Buscar otros mundos

Cuando se habla de proyectos como la exploración espacial y la búsqueda de planetas semejantes al nuestro, es frecuente que se opine que sería mejor gastar ese dinero “en algo útil”.

Desde hace siglos la posibilidad de otros mundos habitables ha inquietado la mente de escritores y pensadores de todo tipo, incluyendo científicos. Tradicionalmente, tales nociones habían pertenecido al reino de la fantasía, y más recientemente, al de la ciencia ficción.

Ya Luciano de Samosata, en el siglo II, y Cyrano de Bergerac, en el XVII, soñaban con viajar a la Luna, aunque Galileo descubrió que era desértica y poco acogedora. Aun así, Julio Verne escribió sobre un viaje a la Luna, y H. G. Wells imaginó en ella una civilización subterránea. Marte fue otro candidato favorito. Percival Lowell creyó ver en su superficie señales de vegetación. El avance de la astronomía y la exploración espacial lo refutaron: ni la Luna ni Marte ni ningún otro planeta de nuestro Sistema Solar presentan condiciones adecuadas para que los humanos puedan establecerse y vivir en ellos.

Pero en 1995 se descubrió el primer “planeta extrasolar” que gira alrededor de una estrella, y hoy se conocen casi 1 900. Algunos parecen tener un tamaño, distancia a su estrella y otras características —como presencia de agua— similares a la Tierra. Si pudiéramos viajar a las estrellas, quizá no sería tan difícil hallar un segundo hogar para la humanidad.

Pero, ¿para qué? ¿Por qué se emplean millones de dólares en investigación y exploración espacial en enviar satélites, sondas y robots rodantes a explorar la Luna, Marte y otros rincones del Sistema Solar, y en escudriñar con telescopios las regiones más lejanas?

La respuesta la sabían los escritores de ciencia ficción que vivieron la amenaza nuclear durante la Guerra Fría, el siglo pasado: la humanidad ha llegado a un momento en su historia en que puede destruirse a sí misma. Si no a través de las armas, gracias a las alteraciones que ha ocasionado en el ambiente. E incluso sin eso, el simple aumento de la población inevitablemente hará necesario buscar un nuevo lugar para continuar el desarrollo de nuestra especie. Y de cualquier modo, los astrofísicos predicen que en unos 7 000 millones de años el Sol entrará en su fase final de gigante roja y aniquilará a la Tierra.

Inevitablemente, la humanidad necesitará expandirse o emigrar a otros mundos para sobrevivir. Así que la exploración espacial y la búsqueda de otros mundos distan mucho de ser inútiles. Sólo hay que tener visión de largo plazo. Quizá las ideas de imperios o federaciones galácticas algún día sean realidad.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

 

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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