Biodiversidad urbana: aprender a mirar

Biodiversidad urbana: aprender a mirar Imagen superior: Cauce urbano de la ciudad de Funchal, Madeira / Gonzalo Pera

Vivir en la ciudad no tiene por qué significar vivir de espaldas a la naturaleza. Las ciudades son el hogar de una sorprendente variedad de vida silvestre, no necesariamente cosmopolita. Si algo caracteriza a las ciudades es el cambio y allí donde haya oportunidades habrá especies que las aprovechen. El entorno urbano está lleno de posibilidades; si no que se lo digan a la pareja de halcones peregrinos, Falco peregrinus, que ha criado este año en la catedral de Salamanca.

El hombre es una pieza más en el puzle de la biodiversidad urbana. A gran escala se aprecia una correlación positiva entre la densidad de la población humana y la riqueza de especies de plantas y vertebrados, lo que indica que los humanos se han asentado preferentemente en áreas que disponen de muchos recursos y, por tanto, con una gran diversidad de especies. Cuando descendemos a una escala local la cosa cambia, ya que la urbanización simplifica los hábitats y empobrece las comunidades de plantas y animales.

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Imagen superior: urraca, ‘Pica pica’, Mario Díaz

Un estudio reciente ha descubierto que de las 10.052 especies de aves que existen en el mundo, 2.041 (20%) habitan en las ciudades. Este porcentaje se reduce al 5% (14.240 ) en el caso de las de plantas vasculares, de las que hay contabilizadas 279.107 especies. Curiosamente, hay pocas especies cosmopolitas. En el caso de las aves hay cuatro especies presentes en más del 80% de las ciudades estudiadas: paloma bravía, Columba livia (51 ciudades); gorrión común, Passer domesticus (48); estornino vulgar, Sturnus vulgaris (44); y golondrina común, Hirundo rustica (43).

Son muchas las ciudades respetuosas con la naturaleza. Bruselas, por ejemplo, alberga más del 50% de las especies vegetales de Bélgica. Otras ciudades europeas que han tenido en cuenta la conservación de la naturaleza en su planificación urbana son las ciudades alemanas de Berlín y Bonn. En esta última se han registrado 219 especies de aves, 108 de las cuales crían en la ciudad, lo que representa el 40% de las aves nidificantes de Alemania, y 56 especies de mamíferos. En algunas urbes, los carnívoros de mediano tamaño como zorros, tejones, coyotes o mapaches, incluso pueden llegar a alcanzar densidades más elevadas que en su hábitat natural.

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Imagen superior: flora silvestre en un desagüe urbano/ Gonzalo Peral.

Cuando hablamos de biodiversidad urbana lo primero que se nos viene a la cabeza son los parques, jardines y huertos urbanos. Y es que los parques urbanos pueden considerarse como “puntos calientes” de biodiversidad en las ciudades. En Flandes, una región septentrional de Bélgica que se caracteriza por ser es una de las zonas más densamente pobladas del mundo, se ha visto que en 15 parques están representadas el 30% de las especies de plantas silvestres, el 40% de las mariposas, el 50% de las aves reproductoras y el 60% de los anfibios de la región. Incluso los pequeños jardines particulares desempeñan un papel crucial en el mantenimiento de la biodiversidad; en la ciudad británica de Sheffield un estudio realizado en 61 jardines arrojó la cifra de 1.000 especies de plantas, 80 de líquenes y 4.000 de invertebrados. Los jardines resultan especialmente atractivos para polinizadores como las abejas, mariposas y otros insectos.

Los edificios históricos son buenos aliados de los murciélagos, y de muchas aves rupícolas que encuentran en ellos huecos o cavidades apropiadas para construir sus nidos. Como el cernícalo primilla, Falco naumanni, una especie vulnerable que forma importantes colonias en el casco antiguo de ciudades como Cáceres, o Sevilla, donde es inquilino de la Giralda. Pero hay otras aves protegidas que muestran querencia por viejas edificaciones como, la lechuza común, Tyto alba, el mochuelo, Athene noctua, o el autillo, Otus scops, entre las rapaces nocturnas; el vencejo común, Apus apus, la golondrina común, Hirundo rustica, el avión común, Delichon urbica, la grajilla, Corvus monedula, o la popular cigüeña blanca, Ciconia ciconia, icono de nuestras iglesias.

