Crítica de "Prometheus" (2012)

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Como su autor es un punto y aparte en la historia del cine, me acerco a Prometheus con mucho entusiasmo. Sin embargo, este largometraje, mimado visualmente hasta lo sublime, tiene un alma gélida que nos impide hablar de una película redonda.

Bueno, eso tampoco es exacto. En realidad, ésta es una cinta claramente descompensada, con aciertos indudables, como su elegante puesta en escena, su fotografía en 3D, sus formidables efectos y sobre todo, el prodigioso diseño de producción de Arthur Max, y con el defecto de un guión que se asoma a temas importantes –nuestro origen, la divinidad y otras obsesiones ancestrales– con ese distanciamiento que caracteriza a 2001 o Solaris (dos obras maestras que, pese a su grandeza, suelen resultar indigestas).

Sospecho que también existen mil razones para elogiar a su reparto, fiable y atractivo, encabezado por Noomi Rapace, Charlize Theron, Michael Fassbender e Idris Elba. Por eso me decepciona la escasa carnalidad de sus personajes y la falta de justificación dramática de algunas de sus acciones. Puede sonar contradictorio, pero se trata de figuras aparentemente densas y bien perfiladas, cuyo desarrollo las va convirtiendo en clichés.

El terror asoma en un par de magníficas escenas. El clima general de la cinta no debería alejarse de Lovecraft (el punto de partida es En las montañas de la locura, lo cual ha molestado a Guillermo del Toro, que pretendía adaptar esa obra). Sin embargo, el guión acaba abandonando el pulp para adentrarse en ese subgénero que es la hard-sf: esto es, el tipo de ciencia-ficción que suele entusiasmar a los ingenieros industriales y a los fabricantes de robots.

Por lo demás, la tesis que sustenta la trama no es otra que la famosa teoría de Erich von Däniken, según la cual, visitantes de otros confines del universo interfirieron en nuestra evolución.

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Todos sabemos cuál es el gancho comercial que atraerá a los espectadores. El matarife espacial (sí, el de mandíbula retráctil y coraza negra) mantiene intacta su capacidad de aterrorizar. Desde que en 1979 se estrenó Alien, esa aberración biológica –esa bestia que acecha en el umbral con una promesa de dolor y muerte– sigue correspondiendo a sus incondicionales con nuevas pesadillas. En Prometheus, Ridley Scott nos brinda la que podríamos definir como una aventura paralela o una precuela del relato original, anticipando los orígenes de la historia que ya conocemos. Y como antes decía, se pone a la tarea con esa intensidad estética que siempre ha caracterizado al realizador británico.

¿Alguien puede sorprenderse de que los rumores hayan proliferado tanto desde que comenzó el rodaje en marzo de 2011? Leer artículos y entrevistas durante los últimos meses, machaconamente protagonizados por el monstruo y los protagonistas del primer Alien, provocaría fatiga y cierta prevención si no supiéramos que Scott está detrás de este tinglado.

Para disfrute de los malpensados como yo, los mismos que en su momento despreciaron Blade Runner –la hemeroteca española da estas sorpresas– son ahora los que citan esa obra maestra como demostración de que Scott ha entrado en una decadencia que le impulsa a recuperar viejas franquicias. Obviamente, se equivocan. Más allá de su frialdad y de los flecos sueltos de su guión, Prometheus demuestra que Scott continúa siendo un artista de primera categoría.

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El caso es que, aunque Alien salga tanto a colación, esta no es una horror movie en torno al monstruo. La acción del film se sitúa en torno a 2058. Por encargo de la Weyland Corporation, un grupo de científicos y exploradores viaja a bordo del Prometheus hasta los confines de la galaxia.

Su misión consiste en establecer contacto con una sofisticada civilización alienígena –a la cual, como es evidente, pertenece el Space Jockey de la cinta del 79–. Dicha civilización posee una biotecnología tan avanzada que serviría para comprender el misterio del vida y el propio origen de nuestra especie.

