Crítica: "Doctor Strange (Doctor Extraño)" (Scott Derrickson, 2016)

Nos habíamos distraído con la espera de otros superhéroes más conocidos, y de pronto, Doctor Extraño nos invita a pensárnoslo dos veces antes de olvidar a los secundarios del panteón Marvel. Y eso que, créanme, la formidable película de Scott Derrickson me ha obligado de reconocer que este personaje fue uno de los que más disfruté hace décadas, cuando descubrí sus cómics casi por casualidad.

Aquellos libros en rústica editados por Vértice a comienzos de los setenta me sedujeron por un doble motivo: el carisma de Stephen Strange ‒realzado por creadores como Steve Ditko, Jack Kirby o Gene Colan‒ y sus aventuras místicas, que conectaban con la moda de lo sobrenatural, omnipresente por aquellos días.

Este largometraje es una demostración, hecha desde el éxito, de que es posible actualizar una obra tan ligada a su tiempo sin perder un ápice de encanto. Y aunque hablamos de una película espectacular, enriquecida con unos efectos visuales llenos de inventiva, también se trata de un producto nostálgico, en el que no faltan detalles para consumo de los veteranos. Por ejemplo, la banda sonora de Michael Giacchino, con guiños al rock progresivo de los setenta, o la inclusión de temas legendarios de esa misma década, como "Feels so Good", de Chuck Mangione. Por no faltar, no falta ni una broma sobre Las puertas de la percepción, el libro de Aldous Huxley que fascinó a la generación del LSD y que, sin ir más lejos, fue la máxima inspiración del grupo The Doors.

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¿Me estoy yendo por las ramas? Seguro que sí. Pero la explicación es simple: Doctor Strange tiene distintas capas, y todas ellas son disfrutables. En primer lugar, echemos un vistazo a su apariencia: una narración impecable y tremendamente divertida, escenificada con buen gusto y con un despliegue visual en 3D que, a veces, parece salido de los cuadros de M.C. Escher, y otras, de un mal sueño lisérgico.

¿Quieren buenas interpretaciones? Aquí las encontrarán de primera fila. Benedict Cumberbatch encarna al protagonista con una mezcla de altanería, inteligencia, simpatía y bravura que cuadra a la perfección con el tebeo original, y que le permitirá competir con las cualidades de Tony Stark (Robert Downey Jr.) en la cúspide del imaginario Marvel (Dicho sea de paso, esa personalidad se advierte mejor en la versión original, gracias a la extraordinaria voz de Cumberbatch).

En este reparto, ya les digo, nada queda al azar, y los personajes secundarios están encarnados por actores de mucho peso. Chiwetel Ejiofor da vida al contradictorio Karl Mordo, Rachel McAdams inyecta humor y ternura a su interpretación de Christine Palmer, Mads Mikkelsen rebosa personalidad como el villano Kaecilius, y Tilda Swinton brilla en la piel del mentor de Strange, que en los tebeos era un maestro místico tibetano, El Anciano, y aquí es una misteriosa iniciada de origen celta.

A los amantes de la literatura pulp, en la que abundaron los personajes como Strange, les encantará encontrarse con una peripecia que no renuncia a esos mismos estereotipos: el misterio de un Oriente estilizado y peligroso, la presencia de hechiceros malvados y benéficos, y por supuesto, el choque del mundo real con otra dimensión mágica, que en este caso nos abre camino hacia el multiverso.

Termino con una nota para los comiqueros. El equipo creativo del film ha reconocido su deuda con dos títulos, Doctor Extraño: Dentro de Shamballa (Doctor Strange: Into Shamballa, J.M. DeMatteis, Dan Green, 1986) y Doctor Extraño: El juramento (Doctor Strange: The Oath, Brian K. Vaughan, Marcos Martin, 2006-2007). Sin embargo ‒y esta es sólo una opinión‒ la película de Derrickson me parece todo un homenaje a quien mejor supo llevar a las viñetas el delirante universo del personaje. Me refiero, claro, a su creador, el gran Steve Ditko.

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Sinopsis

De la mano de Marvel llega "Doctor Strange",  la historia del Dr. Stephen Strange, el mundialmente conocido neurocirujano cuya vida no volverá a ser la misma después de que un terrible accidente de tráfico le prive del uso de las manos. La medicina tradicional fracasa con su caso por lo que se ve obligado a buscar una curación y también una esperanza en un extraño lugar, un misterioso enclave conocido con el nombre de Kamar-Taj. No tarda en averiguar que no sólo se trata de una clínica sino que también es la primera línea de una batalla contra fuerzas oscuras e invisibles dispuestas a destruir nuestra realidad.

