Jueves, 15 Noviembre 2012 18:10

Arcadi Espada: "En internet, la mayoría de los lectores no va más allá del titular" Destacado

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Arcadi Espada

Arcadi Espada es uno de nuestros más grandes periodistas, y sus reflexiones sobre este oficio son tan provocativas como reveladoras. A Arcadi siempre le han fascinado las figuras retóricas del lenguaje periodístico, o sea, la manera que tenemos los redactores de moldear la realidad a base de adjetivos, frases hechas y novelerías.

Profesor en la Universidad Internacional Valenciana y director del Instituto Ibercrea, es autor de Contra Catalunya (1997), Raval: del amor a los niños (2000), Diarios (2002), Notas para una biografía de Josep Pla (2005), El terrorismo y sus etiquetas (2007) y Periodismo práctico (2008).

Espada ha venido a Madrid a presentar NewPaper, el ensayo que Albert Montagut dedica a los efectos de la revolución digital en la prensa. Considera que "el libro es bueno. Muy bueno. Yo creo que Albert ha escrito una estupenda crónica sobre estos años tan convulsos que estamos viviendo".

El acto de presentación deriva en un animado debate, en el que adquiere fuerza un asunto crucial: ¿habrá un modelo sustituto que permita financiar los periódicos en la era digital?

Cada vez más editores hablan de recuperar el modelo de pago. La distribución gratuita de los contenidos online ha conducido a sorpresas poco agradables. En NewPaper, Pedro J. Ramírez le revela a Montagut que apenas el 3% de los usuarios únicos de su periódico "era el que consumía el 50% de las páginas visitadas y que el resto eran transeúntes que tan sólo pasaban por ahí mirando los escaparates".

Arcadi Espada analiza esta situación sin ignorar su gravedad. Le señalo que las redes sociales y su aparente idoneidad para difundir contenidos de la prensa pueden ser otro espejismo. Quizá, guiados por los mantras que repiten los SEO y los community managers, nos estamos olvidando de vender esa unidad mínima de nuestro trabajo: la noticia y los clics que ésta genera. "Es un tema que me interesa –responde–: la unidad mínima de significación de la noticia. Los periodistas hemos puesto en marcha una versión sobre este asunto muy consoladora, que consiste en decir: «Nosotros damos valor añadido a las informaciones y adoptamos el perfil de The New Yorker cada vez que nos ponemos a escribir». Esto es algo absolutamente irreal, que no tiene nada que ver ni con el negocio del periodismo ni con la estructura de nuestro oficio".

En El fin de los periódicos, un libro editado por Espada junto a Ernesto Hernández Busto, se recoge una reflexión de Paul Starr: "Podemos estar acercándonos no al fin de los periódicos, sino al fin de la era de los periódicos: esa larga fase de la historia en que los periódicos publicados en las grandes ciudades estuvieron en el centro, tanto de la producción de noticias como de la vida de sus regiones metropolitanas". Este comentario del fundador de The American Prospect guarda estrecha relación con otra certeza: el negocio de la prensa en internet está lejos de tener un modelo definido.

"Se le reprocha a la empresa periodística, genéricamente hablando –explica Arcadi Espada–, que no haya sido capaz de impulsar ningún negocio nativo en Internet. Para decirlo de una manera rápida, se le reprocha que no haya hecho Google, por ejemplo. Esta es una objeción que forma parte del paisaje. Pero claro, es una objeción que, pensándola no demasiado a fondo siquiera, desbrozándola un poco, nos remite también a la extravagante confusión que hay sobre la circulación de internet en estos tiempos... En realidad, ¿qué es lo que ha hecho Google? Y cuando digo Google, me estoy refiriendo a la empresa, evidentemente, pero también al genérico, como si me refiriera al Kleenex. Lo que ha desarrollado Google es una arquitectura, más o menos bien hecha, de una serie de contenidos que estaban a disposición del mundo cultural, turístico, etc., desde mucho tiempo antes. You Tube es una arquitectura. Lo es Google Maps. Lo es, por supuesto, Google News. Y lo son, por lo general, todas las patas del negocio de Google, cuya aportación de contenidos propios es limitada. Efectivamente, el Street View es una arquitectura cargada de contenido, y el Google Art Project también lo es. Pero eso no es la esencia del negocio de Google".

"Conviene dejarlo claro –añade–: Google ha construido una arquitectura interesante respecto a descubrimientos o aportaciones del mundo cultural y periodístico que ya existían. Twitter es otra arquitectura, y el mundo digital está lleno de arquitecturas, y en todas ellas sucede lo mismo. Es verdad que las empresas periodísticas han sido lentas, y a lo mejor reacias a la hora de participar en esas arquitecturas. Pero lo que no se puede decir es que hayan permanecido al margen de ellas. Lo único que se les puede reprochar es que hayan sido tan ingenuas como para regalar el contenido que circula por esas arquitecturas".

