No hay cultura sin ciencia

El quehacer científico forma parte de lo que entendemos por cultura. Sin embargo, todavía son muchos los que se preguntan sobre la relación que existe entre ambos conceptos. La respuesta puede ser muy sencilla o muy compleja, pero si algo está claro es que en nuestra sociedad del conocimiento no hay cultura sin ciencia.

No obstante, si suele considerarse como incultos a los que muestran carencias en conocimientos de corte humanístico, no se les otorga el mismo estatus a aquellos otros que muestran deficiencias en sus conocimientos sobre ciencia o tecnología, por muy básicos que éstos sean, lo cual reafirma una falsa dicotomía que pone por un lado a la Ciencia y por otro a lo que se ha venido considerando Cultura: Ciencia como actividad racional, objetiva, fría y aburrida, reservada a un pequeño grupo de especialistas, en tanto que lo que entendemos por Cultura sería subjetivo, irracional o emotivo.

Pero no es menos cierto que los que podríamos calificarnos analfabetos científicos hemos recibido una enseñanza de la ciencia oculta tras un gran aparato matemático, volcada en la utilización de fórmulas, con planteamientos casi exclusivamente cuantitativos y altamente tecnificada. Por ello, para que las ciencias formen parte integral de la cultura deben llegarnos, tanto por parte de los científicos, como de los agentes educativos y culturales, en un lenguaje que comunique el valor, la utilidad y la importancia de sus conocimientos y desarrollos.

El aumento de los conocimientos científicos en diversos campos está permitiendo a las ciencias dar respuestas a preguntas a las que tradicionalmente respondían literatos, teólogos y filósofos: quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Están también respondiendo a los clásicos temas románticos de los sentimientos y la razón, el cuerpo y el alma, la vida y la muerte.

El éxito de obras de divulgación científica muestra que hay un público que demanda nuevas explicaciones de la naturaleza, del universo y de la especie humana que estén soportadas por avales científicos, que sean objetivas y estén probadas.

Así, el abismo o cisma entre las ciencias y las letras no se ha salvado mediante una síntesis entre ambas. Más bien, algunos científicos están empezando a trasladar sus conocimientos a los temas tradicionales de las humanidades, como es el caso del movimiento conocido como la Tercera Cultura, fundado por John Brockman y compuesto por científicos y pensadores que a través de sus escritos están reemplazando a los intelectuales tradicionales en dar explicaciones para las grandes preguntas filosóficas sobre el origen del universo, sobre la naturaleza humana o sobre el origen de la vida.

Copyright del artículo © Alfredo Llopico Muñoz. Reservados todos los derechos.

Imágenes: NASA

Alfredo Llopico Muñoz

Gestor Cultural de la Fundación Caja Castellón desde 2002. 

Licenciado en Geografía e Historia, Alfredo Llopico realizó los cursos de doctorado en Historia del Arte en la Universidad de Valencia y el Máster de Gestión de Recursos Culturales de la misma universidad. Se inició en el ámbito de la gestión cultural por medio de la organización y coordinación de actividades del área de cultura del Ayuntamiento de Onda, entre 1995 y 2002.

Desde 2003 hasta 2005, fue director de la Galería L'Algepsar de Castellón y participó en proyectos de sensibilización intercultural como Ecuapop, los de aquí, los de allí.

Asimismo, es colaborador de El Mundo y del suplemento cultural de El Periódico Mediterráneo.

Sitio Web: agitaciondesdelaperiferia.blogspot.com.es

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