En poco tiempo, Strange, dotado de poderes mágicos que acaba de adquirir, se ve obligado a elegir entre regresar a su vida de privilegios y estatus social o dejarlo todo para defender al mundo convirtiéndose en el mago más poderoso.

El Departamento de Arte fue fundamental para lograr el aspecto de la película. A plena capacidad, el Departamento albergaba a 49 personas que trabajaban dibujando, esculpiendo, realizando maquetas a mano o imprimiendo en 3D. En el transcurso de la película se crearon unos 800 dibujos, 3.000 dibujos conceptuales y 40 maquetas de platós.

Se construyeron 21 platos para el rodaje. Hubo muchos platós físicos impresionantes, incluyendo el de mayor tamaño, el patio del Kamar-Taj y la calle que medía 48 por 24 metros.

En el departamento de vestuario se necesitaron hasta 100 personas durante la preparación y el rodaje de la película.

La silueta de la Capa de Levitación es muy importante en el mundo del cómic de Marvel y la creación de la capa fue el mayor reto que asumió el departamento de vestuario de Alexandra Byrne, que necesitó a 20 personas para realizar el trabajo. Se tuvieron que realizar 18 capas para usarlas en diferentes momentos del rodaje.

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En la película, el coche del Doctor Strange es un Lamborghini y lo conduce cuando ejerce de cirujano. Se necesitaron seis Lamborghini para el rodaje.

Una de las lentes de las cámaras utilizadas en la película tenía su propia historia cinematográfica ya que se utilizó en Lawrence de Arabia

Para documentarse sobre su personaje, el Dr. Stephen Strange, Benedict Cumberbatch se reunió con varios neurocirujanos, y el director, el director de fotografía y el diseñador de producción visitaron varios quirófanos y salas de urgencia de Nueva York para saber qué tipo de iluminación y texturas iban a necesitar para reproducir un entorno hospitalario realista.

Fue difícil mantener en secreto el rodaje en Nepal ya que resultó que muchos nepaleses son fans de la serie Sherlock de la BBC cuyo protagonista es Benedict Cumberbatch.  En Patan Durbar Square había varios centenares de personas coreando su nombre, así que Cumberbatch tuvo que salir a saludar a la gente desde una ventana con vistas a la plaza. Algunas chicas gritaban histéricas al ver a su ídolo.

Algunas escenas de interior se rodaron en el histórico Exeter College, que forma parte de la Universidad de Oxford. J.R.R. Tolkien fue uno de los personajes conocidos que se graduó en Exeter.

En la película, la dirección del Sanctum Sanctorum, 177A Bleecker Street, es una dirección ficticia y un guiño a los cómics. Se tardaron unos 10 meses en finalizar el diseño y los detalles del vestíbulo Sanctum Sanctorum, utilizando el oficio de cinco artistas.

Durante un descanso del rodaje en Nueva York, Cumberbatch, totalmente disfrazado, fue una tarde a tomar un té con su mujer y algunos amigos a un café de Greenwich Village. A pesar de que los neoyorquinos están acostumbrados a ver de todo, se sorprendieron al comprobar que había un superhéroe haciendo cola en un café.

En una calle de Nueva York, justo antes de rodar la última escena de la película, Cumberbatch entró en una tienda de cómics para saludar. Los que estaban allí se hicieron selfies con él y las imágenes se difundieron rápidamente por todo el mundo.

El plató de Hong Kong Street se construyó al aire libre en una vía de servicio de los Estudios Longcross en Londres y tenía 173 metros. Se utilizaron las imágenes de referencia que el Departamento de Arte había reunido en Hong Kong. El plató contaba con 35 establecimientos, incluyendo restaurantes, puestos de comida, una tintorería, un taller de automóviles, una tienda de relojes, una carnicería, una herboristería, almacenes, una papelería y una imprenta.

Las escenas de la calle de Hong Kong, una de las secuencias de acción más difíciles jamás realizadas por los Estudios Marvel, se rodaron en varias fases de destrucción: al principio estaban limpias y después se iban deteriorando poco a poco. Es lo contrario de lo que ocurre en la película ya que pasan de estar destruidas a estar limpias. Así que fue necesario envejecerlo todo, desde los rótulos de las tiendas a los vehículos. Para crear esa sensación de destrucción se utilizaron 350 toneladas de escombros.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes (Jay Maidment /Film Frame) y sinopsis © 2016 Marvel. Cortesía de The Walt Disney Company Spain. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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