La zoología y el conejo de Playboy

La clasificación zoológica de este conejo tiene, si no un título de nobleza, al menos su tarjeta de visita. ¿Qué es esta criatura? Para la mayor parte de los lectores y de los aficionados al diseño, es la inconfundible mascota de Playboy: un roedor que luce una sofisticada pajarita, ideado por el director artístico de la revista, Art Paul.

Cuentan que Paul lo diseñó como una ilustración de recurso, pero que a los pocos días, Hugh Hefner, encantado con las connotaciones sexuales de ese mamífero tan promiscuo, decidió que se convirtiera en el logotipo oficial de su compañía. De hecho, Paul incluyó en portada su elegante creación a partir del segundo número de Playboy.

Entrevistado por Oriana Fallaci en la revista Look, el 10 de enero de 1967, Hefner describió al conejo como un ser "fresco, tímido, vivaz, saltarín... sexy".

No le faltaba razón.

En todo caso, el acierto a la hora de lanzar el logotipo fue absoluto, y la prueba es que hoy es un símbolo reconocido internacionalmente, cuyo uso en todo tipo de merchandising lo convierte en un clásico ejemplo del diseño estadounidense.

¿Quiere todo esto decir que el conejo de Playboy es un ser imaginario, y por consiguiente, indigno de estudio por parte de la biología?  En modo alguno. Ahora verán por qué.

En la cúspide social norteamericana, es habitual que las grandes fortunas sirvan para patrocinar proyectos académicos y de beneficencia. Como buen mecenas y multimillonario ejemplar, Hugh Hefner no solo se dedica a coleccionar batines de seda o a posar con mujeres explosivas frente al pórtico neoclásico de su mansión. Mucha gente desconoce que, a través de la Playboy Corporation, también financia generosamente a investigadores como James D. Lazell Jr., un experto en la fauna salvaje de Florida.

Está claro que este ha sido un dinero bien empleado. En 1984, Lazell sorprendió a los zoólogos de su país con un artículo que apareció en la Journal of Mammalogy, donde describía meticulosamente una nueva subespecie del conejo de los pantanos. El nombre elegido para su catalogación taxonómica no dejaba lugar a dudas: Sylvilagus palustris hefneri. O para que todo el mundo lo entienda: conejo de los pantanos de Hefner, también llamado conejo de los pantanos de los Lower Keys.

Gracias a este sorprendente hallazgo, el conejo de Playboy se convertía en una realidad biológica: un animal de piel suave y tupida, tan intuitivo y dispuesto a los jugueteos como su avatar de papel.

Por desgracia, al poco de ser descubierto, el Sylvilagus palustris hefneri pasó a formar parte de la lista de especies amenazadas, y el 21 de junio de 1990 el Gobierno Federal impulsó oficialmente su protección.

La imparable urbanización de los Cayos de Florida ha ido eliminando los territorios de cría de este simpático lagomorfo, que asimismo se ve amenazado por los coches, la contaminación y la creciente presencia de gatos asilvestrados y depredadores exóticos. Uno de los últimos censos apuntaba una cifra de individuos que roza el umbral de la extinción: 150 conejos en estado salvaje.

Creo que no resultaría demasiado pedir a Hefner que patrocinase la salvación de esta criatura. Quizá ya lo esté haciendo. Un potentado que acostumbra a llamar a las estrellas por su nombre de pila, propietario de un imperio inmenso, seguramente también disponga de medios para rescatar al amable conejo que lleva su nombre.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Imagen superior: Sylvilagus palustris, Delray Beach, Florida. Autor: Tom Friedel. CC BY 3.0

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2007, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (TheCult.es), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las artes.

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