Llevando un libro en la mano

Llevando un libro en la mano Para José María Barrera: escritor, profesor y maestro en enseñar el camino que conduce a los libros

Don Antonio Domínguez Ortiz fue toda su vida profesor de instituto. Las camarillas de la Universidad le negaron pertinazmente la entrada. Cuando ahora hablamos de las maldades del sistema educativo, deberíamos volver los ojos a la universidad. Su pobreza de miras continúa y se perpetúa en esa endogamia mediocre que hurta a los mejores la posibilidad de transmitir su excelencia.

Pero Domínguez Ortiz puso su capacidad intelectual al servicio de todos a través de su obra, de sus investigaciones, básicas para conocer algunos de los más interesantes periodos de la historia de España y de América. Ahí está su solvencia, su espíritu. El mismo espíritu que animaba a Don Antonio Machado, nuestro poeta, en su cátedra de francés por los institutos de España. Ese conocimiento del interior de la vida docente fue, quizá, el que logró que Machado escribiera algunos de los más hermosos versos dedicados a la escuela. Monotonía de lluvia tras los cristales, ahora mismo, mientras escribo esto y pienso en la incomprensión, la soledad, en la que los profesores desarrollan su labor, antes y ahora.

Aquellos eran otros tiempos ya lo sé. Desde hace algunos años el profesor de instituto se ha visto sometido a una reconversión que ha hecho tambalear su fe, sus cimientos, su propio papel. Pero no te engañes. Existen. Están ahí, basta conocerlos y mirarlos. A pesar de todas las leyes y normas cuyas debilidades he enunciado en estos artículos, el profesor de instituto es una parte fundamental del engranaje y no ha desaparecido, sino que se ha replegado a unos cuarteles de invierno casi individuales, en los que se reencuentra cada día con su voluntad férrea de seguir hablando de Platón, de Aristóteles, del arte gótico, del hiperrealismo, de los poetas del 27, de Anna Karenina, de Einstein, de Platero y yo, de todo eso que forma nuestro legado cultural y que nos acompaña desde que somos.

Conozco bien a algunos y puedo aseguraros que hay verdaderos maestros, en el exacto y medieval sentido de esta hermosa palabra. Personas que enseñan Historia arrojando un haz de luz sobre un intrincado suelo minado, con el conocimiento suficiente y la voluntad clara de que ese legado no se desmorone. Exigentes, firmes pero con esa mirada amplia del verdadero profesor que sabe que el tesoro que encierran sus explicaciones, sus ideas, ha de ser transmitido.

Profesores que hablan en latín o en griego con sus “sectas” escogidas de humanidades, alumnos inmersos en las verdades clásicas de nuestros antepasados. Profesores de ciencias, que proponen la reflexión antes que la simple repetición de datos, que impulsan a sus alumnos a relacionar conceptos, a aprender de todo lo nuevo y positivo que ofrecen los avances tecnológicos y científicos.

Conozco a profesores de instituto que, día a día, contra viento y marea, al margen de modas pedagógicas, ofrecen un abanico de saber a sus alumnos que no puede despreciarse. Injusto me parece que la crítica a las leyes educativas arrastre a los profesores que ahora son y que sostienen el sistema frente a todo y a todos.

Os hablaré de uno de ellos. Conozco a un profesor que tiene en los libros su principal razón de ser. Sé de primera mano cómo, oyéndole recitar un poema, hablar de un autor, comentar un texto, los alumnos se zambullen en un mundo especial y diferente, el mundo de la literatura, que no es solamente eso, que es también el mundo de la historia, del arte, de la cultura en general. Clásicos que aparecen y se despliegan con brillantez ante los ojos asombrados de los niños. Textos inmortales que se leen y se aprecian con toda su sonoridad incluida. Poemas conocidos y poemas nuevos. Caballeros medievales, damas en apuros. El caballero de Olmedo y su cancioncilla popular. Leyendas. Hazañas mitológicas. Historias de ultramar. Dramas rusos. Diletantes ingleses. Sensualidad renacentista, Bomarzo incluido, por supuesto. Hoy estoy sin saber, yo no sé cómo…

Este profesor camina siempre cargado de libros, los libros forman parte de su vida, son una continuación de él mismo. Lo que es y lo que siente está escrito o por escribir, pero siempre podría traducirse a palabras. A veces encuentra un libro nuevo y ese libro se abre ante sus ojos con mil interrogantes, con hojas que semejan las de un árbol que se esparcen por el suelo en una tarde de viento, cuando el aire se llena de otros sonidos que antes desconocías. Este profesor sonríe cuando uno de esos libros le descubre una frase, un sentimiento, una emoción, pues, al fin, emocionarse es el camino más cierto para entender la literatura.

Lo conozco a través de los ojos de un niño que descubrió la belleza de la literatura en sus clases. Que dio el trascendental paso de cruzar sobre los tebeos y enamorarse para siempre de los sagrados textos de los clásicos. Ahora veo a este profesor cada mañana, cercano ya el momento de decir adiós, de abandonar las aulas en las que ha estado casi cuarenta años. Reflexiona sobre lo que ha sido, sobre lo que ha hecho. No se siente satisfecho porque piensa que podría haber dado más. Un hilo de frustración, quizá o de nostalgia, tal vez. En todo caso, su mente recorre los años de docencia como si fuera un libro, siempre un libro, que se abriera en la página uno con la certeza de continuar y terminara en una duda. La vida, a partir de ahora, se abre ante él con un signo de interrogación.

Tendría que recordar, sin embargo, en estos momentos, el rostro de esos alumnos a los que abrió un camino transitado por otros y siempre desconocido, el que conduce al secreto de la palabra. Cuando uno descubre ese secreto hay una soledad que desaparece y un manto protector se extiende sobre tus hombres. Ya nunca estarás solo. Los personajes de los libros, sus discursos, sus ideas, sus acciones, sus diálogos, sus gestos, anidarán en ti y te cubrirán cuando el paso del tiempo te sea especialmente inhóspito, cuando los afectos mengüen, cuando las luces se vuelvan indecisas…

Porque ese es el gran hallazgo de este profesor y de tantos otros como él que, aunque no lo sepan, abren cada día puertas que nunca van a volver a cerrarse. Puertas por las que las mentes de los niños y jóvenes intentarán llegar a la esencia que encierran tantos textos leídos, recitados, comentados, puestos sobre la mesa como si fueran una gran cesta de frutas de todos los colores cuyo olor y sabor fueran necesarios para vivir. Y lo son, creedme.

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Imagen superior: Matthew, "Teachers Pet", CC

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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