Las cotorras son las nuevas palomas... y están en camino de dominar el mundo

Las cotorras son las nuevas palomas... y están en camino de dominar el mundo Imagen superior: scyrene, CC

Se las ame o se las odie, las cotorras de Kramer han invadido Europa y están aquí para quedarse. Convertidas en habitantes habituales de muchos parques y jardines del Reino Unido, algunas de estas carismáticas aves, de un color verde brillante, se sienten tan cómodas en su nuevo entorno que llegan a posarse felizmente en nuestra mano para alimentarse.

Las cotorras son la especie avícola cuyo crecimiento poblacional es más rápido en Gran Bretaña, y de hecho, siguen una trayectoria que las conducirá a la dominación mundial. Lejos de su entorno natal, el sur de Asia y el África subsahariana, las poblaciones reproductoras están establecidas en al menos 65 ciudades de toda Europa y en más de 30 países de los cinco continentes.

Este tipo de especies alóctonas o "invasoras" son una de las mayores causas de pérdida de biodiversidad en el mundo actual, y pueden causar graves daños económicos. La comprensión de estas especies es increíblemente útil a la hora de diseñar una política medioambiental que evite futuras invasiones. Sin duda, las poblaciones invasoras de cotorras de Kramer (Psittacula krameri) proporcionan un excelente caso de estudio debido a sus patrones de rápido crecimiento y propagación.

Fueron introducidas en el Reino Unido a finales de 1960 y ahora suman más de 32.000 ejemplares. En un principio, se concentraban en torno al llamado Gran Londres y en las proximidades de Kent, pero la saturación de estas áreas se ha traducido en su diseminación a lo largo de todo el país, llegando hasta un punto tan septentrional como Inverness, en Escocia.

Hay muchas leyendas urbanas que explican cómo estas exóticas criaturas vinieron a vivir en el Reino Unido; entre ellas, la que cuenta cómo escaparon del set de rodaje de La Reina de África y la que es mi favorita: su liberación deliberada por parte de Jimi Hendrix para inyectar algo de color psicodélico en las calles de Londres. Lo más probable es que, simplemente, esa propagación sea consecuencia de la popularidad que adquirieron las cotorras de Kramer como mascotas.

El transporte internacional de cotorras salvajes, sumado a su cría local en cautividad, ha llevado a su exitosa implantación fuera de su área de origen. Entre 1984 y 2007 se importó a Europa la asombrosa cifra de 146.539 cotorras de Kramer, antes de que entrase en vigor una prohibición de la UE sobre el comercio de aves silvestres. El Reino Unido importó más de 16.000 ejemplares.

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Imagen superior: los jardines londinenses son el paraíso de las cotorras. Steve KCC.

Sabemos cómo llegaron a las ciudades europeas, pero ¿qué convierte a las cotorras en unos seres tan aptos para adaptarse a nuevos entornos? Es probable que el clima desempeñe un papel importante en su capacidad para sobrevivir fuera de su área de distribución natural. A pesar de que hablamos de un territorio de origen increíblemente grande, que comprende dos continentes, las cotorras que hallamos en toda Gran Bretaña y en el resto de Europa proceden de las estribaciones más frías del Himalaya, principalmente de Pakistán.

La clara ausencia de cotorras procedentes de las zonas más cálidas de África sugiere similitudes en cuanto a temperatura y precipitaciones entre las regiones nativas y las invadidas. Y eso es lo que ha hecho la vida más fácil para ellas. Parece que las cotorras ya estaban bien adaptadas para sobrevivir en el norte de Europa.

Curiosamente, a finales del XIX ya se observaron cotorras de Kramer en estado salvaje en el Reino Unido, pero no lograron sobrevivir. Entonces, ¿qué es lo que ha cambiado tanto? Quizá unos inviernos más cálidos debido al cambio climático, en combinación con nuestro afán por alimentar a las aves, lo que les proporciona un suministro de energía durante todo el año. Ambos factores han fomentado las condiciones ideales para que las cotorras prosperen en todo el país.

No pasemos por alto la ausencia de depredadores fuera de su área de distribución natural. Como era de esperar, las águilas milanas (Ictinaetus malayensis) que habitan en Asia no son una preocupación en los parques de Londres. Sin embargo, parece que los halcones peregrinos y los gavilanes comunes empiezan a incluir esta carne exótica en su menú. Sin embargo, a pesar del éxito de nuestros halcones a la hora de convertir a las cotorras en sus presas, es poco probable que consigan hacer mella en su creciente población.

A pesar de que las cotorras ya se han establecido de forma exitosa en el Reino Unido, todavía no entendemos completamente su potencial impacto, sea éste positivo o negativo. ¿Afectan a la fauna nativa al competir por las cavidades donde nidificar y por los alimentos? Los estudios preliminares muestran un cierto grado de competencia con el trepador azul en lo que concierne a los lugares de anidación, y también acreditan que desplazan de sus comederos a los pájaros de jardín.

En Asia y África, las cotorras de Kramer constituyen una grave plaga en los cultivos, pero aún no sabemos si van a dañar los frutales británicos, con el consiguiente perjuicio económico.

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Imagen superior: ¿loro o plaga? sara~CC

Numerosos científicos sienten curiosidad por el impacto que las cotorras tienen sobre las personas. ¿Padecen la contaminación acústica quienes viven cerca de un gran posadero? ¿Ver cotorras exóticas en los parques y jardines contribuye a mejorar nuestro bienestar? Estas son sólo algunas de las preguntas que tratamos de responder a través de ParrotNet, un grupo europeo de investigadores, dedicado a entender el desafío de las psitaciformes invasoras (las cotorras de Kramer son una de las 13 especies de loros establecidas en toda Europa).

A pesar de su abundancia, y de forma sorprendente, muchos británicos siguen sin ser conscientes de que las cotorras silvestres habitan con ellos. A medida que estas criaturas vivaces se vayan extendiendo por todo el país, se convertirán en algo común en todas las zonas urbanas del Reino Unido. Nosotros aún podemos considerar a esas cotorras coloridas y exóticas como una novedad interesante, pero sospecho que nuestros hijos y nietos las verán como algo no más excitante que una paloma común.

Copyright © Hazel Jackson. Artículo publicado originalmente por The Conversation. Lea aquí el artículo original.

Hazel Jackson

Bióloga evolutiva en el Instituto Durrell de Conservación y Ecología (DICE) de la Universidad de Kent. Especialista en psitaciformes e integrante del equipo de investigación genética de Jim Groombridge.

Los artículos de Hazel Jackson se publican en The Cult por cortesía de The Conversation.

Sitio Web: www.hazel-jackson.com
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