Las colecciones de ciencias naturales y el arte

Las colecciones de ciencias naturales y el arte Imagen superior: "Hiena" (1905), de Friedrich Wilhelm Kuhnert

Cuando intentas encontrar una relación entre las colecciones de ciencias naturales y el arte es posible quedarse en blanco en un primer momento. Tras meditar la cuestión por unos instantes, podemos llegar a la conclusión de que sí hay una conexión pues los especímenes de las colecciones han inspirado y se han plasmado en la obra de numerosos artistas y el arte ha ayudado a divulgar el contenido de éstas y a promover el interés por la investigación.

Sin embargo, si comparamos algunos aspectos más específicos de las dos ramas podemos encontrar más puntos similares entre éstas de lo que podríamos llegar a pensar en un primer momento. En primer lugar, cabe hablar de sus funciones en nuestra cultura. Por una parte, en la actualidad, podríamos considerar el arte como una de las actividades más inútiles de la sociedad y, cuando mencionamos lemas como “el arte por el arte”, la idea de su falta de aplicación práctica queda aún más resaltada.

Por otro lado, las colecciones también podrían caer en esta misma categoría de inutilidad pues tanto el registro histórico como la investigación pura carecen de un uso práctico y tampoco hacen la vida más fácil.

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Imagen superior: "The Monarch of the Glen" (1851), de Edwin Henry Landseer.

Podríamos decir que las colecciones de ciencias naturales siguen así el lema “conocer por conocer”. En segundo lugar y como contraste a lo mencionado anteriormente, tenemos que destacar el hecho de que a pesar de haberlas denominado “inútiles” a lo largo de la historia encontramos en abundancia tanto muestras de arte como de conocimiento acerca del mundo natural.

Observamos en cuevas pinturas que muestran figuras animales muy detalladas o dibujos geométricos con una clara intención estética. Asimismo, el interés por el mundo que nos rodea también ha estado presente desde la antigüedad y no podemos descartar la idea de que las pinturas rupestres tuvieran una función educativa y de documentación. Si bien en un principio este interés ayudaba a la supervivencia, poco a poco el estudio del entorno ha derivado a una actividad que solo busca conocer más acerca de lo que nos rodea.

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Imagen superior: "Royale à la maison", de Rosa Bonheur.

Haciendo una comparación de los dos puntos anteriormente mencionados, nos encontramos que ambas actividades podrían considerarse mayoritariamente inútiles pues carecen de un fin práctico, pero ambas han sido una constante durante el desarrollo de diferentes culturas.

Podemos llegar a una conclusión final: parece que tanto el arte como las colecciones naturales deben tener algún valor para el hombre ya que, a pesar de no tener una función clara, siempre hemos consideramos que estas disciplinas merecían la pena lo suficiente como para seguir invirtiendo esfuerzos en ambas. Esperamos que el ser humano mantenga su esencia y siga cultivando actividades que carecen de un fin práctico.

Copyright del artículo © Paloma Chamorro Benet. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en The Cult con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Paloma Chamorro Benet

Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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