Red de redes

Red de redes Imagen superior © Javier Lobón-Rovira. Reservados todos los derechos.

El hecho de que sea conocida no disminuye el ingenio de la respuesta que J. B. S. Haldane dio a un miembro de la Iglesia de Inglaterra, cuando éste le preguntó: “Según usted, ¿qué característica destacaría del Hacedor de la Naturaleza?” “Una gran debilidad por los escarabajos”, contestó Haldane, haciendo referencia a que es el grupo mas diverso de la tierra.

A día de hoy, se contabilizan 400.000 especies, y seguimos sumando. Lo que casi nadie cuenta es que Haldane fue uno de los tres “hacedores” de la síntesis de la genética mendeliana y la teoría de la selección natural, junto con el inglés Ronald Fisher y el norteamericano Sewall Wright en el primer tercio del siglo XX. Y lo que casi todos ignoran es la presencia de Haldane en España en tres ocasiones, durante la Guerra Civil, para asesorar al Gobierno republicano ‒como antes había hecho con el Gobierno inglés– sobre ARP: la protección de los bombardeos aéreos (Air Raid Protection). Pero eso es otra historia, como tantas otras, dentro de cualquier historia.

Multitud de coleópteros (escarabajos), himenópteros (hormigas, avispas y abejas) y otros grandes clados (troncos de organismos con un mismo antecesor) se reparten el mundo, pero siempre hay algo que singularizar en las formas y colores de los trópicos.

Encontramos ciudades bajo el suelo y ciudades en colmenas colgando de las ramas. Grandes redes de hormigas que se enfrentan a una compleja organización societaria desde una elemental organización cerebral, donde debe predominar la logística: la distribución eficiente de trabajos, productos y tiempos. Dicen que el triunfo de las grandes empresas comerciales de hoy depende, sobre todo, de esta palabra mágica. Cooperan, trabajan y elaboran. Lo comprobamos en los nidos bajo tierra de las hormigas corta hojas (Atta cephalotes) y en las complejas ciudades que se trasladan con las errantes hormigas armadas (Eciton burchellii). Oleadas de individuos desplazando vidas y productos en los márgenes de la selva.

Chinches miméticas, ejercitando su capacidad de apariencia ajena. Cicindelas que cabalgan sobre las playas, devastando y arrasando como pumas en la selva. Mantis multiformes y formas que se quieren mantis. Grillos y chicharras que componen estruendosas sinfonías. Todos juegan, muchos pierden, y a la larga, nadie gana.

Bajo la línea de las diminutas Salvinias (helechos) que asemejan Lemnas, y tapizan de verde claro la charca de las Agamis, se esconden dos caimanes, delatados por sus ojos que, a modo de simétricos periscopios, asoman sobre la superficie del agua.

Uno de ellos acaba de capturar a un joven ‘aullador’, que ha tenido la poca fortuna de caer desde una rama. Nosotros hemos lanzado una jabalina de bambú, y el otro caimán la ha atrapado casi antes de tocar el agua. Es una decepción profunda: esto no forma parte de su dieta.

En la oscuridad de esta charca, donde ya no se adivina la silueta de los saurios, bullen –no hay mejor palabra para describirlo– copépodos, larvas de mosquitos –sí, esos que no han parado de martirizarnos desde que hemos llegado aquí– escarabajos acuáticos, y destacando en abundancia, acarillos de agua. Estos, que también pueden ser rojos, como las fastidiosas coloradillas terrestres, son inocuos para las personas. Al igual que muchos otros organismos acuáticos, son viajeros errantes que van del medio acuático al terrestre, y viceversa.

Picaduras incisivas, picaduras con picores, picaduras de vectores. Dípteros y hemípteros que en dos segundos hunden su estilete sobre la piel reblandecida por el sudor y la lluvia. Muchas veces, se trata de una simple punción. Otras veces, el picotazo porta algún patógeno tropical. Desde huevos, preámbulo de larvas carnívoras que emprenden su camino dentro de tu cuerpo, hasta otros mas pequeños que, sin picor aparente, viajan por dentro, invadiendo órganos vitales. Chagas, zika, chikungunya o fiebre amarilla son enfermedades que prosperan a causa de esos organismos viajeros, y que encuentran una nueva historia transportados por esos vectores tropicales. No todos están aquí, pero algunos son endémicos.

Hay estrategias que, por su complejidad y origen, sorprenderían al mismo Darwin ("estrategias sin fin, de lo más sorprendente" podría ser hoy la frase final de su libro excepcional, allí donde puso "endless forms most beautiful"). Avispas que depredan abejas; avispas que protegen a su prole, depositando minuciosamente los huevos sobre el abdomen de tarántulas y otras arañas. Miles de vidas alimentándose desde dentro hacia fuera. Arañas que tejen infinitas telas, atrapando todo lo que cruza a su paso (incluso tu rostro, tras un giro no premeditado en un cruce de dos árboles). Estructuras singulares. Escorpiones que brillan a la luz ultravioleta. Nuevos mundos al descubierto, para un ojo tan “simple” como el nuestro.

Insectos que se extinguen y nuevas especies descritas cada día. Un mundo ilimitado en constante crecimiento. Una red de redes muy compleja, en continua interacción, donde unos parasitan, otros colaboran y los hay que se mimetizan. ¿No les suena?

Copyright del artículo © Javier Lobón-Rovira y Antonio G. Valdecasas. Reservados todos los derechos.

Javier Lobón-Rovira y Antonio G. Valdecasas

Javier Lobón-Rovira es licenciado en Biología y tiene un Máster en Biología de la Conservación. Alterna su labor investigadora con la fotografía de flora y fauna. Como fotógrafo, atesora una larga experiencia que le dado la oportunidad de visitar más de veinte países.

Antonio G. Valdecasas es investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y uno de los miembros del comité internacional de expertos del Instituto Internacional para la Exploración de Especies (IISE).

Imagen del banner inferior: rana verde de ojos rojos, Agalychnis callidryas (Reserva Pacuare, Costa Rica). Imagen del avatar superior: rana flecha roja y azul, Oophaga pumilio (Reserva Pacuare, Costa Rica). (Fotografías de Javier Lobón-Rovira)

DECLINACION

Sitio Web: mncn.csic.es

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