Trestesauros500

¿En qué sentido se mueve esta secuela? a) En el sentido de la nostalgia. b) En el sentido que marcaron las novelas de la creadora de Mary Poppins, P. L. Travers. c) En el sentido de las modas que hoy fijan el destino de Broadway.

Las distopías futuristas no tienen por qué seguir el modelo visual de Blade Runner o Mad Max. José Luis Cuerda utiliza un edificio de hormigón feísimo, un bosquecillo y unos fondos (evidentemente) falsos de Monument Valley para ofrecernos una sátira no muy sutil, pero sí divertida, absurda y poética del mundo actual. Bueno, del mundo en cualquier momento, en realidad.

¡Que no cunda el pánico! Aunque usted no tenga ni idea de que en los tebeos había más de un Spider-Man, podrá entender perfectamente esta divertidísima película sin necesidad de hacer un máster previo.

En uno de sus libros, Peter Bogdanovich escribía que, a la hora de la verdad, cada generación de espectadores quiere que se le cuenten de nuevo las mismas historias. De ahí que cada vez que transcurre una nueva década, los veteranos se quejen al descubrir en la cartelera una nueva versión de viejas tramas que les hicieron soñar tiempo atrás.

Aunque el título parezca el de película de terror, El regreso de Ben es un drama modélico sobre el daño de las adicciones y la fuerza de las llamadas “madres de la droga”. Bien pensado, tiene momentos que dan cierto miedo y generan una tensión constante, con ese espíritu fatalista provoca en el espectador casi tanta inquietud como el cine de horror.

Este film del director Steve McQueen (nunca nos acostumbraremos a que se llame como la legendaria estrella) se basa en un concepto muy sencillo: las viudas de unos criminales muertos se reúnen para dar un golpe por su cuenta.

Michael Caine, Ray Winstone, Jim Broadbent, Tom Courtenay, Paul Whitehouse, Michael Gambon… Unos actores veteranos y de enorme talento, reunidos en esta película de ladrones que dirige James Marsh.

Cualquiera que tenga la escritura como profesión ‒o cualquier autónomo que trabaje desde casa‒, se sentirá identificado con el retrato que se hace de ese coloso de la literatura que es Charles Dickens en esta deliciosa película, un film británico que relata la creación a contrarreloj del clásico Cuento de Navidad.

Parece que sucedió hace poco, pero ya han pasado casi veinte años desde que todo el planeta se estremeció con la espantosa tragedia del naufragio del submarino ruso Kursk. Una lenta agonía con varios intentos de rescate fallidos, que acabaron de la peor manera, sin un solo superviviente bajo las gélidas aguas del mar de Barents.

El cine argentino nos está dando en los últimos tiempos una buena cantidad de películas excelentes de todos los géneros, incluyendo thrillers como El ángel (Luis Ortega, 2018) o cintas de terror tan impactantes como Aterrados (Demián Rugna, 2018).

Una de la cosas buenas del suspense es que no requiere grandes presupuestos. Sólo hay que fijarse en los espectáculos de títeres, capaces de sacar de sus casillas a un público infantil que sabe dónde está la bruja, algo que el protagonista ignora.

Lo digo demasiadas veces e intentaré no decirlo más, pero es una una pena que algunas películas se estrenen directamente en plataformas digitales sin ofrecer la opción de disfrutarlas en salas de cine (o coleccionarlas en formato físico). En el caso de esta nueva obra de los hermanos Coen, dicha pena es todavía más aguda, ya que se trata de un excelente wéstern, repleto de paisajes y encuadres que piden a gritos la pantalla más grande posible para ser disfrutados en condiciones.

Para ser un buen guionista hay que ponerse límites. En el cine, los límites no sólo se refieren a lo que conviene narrar o no. También sirven para modular cada sorpresa y cada intriga, o por citar un ejemplo trivial, para decidir cómo el villano de turno consumará su anhelada venganza.

¡Ah, el París de principios del siglo XX! ¡La bohemia! ¡Las vanguardias! Creatividad al máximo, progreso cultural, libertad… Un momento mítico, sin duda. Pero como sucede con todos los mitos, la realidad no era tan idílica.

Bien se podría haber presentado esta película como una adaptación de los cómics Weird War Tales de DC, donde se narraban distintas hazañas bélicas combinadas con elementos de terror paranormal o ciencia ficción.

