¡Somos demasiados!

¡Somos demasiados! Imagen superior: Spreng Ben, CC

Uno de los beneficios de la ciencia es que nos permite ser conscientes de problemas que de otro modo hubiéramos tardado mucho en descubrir.

El agujero en la capa atmosférica de ozono, causado por los gases llamados clorofluoroalcanos, usados en refrigeradores y latas de aerosol hasta hace unos años, es un ejemplo. Al dejar pasar rayos ultravioleta dañinos, aumentaba el peligro de cáncer cutáneo en el hemisferio sur, entre otros problemas. Hoy está en camino de repararse naturalmente, luego de acuerdos internacionales que eliminaron el uso de los gases causantes.

Pero la humanidad enfrenta muchos otros problemas: pobreza, hambre, epidemias, desastres naturales. Los estudios científicos nos permiten entenderlos, combatirlos y a veces hasta prevenirlos. Y hoy sabemos que también hay problemas que afectan no sólo a nuestra especie, sino a toda la biósfera: cambio climático, contaminación, deforestación, extinción acelerada de especies, alteración y destrucción de ecosistemas… Nuevamente, la ciencia nos proporciona herramientas para estudiar y comprender mejor estos fenómenos, y buscar maneras de ponerles remedio.

Pero a veces la ciencia no basta: el sentido común es también indispensable para hallar soluciones. Y es quizá por falta de sentido común que la humanidad —gobiernos, científicos, medios de comunicación, ciudadanos— ha olvidado algo que se tenía claro hace 30 años: que la causa común detrás de la mayoría de estos problemas es una, la sobrepoblación.

La cantidad de seres humanos que habitamos el planeta comenzó a aumentar mucho más aceleradamente que nunca a partir del siglo pasado. Se rebasó así la disponibilidad de recursos naturales y la resistencia de la biósfera a las alteraciones de origen humano. Pero la solución podría ser simple: frenar el crecimiento de la población mundial.

Hambre, deforestación, contaminación, extinciones y otros problemas podrían disminuir si la población humana se estabilizara y dejara de aumentar. No es gran sacrificio: bastaría que ninguna pareja tuviera más de dos hijos; algo que la tecnología de control natal disponible —junto con una urgente educación sexual— hace perfectamente posible.

Y si se lograra que la población global disminuyera —una meta más compleja—, quizá podríamos mitigar o remediar incluso el cambio climático, pues una menor población quemaría menos combustibles fósiles.

¿Por qué se ha dejado de lado la lucha por el control poblacional? Probablemente por las polémicas que despierta. Desde prejuicios religiosos que se oponen a toda forma de control natal, hasta proyecciones económicas —basadas en el enfoque de que el éxito implica un crecimiento continuo, imparable— que amenazan con que habrá caos financiero si la población disminuye. Aun así, la situación es clara. A veces, los grandes problemas tienen soluciones relativamente sencillas.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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