Crítica: "La vida secreta de Walter Mitty" (2013). El extraño viaje

Soñar despiertos. Una experiencia que todos, en especial los aficionados a este arte tan maltratado que es el Cine, hemos tenido alguna vez y no sólo cuando éramos niños.  La sala de proyección es sólo un pretexto: soñamos en voz alta en la ducha, al volante, mientras pasamos la aspiradora o hacemos la compra. Soñamos para evadirnos, como le ocurría a aquel hombrecillo que cobraba vida en el cuento de James Thurber The Secret Life of Walter Mitty, publicado en The New Yorker el 18 de marzo de 1939, que fue un enorme éxito de ventas y teletransportó a miles de norteamericanos hacia un mundo de sueños que servían para escapar de la cruda realidad del día a día de aquellos años bélicos y convulsos.

No tardó el Cine en hincarle el diente a la historia, y lo hizo apenas ocho años después en una versión de RKO protagonizada por Danny Kaye y Virginia Mayo, con Boris Karloff y Ann Rutherford en papeles secundarios, que rompió las taquillas y confirmó el tirón comercial de la aventura del pobre Walter Mitty, el editor de novelas de bolsillo que aprovechaba los cuarenta segundos del semáforo en rojo para convertirse en piloto, médico, caballero con armadura o lo que su mente volátil e inabarcable pudiera disponer.

A aquel Walter de los 40 le pasaba lo mismo que al que ahora llega a las pantallas convertido en Ben Stiller: que pasa de la ensoñación y el riesgo imaginados a vivir la aventura en sus carnes tras una toma de conciencia poco o mal explicada, y tras romper la barrera de lo real y lo fantástico de forma que, ya adelanto, me parece que el espectador no llega a descifrar.

El contexto en el que se nos sitúa al personaje de esta fábula es la mítica revista Life, que acaba de ser adquirida por un gigante de la Red y va a dejar de editarse en soporte de papel.

Stiller y su guionista Steve Conrad no hacen un remake del Walter Mitty de Samuel Goldwyn y Norman Z. McLeod, sino que convierten el cuento en una oda a la prensa escrita que desaparece ante el nacimiento de una nueva era de publicaciones on-line.

Es una película hija de su tiempo, emocionada ante el mundo al que rinde tributo, más que una nueva lectura del original literario o de la primera versión cinematográfica. Hasta cierto punto, tenía derecho a buscar otro enfoque el hijo de Goldwyn, Sam Jr., que llevaba desde 1990 intentando levantar este proyecto contra viento y marea, y que ha recuperado la historia que su padre trasladó al Cine sorteando los pleitos del autor, que nunca habló bien de la versión cinematográfica de 1947. Nos atrevemos a aventurar que, si viera ésta, se volvería a la tumba con el susto en el cuerpo.

En su nacimiento, en enero de 1883 con una primera sede en el 1155 de Broadway, Life fue una publicación satírica basada en un lema que jugaba con las palabras y las apariencias: “Mientras hay vida (Life), hay esperanza”. Ha pasado de ser un semanal a publicación mensual, insertada en diarios como suplemento dominical, pero su cabecera y su historia periodística de primera magnitud convierten a Life en un referente de primer orden para todo el que quiera fabular, o hacer elegía, con el periodismo tradicional y romántico de los soportes en papel, al borde de un colapso que nadie quiere pero todos vemos inevitable. 

En este homenaje que La vida secreta de Walter Mitty hace al papel como soporte inmortal del periodismo, el lema de la revista muta hacia una defensa de la aventura y lo aventurero, lo cual sin duda debió llamar la atención de directores como Ron Howard o Steven Spielberg, que han rondado en torno a este proyecto durante 20 años, y de Jim Carrey y Sacha Baron Cohen, que han flirteado con el personaje en las diferentes fases de su proceso de gestación. 

El Mitty de Stiller es un documentalista encargado del archivo de negativos, y el de Kaye era editor de novelas de bolsillo, un terreno mucho más propicio a inventar historias y mucho menos mecánico que el que le confiere esta versión tan bien envuelta como vacía en su contenido.

Mitty emprende un extraño viaje por Groenlandia, Islandia, Afganistán, que debería ser uno de sus sueños, pero con el que se nos hace creer que todo ocurre en realidad después de haberse mostrado con alarde de efectos especiales los brotes de desenfrenada imaginación del protagonista.

¿Realismo o fantasía? Buscarle la lógica al relato resulta banal, pero el barniz naturalista que intenta imprimir Stiller a la tragedia del colectivo que ve morir su oficio no se compadece con esa falta de verosimilitud que tiene el relato narrado desde la fina frontera de lo verídico y lo irreal.

Cheryl (Kristen Wiig) le cambia la vida al hacerle sentir el compromiso de vivir las aventuras que sueña para recuperar un negativo que presuntamente se ha extraviado, un McGuffin que permite entrar en la narración al verdadero personaje aventurero, al que sí sueña realmente lo que vive, al fotógrafo Sean O’Connell (Sean Penn), que no tiene hogar fijo, ni teléfono móvil, ni se sabe nunca en qué latitud del mundo se encontrará plasmando con su cámara la irrealidad del planeta.

