El dodo, ¿un pájaro bobo?

El dodo, ¿un pájaro bobo? Imagen superior: esqueleto y modelo de un dodo (BazzaDaRambler, Oxford University Museum of Natural History).

A finales del siglo XVII la isla Mauricio, un pequeño pedazo de paraíso perdido en el Océano Índico, fue testigo de la extinción de uno de sus habitantes endémicos, el dodo, paradigma de la extinción provocada por el ser humano.

Ya conocida por los marineros árabes y malasios en el siglo X, la tranquilidad de esta isla y su fauna se vio alterada en el siglo XVI cuando fue, primero descubierta por los marineros portugueses, y después colonizada por los holandeses. Quién le iba a decir al pobre dodo, al que Linneo dio el nombre de Didus ineptus, que poco más de un siglo después de la llegada de estos intrusos su presencia en la isla, y con ella una información biológica única e irrepetible acumulada lentamente a lo largo de generaciones, iba a desaparecer para siempre.

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Imagen superior: dodo pintado en 1626 por Roelant Savery.

A partir de ese momento, lo único que nos ha quedado de esta enigmática criatura son los dibujos realizados por los que fueron testigos de su existencia y algunos restos óseos, a partir de los cuales se han realizado montajes de lo que pudo ser esta ave.

Pertenecientes al orden de los Columbiformes (orden al que también pertencen las palomas), los dodos eran terrestres, medían aproximadamente un metro de altura y su pico era largo y con una punta en forma de garfio, probablemente para romper las cortezas de los frutos del Tambalacoque (Sideroxylon grandiflorum), conocido también como el Árbol Dodo.

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Ilustración original de "Alice’s Adventures in Wonderland", de JohnTenniel, 1865.

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Imagen superior: reproducción de los fragmentos que pudieron salvarse de la quema en el museo de Oxford.

La palabra “dodo”, cuya etimología no ha sido precisada, podría provenir de la onomatopeya producida por el ave o incluso de una expresión portuguesa similar que significa “estúpido” en su habla coloquial, haciendo alusión a su torpeza y la facilidad con que podía ser cazado. Pero lo cierto es que los dodos simplemente se habían dejado llevar por las leyes de la naturaleza, que cuando entiende que no se necesita algo, lo modifica o lo elimina.

Estas aves, por su adaptación a la vida en la isla, sin depredadores naturales, habían perdido la capacidad de vuelo y carecían de miedo a nuevas amenazas, pues en su larga historia evolutiva no lo habían necesitado. La facilidad con que podían ser cazados, haciendo de un nuevo aforismo “ave que no vuela, a la cazuela” su máxima expresión, la introducción de especies domésticas e invasoras (monos, perros, gatos, ratas, etc.) y la deforestación, hicieron que finalmente el dodo ‘volara’de su isla aproximadamente en 1690. Pero privarnos de su presencia en vida no fue suficiente.

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Imagen superior: el especimen de Oxford (Autor: gnomonic, CC)

Años más tarde, en 1755, el único ejemplar disecado completo que existía de esta ave, conservado en un museo de Oxford, fue arrojado al fuego en un arranque supremo de torpeza y osadía de uno de sus trabajadores, que decidió quemarlo dado su mal estado de conservación.

Afortunadamente se pudieron rescatar los restos calcinados de la cabeza y la pata derecha, y, durante muchos años, estos fueron los únicos testigos físicos de su presencia en la tierra. Entonces ocurrió lo que siempre ocurre tardíamente: el súbito interés por lo que “casi se perdió para siempre”. Se comenzaron a realizar réplicas en escayola de estos restos recuperados, junto con algún otro fragmento encontrado, y tres de ellas vinieron a parar a nuestro Museo. Son las réplicas que se encuentran en la exposición “Biodiversidad”.

Posteriores excavaciones en isla Mauricio, concretamente en la zona pantanosa de Mare aux Songes (pantano de los sueños)han proporcionado importantes restos subfósiles de 200 años de antigüedad, incluidos esqueletos bastante completos de dodo. La rareza y la historia de esta ave han provocado su aparición en muchas artes, entre ellas la literatura.

De todas las obras literarias donde aparece, quizá la más conocida sea Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. En el mundo de fantasía que nos propone el autor, el dodo es ese pájaro enorme que organiza una absurda carrera, en la que decide que todos han ganado y por tanto, todos deben recibir un premio. La triste realidad es que el pobre dodo, extinguido, perdió su carrera.

Copyright del artículo © Cristina CánovasPublicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en The Cult con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Cristina Cánovas

Bióloga y coordinadora de exposiciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) del CSIC. Los artículos de Cristina Cánovas se publican en The Cult por cortesía del MNCN con licencia CC no comercial.

Sitio Web: www.mncn.csic.es
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