Es conocido que Espada no suele coincidir con esos "geeks más o menos analfabetos", como él los llama, convencidos de que el mundo online es una Arcadia incomprendida por los editores. "Cuando se dice es que el mundo periodístico está al margen del universo online –dice–, conviene matizar. Es verdad que los huesos no los han dado ellos, pero todo lo demás sí. Toda la conversación que circula por la red es, en un noventa por ciento –por decir una cifra convencional pero entendible para todo el mundo–, algo producido por periodistas. O sea, la conversación en Twitter parte, en su inmensa mayoría, de hallazgos de producciones que son periodísticas".

Quizá la vida dé más argumentos a los pesimistas. Sin ir más lejos, pienso ahora en ese estudio publicado por Dan Zarrella en HubSpot, según el cual, en Twitter, el 14% de los mensajes retuiteados no obtiene un solo clic. Hay otros estudios similares, que añaden dudas a la generación de nuevas fuentes de ingresos para la prensa.

"Hay aspectos muy curiosos que deberían mover a la reflexión a los sumos partidarios del gratis total –dice Espada–. Por ejemplo, esos descubrimientos que ahora se están haciendo de las hemerotecas periodísticas. Cualquier persona recorre el fondo editorial de un periódico, encuentra un artículo que le parece extraordinario y que tiene concomitancias con la situación real, lo sube a Twitter, y ese artículo se convierte, como ha pasado a veces, en lo más leído en el día. Es un artículo que a lo mejor fue escrito hace diez años, pero cuya aportación a esa inmensa tertulia de la gente en internet parece que no establece ningún tipo de compromiso o de derecho de autor".

Vanidades periodísticas

"Los contenidos que circulan en la red –continúa–, y que provocan esas opiniones baratas o caras, son aportados por el mundo periodístico. Y el mundo periodístico ha reaccionado ante esa evidencia tarde. A mi juicio por muchas razones, pero hay una que sí quiero señalar hoy, y es su propia vanidad. ¿Cuántas veces, entre los periodistas de mi generación, hemos tenido la certeza de que los lectores no pasaban de los titulares? Muchas veces hemos tenido la impresión de que eso era lo único que nuestros lectores leían. Solamente una parte muy pequeña de ellos iba al resto del texto o se interesaba por él".

Al oír esto, caigo en que yo mismo he pensado esto con relación a Facebook. ¿Cuánta gente sale de la red social haciendo clic en esta o aquella entrada? Otra arquitectura más, y de nuevo, nuevas preguntas sin respuesta a la hora de fijar un modelo de negocio para el periodismo. ("La inteligencia de Zuckerberg –comenta Espada en El Mundo– fue escribir cuatro millones de líneas de código para follar. Los otros, por supuesto. Que él todavía no está en edad").

Google y los periódicos

Nuestro interlocutor continúa derribando mitos: "Eso que hace Google News ahora –mostrar los snippets o entradillas, el titular, etc, etc–, eso es lo que siempre, en los periódicos, ha sido el cuerpo de la titulación y el lead. Tengo la impresión de que a la hora de exigir contrapartidas, los periodistas y las empresas periodísticas tuvieron una ilusión que se ha revelado letal. Consistía en pensar que el interés del lector por la versión digital del periódico le llevaría más allá del titular y la entradilla. A mi juicio, la abrumadora mayoría de lectores de periódico, ya en la época tradicional, no pasaban de ese cuerpo. Me da la impresión de que los periodistas lo han regalado, como si fuera una mercancía que viniera del aire, guiados en una suerte de delirio pernicioso, creyendo que el lector pincharía sobre el link y que eso permitiría que el tráfico en la web subsanara el regalo de dicha mercancía. Todo ello se ha revelado falso".

"Google –añade– se niega a dar los datos reales de cuántas personas pinchan en sus news con referencia al total de personas que las ojean. y las webs de los periódicos –y hablo por propia experiencia– tampoco son muy favorables a decir cuántos de esos lectores que surfean por la red pinchan y se detienen en los contenidos de los periódicos digitales o de las webs noticiosas más allá de la home, más allá de lo que representa la portada. ¿Por qué? Pues porque a lo mejor el negocio periodístico no va más allá de ese cuerpo de titulación. Lo hemos regalado con una gran cordialidad, creyendo siempre que el lector iría a buscar el resto de la información, y que eso supondría un tráfico maravilloso. Y no ha sido así".

