en platós de Fox Studios, con los decorados iluminados para imitar la fantasmagórica belleza de los exteriores naturales. “Nos inspiramos en el tiempo atmosférico real del Estrecho de Milford”, dice el fotógrafo Dariusz Wolski, frecuente colaborador de Scott. “Tiene una luz muy nebulosa y suave. En ocasiones el sol lo atraviesa pero, básicamente, consta de nubes dramáticas, de montañas que aparecen y desaparecen en las nubes. Siempre está lloviznando. Lo repetimos en el plató de exteriores. Insistimos en que todo fuera gris y nuboso, como un amanecer o un ocaso constantes”.

Para las escenas de interiores de la ciudad abandonada, Scott buscó captar una apariencia propia de pintores del siglo XVIII para algunas habitaciones, en las que la suave luz debería dar la sensación de provenir de velas. Wolski y el departamento de cámaras concibieron un sistema inteligente y eficaz para iluminar a los actores.

Para Alien: Covenant, el supervisor de efectos visuales Charley Henley contrató a algunas de las principales compañías de VFX (efectos visuales especiales) del mundo, incluida Animal Logic, con sede en Sidney; MPC (Moving Picture Company) del Reino Unido, y Framestore, de Montreal (Canadá). Uno de los retos a los que se enfrentó el departamento de efectos visuales fue el número de lugares de rodaje que era necesario construir o mejorar, y que iban desde ambientes espaciales y del exterior del planeta, hasta la ciudad abandonada donde reside David y los interiores de la misma.

“Por ejemplo, la ‘Sala de las Cabezas’, donde se desarrollan varias escenas clave, fue un fantástico decorado construido con varias cabezas enormes, pero debido al espacio del plató y la complejidad de construir esos elementos físicos, nos correspondía a nosotros extender la parte superior de las cabezas hasta el techo”, dice Henley. “Con todo, intentamos no pasarnos de rosca. Si estábamos haciendo una toma creada por ordenador –por ejemplo–, nos aseguramos de que la cámara informática estuviera captando algo que pudiera realizarse en el mundo real con cámaras de verdad”.

Henley, cuya relación profesional con Scott se remonta al año 2000 con Gladiator, afirma estar constantemente impresionado por el enfoque práctico del director. “Una de las cosas asombrosas de trabajar con él es que él realiza sus propios guiones gráficos”, afirma Henley. “Son fantásticos, extraordinariamente precisos; uno puede ver la representación del guión como si estuviera mirando a través de la cámara. Incluso en los carteles se percibe también el sentido de la iluminación”.

También fue Scott el que concibió la necesidad del Neomorfo, que realiza su sobrecogedor debut en Alien: Covenant, como la más reciente forma vital mortífera junto a los huevos alienígenas –el Rompe-Pechos y el Abrazacaras– y, naturalmente, el Xenomorfo adulto. Al invocar al alienígena, el director empleó como referencia tanto el desenfrenadamente innovador trabajo del difunto surrealista suizo H.R. Giger, cuyo genio se hallaba detrás del terroríficamente original Xenomorfo de Alien, el octavo pasajero, como maravillas del mundo natural como el misterioso tiburón duende, una rara especie de depredador de aguas profundas con piel translúcida y mandíbula con bisagras.

“Diseñar el Neomorfo resultó duro”, afirma Scott. “Era un enorme reto que surgió porque yo tenía que tener algo además del sospechoso habitual. Yo no quería desgastarlo, sino salvarlo. El Neomorfo, en cierta forma, es la primera generación de un alienígena, pero necesita una forma de vida humana a la que capturar y, si se le antoja, relacionarse y copular con ella”.

Trabajando sobre la base de las ilustraciones de Scott sobre la apariencia y el movimiento del Neomorfo, el supervisor de diseño de criaturas, Conor O’Sullivan, y su equipo, se pusieron a colaborar con Henley y el departamento de efectos visuales en el diseño. Henley lo explica: “El material de Conor y su equipo parecía fantástico: criaturas prácticas con auténtica sangre y verdadera funcionalidad. Nosotros, generalmente, sólo nos ocupamos de las mejoras. Cuando había mucho movimiento de criaturas, podíamos crear movimiento muscular y la libertad de moverlos de una forma que no pudiera realizarse prácticamente. Fue una asociación para aportar, en conjunto, cuanto realismo fuera posible”.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © 20th Century Fox, Scott Free Productions. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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