Periodismo, salud y responsabilidad

¿Puede el periodismo causar daño? Sin duda, de muchas maneras, que se resumen en una: al desinformar. Es decir, al difundir información falsa, inexacta, tendenciosa o insuficiente.

Hablando del periodismo científico en particular, hay una especialidad que tiene una responsabilidad sustancialmente alta: el periodismo médico, que aborda temas de salud. La razón es obvia: mucha de la información que se difunde es leída y dada por buena por muchos lectores, que con base en ella llegan incluso a tomar decisiones –iniciar o abandonar tratamientos, confiar o no en ciertas terapias, cambiar hábitos– que pueden afectar de manera decisiva su salud.

Pero, ¿quién garantiza la calidad y confiabilidad médica y científica de la información sobre salud que se publica en los medios masivos?

En un mundo ideal, habría periodistas especializados en el tema, que tendrían no sólo una formación como comunicadores, sino también conocimientos suficientes –no necesariamente profundos, pero sí amplios y sólidos– sobre temas médicos. Que pudieran distinguir la medicina legítima de las incontables charlatanerías médicas, que fueran capaces de comprender y comunicar las noticias sobre salud de manera comprensible y sin exageraciones ni distorsiones, y que en caso necesario pudieran acudir a especialistas médicos para asesorarse y complementar su información.

En el mundo real, las cosas son muy distintas. No existen espacios para formar a tales comunicadores especializados; y cuando los hay, las redacciones de periódicos y noticieros no suelen valorar la importancia de los temas médicos (y científicos, en general) como para invertir en contratarlos y pagarles adecuadamente. En su lugar, para cubrir dichos temas, suelen asignar a periodistas sin formación específica, que van improvisando su labor como mejor pueden.

Esto causa varios problemas. Uno es la exageración: frecuentemente se presenta alguna investigación médica como “excepcional” y “novedosa”; se infla su importancia e impacto, con la intención de lograr que los medios la publiquen como noticia. Lo curioso es que, al contrario de lo que uno pensaría, esto no suele ser tanto culpa de los reporteros que trabajan en los medios, sino de las universidades e institutos de investigación.

Y es que por desgracia en todo el mundo –y por supuesto en nuestro país– la carencia de especialistas hace que el periodismo en temas de ciencia y salud dependa, en buena medida, de los comunicados de prensa que suelen emitir las instituciones de investigación. Dichos comunicados, normalmente redactados por comunicadores contratados específicamente, y muy frecuentemente en colaboración con los investigadores involucrados en el trabajo que se difunde, son tomados por los medios de comunicación como fuentes confiables, y muchas veces son reproducidos textualmente.

En un reciente artículo en el sitio de internet Vox, Julia Belluz comenta una investigación publicada en el British Medical Journal en que, a partir de 462 comunicados de prensa, que se compararon con las noticias que se publicaron a partir de ellos (y con los artículos científicos originales), se halló que la exageración en las noticias de salud proviene en gran medida la que ya incluyen los comunicados de prensa emitidos por las instituciones de investigación.

Otro estudio, también comentado por Belluz y publicado en la revista PLOS Medicine, muestra que las noticias de salud publicadas en los medios suelen contener sesgos, exageraciones, omisiones o conclusiones no justificadas (como extrapolar a humanos hallazgos hechos en animales) que desinforman al lector, y que pueden afectar las decisiones o la percepción que éste tenga sobre dichos temas.

¿Cómo solucionar estos problemas? Belluz y los autores de los estudios mencionados abogan por fomentar y mejorar la formación de periodistas especializados en salud (y en ciencia en general) que trabajan en los medios. Pero también de los que laboran en las oficinas de comunicación de universidades e instituciones de investigación, y de los científicos que hicieron la investigación original, pues también ellos comparten la responsabilidad de que la información que llega a los ciudadanos sea correcta y útil.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en Milenio Diario. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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