Los que no somos demasiado fans de Jean-Luc Godard ‒aun reconociendo sus méritos‒ por fin podemos pasar por personas decentes entre la cinefilia diciendo que nos gusta mucho la obra de Goddard. No se escribe igual, pero suena idéntico. Me refiero a Drew Goddard, un estadounidense que vale para todo y que, a sus cuarenta y pocos años, ya es un veterano de la industria.

En la escalera psicodélica que ha construido Panos Cosmatos no es fácil elegir un rellano. Si he de escoger, me quedo con la impresión que emerge en los títulos de crédito, animados por una canción de King Crimson. Esos planos iniciales me convencen de que esta película es un larguísimo videoclip de rock progresivo, con todos los tics y excesos de ese estilo musical.

Aunque las películas de submarinos más conocidas han contado con presupuestos más bien holgados (La caza del Octubre Rojo, Marea roja, Das Boot…), lo cierto es que la serie B también supo sacarle provecho a las aventuras subacuáticas, aprovechando decorados mínimos, imágenes de archivo y maquetas más o menos efectivas sumergidas en peceras.

Supongo que nadie elige serlo. Para convertirse en una estrella de culto, la fama y el talento suelen traer aparejado un destino más o menos trágico. Son vidas en suspenso, que pagan ese precio para convertirse en mitos.

Aunque parezca largo, en realidad el título original de esta película (y de la novela epistolar de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows en la que se basa) añade “de Guernsey” al nombre del club de lectura en cuestión.

Posiblemente, ni el propio R.L. Stine imaginó que se iba a hacer rico y famoso con Pesadillas, su serie de novelitas de terror infantiles. Hablamos de poco más que cuentos largos, no especialmente originales y repletos de clichés y lugares comunes, pero, por alguna razón inexplicable, capaces de encandilar a los críos y crear legiones de fans.

Alvin Schwartz, investigador y recopilador de leyendas folclóricas y urbanas (muy recomendables sus Scary Stories to Tell in the Dark), mostraba su sorpresa al descubrir que una de esas historias, referente a un fantasma y una parada de autobús, en realidad tenía sus raíces en la antigua Grecia con la historia de Filinion y Macates. Y posiblemente ya por entonces fuera una vieja leyenda.

Causa cierta frustración que las nuevas películas de directores a los que admiramos se estrenen directamente en plataformas digitales. Sucede con El apóstol, un film cuyos encuadres y escenarios piden a gritos una pantalla cinematográfica y no una televisión, una tableta o (qué horror) un teléfono móvil. Pero menos es nada, supongo.

El “gran año” del título es 1957, fecha que se convierte en pilar de este documental que, pese a la premisa, da un buen repaso a la obra y especialmente a la vida del legendario artista sueco.

Michael Myers regresa a las pantallas. Y ¿saben lo que es más curioso? Aunque muchos disfrutarán de su retorno por razones nostálgicas, el personaje no está pasado de moda. Todo lo contrario. Esa figura del depredador anónimo, con una crueldad arbitraria, es más actual que nunca.

La película First Man muestra un retrato heroico y mitológico –típico en el cine de Estados Unidos– del programa espacial de la NASA Apolo 11; y lo hace a través de la figura de su comandante Neil Armstrong, un hombre física y mentalmente extraordinario.

Mientras escribo, todavía sigue viva esa absurda creencia que niega la llegada de astronautas a la Luna. No tengo gran interés en comprender a quienes se aferran a esta conspiranoia, pero sí me atrevo a recomendarles esta magnífica película, en la que se detalla el grado de sufrimiento y de investigación que supuso esta proeza.

En mayor o menor medida, a casi todo el mundo le gusta Harry Potter, y con razón. Pero antes de él ya hubo niños magos que se adelantaron a las novelas escritas por J.K. Rowling, como el Timothy Hunter de Los libros de la magia de Neil Gaiman, el Harry Potter Jr. de la película Troll (John Carl Buechler, 1986) o el Lewis Barnavelt de la larga serie de novelas escritas por John Bellairs y Brad Strickland, iniciada por La casa del reloj en la pared (1973), obra que contaba con el inestimable apoyo de las ilustraciones del gran Edward Gorey.