Se debate en Alemania la ley que obligará a que Google compense a los periódicos por cada noticia que agregue a su servicio Google News. Hay quien cree que esas entradillas (snippets) son una fuente de tráfico potencial. ¿Está justificado ese diagnóstico tan optimista? "Algunos –enfatiza Espada– pasan con mucha rapidez por el asunto de Google y la prensa alemana. No hay que pasar con tanta rapidez, con independencia de lo que esto signifique para el negocio. Sí que hay para mí en este asunto un tema crucial. Por primera vez, el periodista y la empresa periodística ponen el acento donde debieron ponerlo desde el principio, que es en el valor de esa unidad mínima que es la noticia. Usted sabe que la venta de casas en Asturias ha bajado un siete por ciento, y esa noticia, que puede interesar más o menos, tiene un coste. Como decía, esa noticia no viene del aire. Detrás hay mucha gente implicada. Y sobre todo, hay una cosa que los del mundo online –estos muchachos que vienen de culturas completamente diferentes– no entienden, y es que el periodista no es el señor que teclea el dato. No. El periodista es aquel que garantiza que esa información sea cierta".

Me imagino que más de un nativo digital pensará que todo es opinable, y que su verdad vale tanto como la del redactor de turno. Confundir información con opinión es un deporte muy extendido en internet. "En las escuelas de periodismo –señala Espada–, hay un vicio execrable. Cuando los niños entran en la clase, lo primero que les dicen los profesores es que la objetividad no existe. Bueno... Esa es una de las grandes mentiras que ha conducido a este oficio a su decadencia. Una decadencia que, evidentemente, no tiene nada que ver con lo digital. Es una decadencia mucho más profunda, y que tiene un sentido que va más allá de las superficies donde esto se manifiesta. Naturalmente que la objetividad existe. La objetividad es algo muy sencillo. Consiste en explicar el mundo con independencia de las convicciones que tenga cada uno. Si eso no pudiera ser explicado, no solo no existiría el periodismo, sino que no existiría la ciencia y no existiría la verdad. No existiría nada de todo eso que nos hace levantarnos cada mañana con una cierta garantía de supervivencia. Esa no es más que la degeneración posmoderna de un pensamiento reaccionario, que se manifiesta igual con los mesías que con los profesores que vienen diciendo que la objetividad no existe".

Trampas del populismo

De igual forma que los derechos de los autores necesitan protección, la autoría del periodista o la referencia del periódico en el que trabaja son valores cuya importancia tiende a olvidarse. El periodismo es un filtro y un mecanismo de control indispensable en democracia, y en este sentido, Arcadi Espada tiene una opinión muy clara: "En el entorno digital, las fuentes han pasado a depender del altavoz. Es una cosa muy parecida a lo que sucedía entre las agencias y los periódicos. ¿Qué hacía la agencia? La agencia daba a los periódicos un material interno, que los periódicos filtraban, y enriquecían o no, pero que en cualquier caso pasaba por una aduana. Ahora es como si de ese mundo de las agencias hubiera desaparecido la aduana. Cualquier partido político, en su web, con sus propias imágenes, sirve a la sociedad sus propios materiales, como si no hubiera ninguna aduana intermedia. A mí me parece que eso, socialmente, tiene un coste. La democracia tiene un coste".

"Todo ello –continúa– se disfraza desde los intereses tecnológicos con la tontería del populismo, de la conversación sin fronteras, etc. Ese argumento ya lo tenemos muy oído, y no tiene ningún valor. Naturalmente uno puede conversar sobre lo que le dé la gana, pero siempre y cuando, en el origen de la conversación, haya justicia respecto a los que proporcionan los temas. Y lo siento mucho, vuelvo a insistir, el tema de la conversación digital está aportado por medios que no reciben la justa compensación. Eso es un asunto fundamental. Y de ahí que las empresas periodísticas deban rebajar la ambición, en el sentido de volverse a preocupar de aquello que ellas producen. Las noticias no son gratuitas. Ni siquiera las proporcionan fuentes interesadas en ellas. Si no hay una aduana que diga: «La venta de casas descendió un siete por ciento, no un ocho ni un 28 por ciento», podemos seguir envueltos en este halo de mentiras en las cuales nos movemos, pero con desgraciados efectos para el comercio y para la política".

Le pregunto qué opina de la posibilidad de no indexar las noticias en Google News. Algo que casi nadie quiere hacer, y que sin embargo, la Associação Nacional de Jornais do Brasil (ANJ) ha recomendado a los principales periódicos de ese país. "Ciento y pico periódicos brasileños así lo han decidido últimamente –responde–. Yo no sé si esa es la solución. Pero lo que no es la solución es decir que la noticia es gratuita. Puede costar una mínima cantidad, pero nunca es gratuita".

Copyright del artículo y de las imágenes © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2007, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (TheCult.es), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las artes.

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