La aventura comienza siendo inquietante y acaba derivando hacia el pánico existencial. Y si al principio aparecen sensaciones insólitas en el equipo de la Prometheus, estas se van tornando escalofriantes cuando su relación con los alienígenas cobra un rumbo inesperado.

¿Bestias feroces? Por supuesto que las hay. ¿Sangre en espacios cerrados? Ya lo creo. Pero insisto, no nos encontramos ante una nueva entrega de la franquicia Alien sino ante un peculiar reboot que elige un destino diferente.

Es algo que el propio Scott dejó claro cuando intervino vía satélite en un evento del Comic-Con de San Diego.

"Caí en la cuenta –dijo– de que había algo en la primera entrega de Alien a lo que nadie había prestado atención. Y pensé que eso podía ser el centro de la historia. Así pues, Prometheus empleará el ADN original de Alien, pero irá por un camino totalmente distinto".

"La tecnología 3D –añadió Scott– ha sido un recurso maravilloso para este rodaje. He contado con la ayuda de unos magníficos operadores de cámara. De ahora en adelante, ya no volveré a rodar sin el 3D. Recurriré a esta tecnología incluso para filmar pequeñas escenas de diálogo. No sólo me encanta el proceso: también me ha impresionado".

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El origen de Prometheus

Para saber a qué se refiere Scott cuando menciona "algo a lo que nadie había prestado atención" del primer Alien hay que echar la vista atrás.

Nos situamos en 1978, cuando ya ha concluido el rodaje de la mítica película. El realizador habla en una entrevista sobre los decorados del planetoide –diseñados por H.R. Giger y Ron Cobb– en el que los tripulantes de la Nostromo encuentran la nave extraterrestre y dan con los huevos de alien. Pese a su entusiasmo con el montaje final, Ridley Scott siente que hay partes de la historia que merecen ser contadas.

"Yo –reconoce Scott en los setenta– hubiera querido tener una tercera dimensión para esta criatura, que hubiera avalado el hecho de que había realmente una civilización y que la nave en ruinas era quizá de guerra, o un vehículo de transporte que llevaba gente de esa raza o un arma cualquiera desde un punto A hasta un punto B, y que algo había salido mal. Pero, sin esta posibilidad, había que subrayar de alguna manera el peligro representado por la cosa, como, por ejemplo, mostrando que hasta su modo de reproducción era terrorífico. Yo traté de llevar esto a la secuencia final. Lo que pretendo es mostrar que el alien tiene una duración de vida limitada, como una mariposa. Y durante este intervalo, una vez que él decide exponerse –si es que vale la expresión–, una vez que surge de su huevo, necesita reproducirse y propagarse lo más rápidamente posible, y acaso solamente en unos días. Es por esto por lo que, en la última secuencia, se puede ver el cuerpo del Gran Alien soltando una baba viscosa: lo que intentamos transmitir es que el Alien tal vez está encerrándose en su propio capullo. Por otra parte, en ese estado no atacará a menos que se le provoque, al encontrarse completamente absorbido por el cumplimiento de su ciclo de reproducción".

En Alien, cuando el grupo de reconocimiento halla la nave abandonada y a ese piloto que parece fosilizado, también divisa en el horizonte una descomunal pirámide. En el guión original, los astronautas escalan la pirámide. Uno de ellos se desliza a través de una puerta en su cima, y penetra en una sala enorme, donde a través de estatuas y jeroglíficos sabemos algo más acerca de la cultura alienígena y el ciclo evolutivo de los aliens. Eso es algo que ahora puede disfrutar el público de Prometheus.

"Cuando entré en contacto con el proyecto –cuenta Ridley Scott en la misma entrevista– la pirámide y la nave en ruinas, dos elementos bien distintos, aún no habían sido adoptadas de manera terminante. Yo tenía muchas ganas de hacer el film, pero cuanto más lo pensaba, más me parecía que una versión de tres horas hubiera sido desmesurada, Finalmente, el presupuesto resolvió el problema. Había que aligerar el film. A veces, los imperativos financieros pueden obligar a echar por la borda trabajo ya preparado. Pero me alegro de que todo quedara simplificado en este caso".