Junto a la aparición entrañable y magnífica de Shirley MacLaine como la madre dependiente de Mitty, la aportación de Penn es lo mejor de esta comedia vitalista tan confusa como confundida. (Sumemos en ese capítulo de amplios cameos al Benjamin Button de Scott Fitzgerald, en un gran momento de la película).

Sinopsis

Walter Mitty: n. Una persona corriente dada a ensoñaciones llenas de aventuras que superan con mucho a la vida real

Nadie conoce verdaderamente el poder de los sueños íntimos que tienen lugar dentro de nuestras cabezas… hasta que inspiran nuestra vida real. Eso es lo que ocurre en el replanteamiento contemporáneo al que Ben Stiller somete a uno de los relatos fantásticos más influyentes de todos los tiempos; más aún, al relato por excelencia sobre el irresistible encanto del fantaseo: La vida secreta de Walter Mitty, de James Thurber. Stiller ha tomado ese clásico de dos páginas y media, publicado en 1939 y, abriéndolo, lo ha convertido en una epopeya cómica del siglo XXI acerca de un hombre que descubre que su vida real está a punto echar por tierra a su desenfrenadamente hiperactiva imaginación.

Este Walter Mitty (Stiller) es la versión moderna de alguien que sueña despierto, el editor fotográfico normal y corriente de una revista que, con regularidad, se toma unas vacaciones mentales y se evade de su aburrida existencia desapareciendo en un mundo de fantasías iluminado por un gallardo heroísmo, amores apasionados y constantes triunfos sobre el peligro. Mas cuando Mitty y su compañera de trabajo, a la que adora en secreto (Kristen Wiig),se ven en auténtico peligro de perder sus empleos, Walter debe hacer lo inimaginable: pasar de veras a la acción embarcándose en un viaje alrededor del mundo más extraordinario que cualquier cosa que él pudiera haber inventado.

A Stiller, La vida secreta de Walter Mitty le brindó una rara ocasión de examinar de nuevo, desde otra época, un relato norteamericano que marcó un hito. Hace mucho, siendo alumno de enseñanza secundaria, se tropezó por primera vez con el relato de Thurber: un cuento que casi acto seguido de su publicación en The New Yorker comenzó a tener una repercusión que su extremada brevedad no permitía adivinar. En los años cuarenta inspiró una idolatrada comedia cinematográfica, numerosas obras de teatro y dejó esculpida en el léxico popular la frase “ése es un Walter Mitty”, referida a alguien que dedica más energía a irse por las ramas con ensoñaciones que a la vida real.

Ahora, Stiller vio la oportunidad de introducir al incesantemente escapista personaje de Thurber en la complejidad sin restricciones de nuestra época de redes sociales, recortes y reequipamiento, y llevar su historia más allá, desde los puntos de vista cómico, dramático y cinematográfico, añadiendo a la mezcla el completo espectáculo visual de la moderna realización cinematográfica.

“Lo que me encanta del relato es que resulta imposible clasificarlo”, afirma Stiller. “Tiene comedia, tiene drama, es un relato de aventuras, es real y, a la vez, fantásticamente superrealista. Pero en el fondo de todo ello se encuentra un personaje con el que, en mi opinión, todos pueden conectar, alguien que parece simplemente estar cumpliendo con las formalidades de la vida moderna pero que dentro de su cabeza, está viviendo una vida totalmente distinta. Para mí, personifica todo aquello que imaginamos sobre nosotros y sobre el mundo pero que nunca decimos”.

Copyright del artículo © Víctor Arribas. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © 2013 Red House Entertainment y Twentieth Century Fox Film Corporation. Cortesía de  Hispano Foxfim. Reservados todos los derechos.

 

Víctor Arribas

Como estudioso del séptimo arte, Víctor Arribas ha escrito artículos de tema cinematográfico en la revista Nickelodeon y en el periódico El Mundo. Entre otras obras, es autor de los libros El cine negro y El cine de los Hermanos Marx, publicados por Notorious Ediciones. Asimismo, ha coescrito El universo de Woody Allen y El universo de Clint Eastwood. Dirigió y presentó el programa de cine Flashback en Onda Madrid, y formó parte del equipo de colaboradores de los programas Cine en Blanco y Negro y Querer de cine, dirigidos por José Luis Garci en Telemadrid.

Desde 1990 hasta 2004, dirigió los espacios locales de Madrid en los Servicios Informativos de Onda Cero. Durante siete temporadas, presentó el informativo Telenoticias 1, en Telemadrid, cadena en la que también se hizo cargo del programa de debate Madrid Opina. En 13tv dirigió y presentó Al Día. Fue subdirector de informativos en ABC Punto Radio y colabora en La noche del canal 24 horas, en TVE.

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