Clasificar

Clasificar Imagen superior: Jinterwas, CC

El ser humano —y también muchos animales— tiende, de manera natural, a clasificar. Clasifica a sus congéneres en machos y hembras; en jóvenes, adultos y ancianos; en grandes y pequeños, y de muchas otras maneras. Clasifica a los seres que lo rodean: en animales (domésticos, ganado, aves y depredadores) y plantas (de ornato, hortalizas y malezas).

Una de las formas más obvias de clasificar es a partir de las características físicas de los objetos. Las rocas son duras; el agua y la lana son blandas. Hay flores blancas, rojas y amarillas.

Las primeras clasificaciones biológicas aparecieron mucho antes de que existiera la biología. Los pueblos de cualquier parte del mundo parecen clasificar a plantas y animales en grupos distintos, y luego a distinguir clases de plantas y clases de animales, tomando en cuenta sus características: tamaño, forma, color, número de patas, presencia de alas, plumas, pelo, etcétera. Basta ir a un mercado en cualquier continente para hallar clasificaciones más o menos equivalentes.

Uno de los primeros intentos de clasificar científicamente a los animales, por ejemplo, fue propuesta por Aristóteles en el siglo IV antes de nuestra era. Además de la anatomía, tomaba en cuenta su fisiología. Los dividía en animales con sangre (que corresponden aproximadamente a los vertebrados) y sin sangre (equivalentes a nuestros invertebrados). Luego dividía a los animales con sangre en los que daban a luz crías vivas y a los que ponen huevos, algo muy cercano a lo que hoy conocemos como mamíferos, por un lado, y aves, reptiles y peces, por el otro. Los animales sin sangre, a su vez, los dividía en insectos, crustáceos (que tienen concha) y moluscos, que carecen de ella.

Durante siglos se siguió tratando de clasificar a los seres vivos por su forma, características físicas y fisiología. Pero hay otras formas de clasificar las cosas. Por ejemplo, por su historia.

Cuando Charles Darwin propuso, en 1859, que todos los seres vivos descendíamos de ancestros comunes por medio de la selección natural, quedó claro que la mejor clasificación, la más natural, sería la que tomara en cuenta su linaje, el parentesco evolutivo entre las distintas especies. Luego, cuando en 1953 se descubrió la estructura molecular del ADN, comenzó a ser posible analizar la información genética contenida en él para descubrir las relaciones evolutivas entre los seres vivos y clasificarlos de acuerdo con éstas.

Hoy, la clasificación biológica, que se sigue afinando y a veces nos da sorpresas, es más parecida a un árbol genealógico que a un catálogo de las características anatómicas y fisiológicas de los organismos. Porque, en el fondo, la biología es historia.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

 Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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