Evidentemente, la historia que se oculta tras el piloto del espacio y la cámara de los huevos es lo que ahora desarrolla Prometheus. Y al menos en uno de sus tramos, lo hace con el mismo grado de inquietud y horror lovecraftiano que caracterizó a la película original.

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Producción y desarrollo

La idea de una precuela de Alien ya fue barajada por Scott en 2009. Por aquellas fechas, el propio cineasta pensó en producirla, con la intención de que fuese dirigida por el realizador publicitario Carl Erik Rinsch bajo su tutela.

Sin embargo, los ejecutivos de 20th Century Fox comprendieron que, tras el estreno de Alien vs Predator y Alien vs Predator 2, la franquicia había descendido hasta un territorio pantanoso. De ahí que pusiera una sola y convincente condición para que el proyecto obtuviera luz verde: el propio Ridley Scott tenía que ponerse al frente del equipo.

En julio de 2009, Scott aceptó. Cuando le dieron a leer el borrador firmado por Jon Spaihts, el realizador empezó a pisar terreno firme.

En palabras del director inglés, esa primera aproximación al guión ya exploraba, en clave metafórica, la cara oculta de la Luna: un mundo duro, sucio e inmisericorde, donde poderosos bio-ingenieros ensayan nuevas posibilidades de vida.

A lo largo de esa etapa, el guionista decidió que la expedición sería patrocinada por Weyland Industries (Se sobreentiende que antes de su infausta asociación con la Yutani Corporation).

Durante la segunda fase del desarrollo, el guionista Damon Lindelof reescribió el texto de Spaihts. Para no defraudar a los fans de la saga, Scott aclaró que, si bien se desarrolla en el mismo universo de Alien, Prometheus aborda terrenos desconocidos de su mitología.

Más allá de los biomecanoides de Giger, las conexiones entre ambos films son numerosas y constantes. Así, por ejemplo, Michael Fassbender interpreta a un androide de apariencia humana, construido con la misma tecnología que los robots interpretados por Lance Henriksen e Ian Holm. Ni que decir tiene que ese detalle también nos conduce hasta los replicantes de Blade Runner. De hecho, el personaje de Fassbender es un primo lejano del interpretado por Rutger Hauer.

En todo caso, la buena noticia es que, viendo la parte final de película, aún es posible que nos engañe la memoria y creamos haber regresado a 1979, cuando todavía no conocíamos la naturaleza de la bestia estelar y seguíamos temiendo por la vida de Ripley después de haber salido del cine.

Sinopsis

El equipo de científicos y exploradores a bordo del Prometheus emprende un viaje que pretende nada más y nada menos que dar respuesta a algunas de las cuestiones más trascendentales de la vida. Dos brillantes y jóvenes científicos, Shaw (Noomi Rapace) y Holloway (Logan Marshall-Green), con motivaciones absolutamente distintas, dirigen la expedición. Shaw es creyente: quiere encontrar a esos “dioses” para reforzar aún más su tradicional convicción religiosa, mientras que Holloway, por el contrario, pretende desacreditar esos espirituales dogmas. En el transcurso de su labor, estos dos arqueólogos han descubierto unos pictogramas rupestres que proporcionan pistas sobre antiguas civilizaciones que poblaron la Tierra, y todos los indicios señalan a un mismo lugar situado en un punto lejano del espacio; ambos consiguen convencer a una gran corporación, Weyland Industries, para que les financie la misión.

En el planeta, el equipo encuentra al superviviente de una civilización que controla elementos muy peligrosos, incluyendo varios recursos biológicos y biomecánicos capaces de destripar, o algo peor, a su víctima en una fracción de segundo.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes y sinopsis © Brandywine Productions. Cortesía de 20th Century Fox. Reservados todos los derechos.

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