Facebook: ¿distracción o adicción?

Facebook: ¿distracción o adicción? Imagen superior: Ben Raynal, CC

Las redes sociales son un gran invento. Una forma de comunicación, una posibilidad de conocer a personas diferentes y lejanas, un medio de expresión, un ágora en la que se puede discutir acerca de temas que nos interesen… Incluso podemos convertirnos en opinadores, en personas que lanzan ideas que otros comparten, siguen o discuten.

Si nuestro trabajo es anodino, se puede jugar a ser importante. ¿Y quién nos dice que algo de lo que escribimos no llega a oídos de algún gurú de la cosa y se fija en nosotros para sabe Dios qué?

Construir conocimiento, dicen los teóricos de la Web 2.0. La inteligencia colectiva. Eso de los expertos es algo superado… Bien. Esta es la teoría. La mejor teoría. En la práctica podemos decir otras cosas. Muchas cosas. No todas buenas, desde luego.

Las redes sociales, como la vida, tienen un lado oscuro que no se puede obviar. En ellas se reproduce lo mejor y lo peor de la vida en sociedad. Y no es fácil resguardarse.

Hay un libro que siempre recomiendo La vida resguardada, de Ellen Glasgow. Narra la tranquilidad serena de una persona que tiene un entorno seguro y que se tambalea en determinado momento. Porque no todo el mundo es bueno ni tiene buenas intenciones, como sabemos. Lo que ahora se llama “personas tóxicas” pululan por el éter virtual. Se muestran a veces como son, pero otras disfrazan su actitud y pueden llegar a cercarte, a convencerte de algo en lo que no crees.

En las redes sociales, como en la vida, hay de todo. Buenas y malas personas. Gente humilde y gente soberbia. Amigos y enemigos. Pero, así como en la vida el encontrarse frente a frente genera un dique de contención, en las redes esto es casi imposible. El que escribe, se siente superior, aislado, libre, dispuesto a entregar lo que tiene dentro al aire que lo lee. El que lee, se puede incluso dar por aludido, creerse que aquello se ha escrito por él, que va dirigido a él. Los malentendidos son cosa diaria. Las disputas, los bloqueos, las malas contestaciones.

Hay muros especialmente complicados, aquellos en los que se reúne un número elevado de gente que no tiene nada en común. Hablaba de todo esto hace unos días con una amiga no asidua. Conforme las palabras iban deslizándose entre las dos, de ese modo confidencial en el que hablas con total tranquilidad cuando confías en la otra persona, entendí que, por mucho que intentes resguardarte, la avalancha puede cubrirte de agua en un momento.

Crees que controlas, pero en realidad no lo haces. Crees que estás usando una distracción sin más, pero descubres que se ha convertido en una adicción.

–¿Cuál es tu hogar, el sitio en el que te encuentras contigo mismo? –le pregunté a alguien hace unos días.

–Mi hogar es Facebook. Es el sitio en el que estoy más relajado, en el que puedo ser yo mismo –fue su respuesta.

–Entonces –le dije–, tienes un problema. Eso es una adicción.

–No lo creo –me contestó–. Yo me lo paso bien. Si es una adicción, es buena, en todo caso.

Acto seguido comenzó a contarme cosas de su muro. Amigos con los que había discutido. Gente a la que había bloqueado. Personas que nunca había visto, cuya foto de perfil cambiaba y de los que comentaba incidentes como si fueran los vecinos del bloque de al lado. Cientos de amigos virtuales con los que no había tomado ni una cerveza. Montones de personas que podían ser otras o que, siendo ellas mismas, ofrecían en la red aquello que querían que fuera visto.

Le dije que tuviera cuidado. Se rió. No quiso creerme cuando le comenté que las adicciones son todas malas, que no hay adicción buena, ni siquiera el amor cuando no te deja vivir. Ah, el amor.

Entonces me contó que tenía amistad “íntima” con una chica que había conocido en Facebook.

–¿Salís? –le digo.

–Bueno, hablamos mucho –me contesta.

–Pero ¿la has visto alguna vez?

–No, claro que no, pero hablamos mucho.

Bien –pensé–. ¿Qué significa hablar? ¿Estar sentado tecleando oyendo palabras de doble sentido e imaginar que alguien te quiere solo porque clica en tu post y te dice me gusta?

Siguió riéndose y diciendo que era muy entretenido. Que, en las noches, se sentía acompañado por una pléyade de gente que, en sus casas, se sentaban como él delante del ordenador y comenzaban a visitar los muros como si fuera una ronda de bares.

–Pero los bares están bajando la escalera –le dije.

–Ah, claro, eso es lo peor, tener que moverse. Aquí se está mejor, más seguro.

Entonces entreví un mundo en el que nadie se miraba a los ojos. Y en el que todos, a la hora incierta del atardecer, tecleaban con fiereza y una sonrisa idiota pensando en que estaban en medio de la vida y no en sus márgenes.

Copyright © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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