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Imagen superior: lagartija de Madeira, Teira dugesii, muy común en la ciudad/ Gonzalo Peral

En los muros antiguos -de piedra con mortero- que de alguna manera son una réplica de cortados rocosos, se originan fisuras y grietas que pueden ser colonizadas por especies pioneras, generalmente con preferencias alcalinas; las que colonizan los ladrillos se inclinan por sustratos más ácidos.

La colonización de muros de piedra es un proceso muy lento que se inicia con los musgos y los líquenes. Con el paso de los años estas especies pioneras dan lugar a una fina capa de sustrato en el que enraízan helechos y plantas superiores. Diversos invertebrados como insectos, arácnidos, miriápodos o moluscos encuentran refugio en las paredes, al igual que sucede con reptiles como la lagartija ibérica, Podarcis hispanicus, o la salamanquesa común, Tarentola mauritanica.

Un tipo de hábitat que suele pasar desapercibido son los terrenos baldíos que existen en todas las ciudades como consecuencia del abandono de edificios, instalaciones industriales, vías de comunicación, etc. Estos enclaves, generalmente dispersos en la trama urbana, ofrecen multitud de microhábitats (suelo desnudo, escombros, maderas…), que en ocasiones son colonizados por especies raras o exóticas. Aunque muchos de estos lugares no sean especialmente agradables desde un punto de vista estético, acogen una rica biodiversidad que debemos cuidar. Por ejemplo, en Birmingham se estudiaron cuatro parques sometidos a una fuerte intervención humana y se vio que reunían un 18% del total de las especies de insectos inventariadas, mientras que en cuatro solares abandonados esta cifra se elevaba al 82%.

Además, un lugar inhóspito como es un recinto industrial, también permite disfrutar de la presencia de un ave tan atractiva como el chorlitejo chico, Charadrius dubius. Es el caso de la colonia nidificante de este pequeño limícola ubicada en una fábrica de la periferia de Torrelavega (Santander).

Lo más llamativo es que el seguimiento de esta colonia ha permitido observar cómo los chorlitejos han abandonado progresivamente las áreas con un hábitat más adecuado para la cría y se han concentrado en zonas con una mayor actividad humana, donde hay menos depredadores.

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Imagen superior: Tórtola turca, ‘Streptopelia decaocto’ / Mario Díaz

La biodiversidad urbana se nutre de los espacios naturales que las ciudades aún conservan, como bosques, humedales, etc. Los ríos son particularmente interesantes ya que constituyen un elemento diversificador. Cuando los ríos no han sido intervenidos por el hombre, la sedimentación fluvial puede dar lugar a sotos y pequeñas islas de limos y arenas, que son colonizados por la vegetación natural y una fauna muy diversa. Pensemos en el río Guadalquivir a su paso por Córdoba y en los Sotos de la Albolafia, catalogados como Monumento Natural. En este pequeño espacio 120 especies de aves, la mayoría de ellas protegidas, encuentran un lugar en el que vivir o recalar en distintas épocas del año. Junto a diversas anátidas, garzas y limícolas, encontramos también especies marinas, como gaviotas y cormoranes, sin olvidarnos del colorido martín pescador, Alcedo athis. Llaman la atención también las nutrias, Lutra lutra, que pueden ser observadas por los paseantes.

En el año 2020 se espera que el 80% de la población europea viva en ciudades. Por eso debemos trabajar para crear ciudades más verdes y más amables. Es lo que persigue la red mundial de ciudades biofílicas impulsada por un grupo de investigadores de la Universidad de Virginia, cuyo objetivo es integrar la naturaleza en la vida urbana. Una de las ciudades de la red es Vitoria-Gasteiz, que ya fue elegida Capital Verde de Europa en 2012. La fuerte apuesta de la ciudad vasca por la restauración y recuperación del paisaje agroforestal de su periferia urbana es un ejemplo a seguir por aquellas ciudades en las que el asfalto sigue siendo el principal protagonista.

Copyright del artículo © Carmen Martínez. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en The Cult con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Carmen Martínez

Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Los artículos de Carmen Martínez se publican en The Cult con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Sitio Web: www.mncn.csic.es

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC