Los edificios de la ciencia

Los edificios de la ciencia Imagen superior: Klaus Stiefel, CC

¿Se puede construir un edificio de 200 pisos? ¿O uno que tenga forma de hélice, o que se mueva con el viento, o que gire?

La respuesta más sencilla es decir que no. Fin de la historia.

Pero esa respuesta no tiene chiste; no es creativa. ¿Qué tal si en efecto se puede? Los científicos juegan un juego parecido a éste. Juegan a construir historias coherentes que expliquen algo. No necesariamente tienen que ser reales (de hecho, a veces no se puede probar si son reales), pero sí deben proporcionar una explicación completa, coherente, sin grandes huecos.

Un ejemplo es la explicación del origen de la vida. Podría decirse que fue creada por un dios, pero eso no explica nada. También puede decirse que la vida no tuvo un origen, que ha existido desde siempre, pero esa tampoco es una explicación útil: niega el problema, no lo resuelve.

Podría decirse, asimismo, que la vida no surgió en la Tierra, sino que vino de otro planeta, desde donde llegó aquí, quizá enviada por seres inteligentes (de hecho, esta teoría existe: se llama “panespermia dirigida”). Nuevamente, el problema persiste: ¿cómo surgió la vida en ese otro planeta?

O bien, puede decirse que la vida surgió en la Tierra a partir de un proceso de evolución química. Claro, lo mismo podría haber sucedido (tendría que haber sucedido, según algunos especialistas) en otros planetas.

Lo importante es que, con este último enfoque, el problema se replantea: lo importante ya no es dónde surgió la vida, ni cuándo, sino cómo. Si logramos contar con una descripción natural, coherente y más o menos completa del proceso que puede llevar de la materia inanimada, tan común en el cosmos, a seres vivos que pueden evolucionar y hasta adquirir conciencia, el hecho de que tal relato no pueda comprobarse pierde importancia. En vez de cerrar el caso, se han abierto nuevas vías de investigación, que permiten avanzar y descubrir nuevos datos, nuevo conocimiento, nuevas posibilidades.

Las historias que construyen los científicos −sobre todo las grandes historias− son como esos edificios que alguna vez alguien imagina y que pueden nunca llegar a ser construidos, si se presta oídos a quienes niegan que puedan construirse. Pero cuando el científico audaz logra construir uno de esos edificios-relatos, la satisfacción que obtiene es la misma que la de un arquitecto que ve, por fin, terminada la obra que una vez fue sólo un sueño en el que nadie creía.

Con una diferencia: los edificios de los científicos nunca llegan a estar terminados.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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