Lunes, 07 Abril 2014 21:22

Entrevista al poeta José Carlos Rosales Destacado

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José Carlos Rosales (Granada, 1952) acaba de publicar en la editorial Renacimiento la antología poética Un paisaje, que aúna poemas de los últimos 30 años. José Carlos es uno de los más sólidos y personales aunque también, quizás, uno de los más desconocidos valores de la llamada “generación novísima”, a pesar de que su aparición como poeta sea singularmente tardía, ya que su primer libro data de 1988.

Su tardanza en publicar puede haber dificultado el reconocimiento de su poesía y el que figure en las nóminas habituales de los poetas de los años 70 y 80. Sin embargo, esa madurez otorga a su poesía carácter: aúna al mismo tiempo modernidad y conocimiento de la tradición, es narrativa y minimalista.

Su poesía se caracteriza por ser concisa, sus poemas no son muy extensos, con tendencia a la elipsis, donde la ausencia está muy presente. No es una poesía fácil, que se entregue al lector a la primera lectura, pero es una poesía verdadera, de mundo, y para nada intercambiable por ninguna otra de la escrita por su generación.

Por todos estos motivos y por su obra, José Carlos Rosales es un poeta necesario, imprescindible en la poesía española contemporánea.

¿Cómo crees que ha evolucionado –si crees que lo ha hecho– tu poesía en estos 30 años? ¿Cómo ha avanzado en el tiempo?

Bueno, creo que más que evolucionar en el sentido de avanzar linealmente, mis poemas han ido ahondando o profundizando en los mecanismos o temas del principio. También creo que como escritor he ido desarrollando ciertas habilidades que sólo con los años se aprenden. Ahora tal vez sea más claro o más preciso, también más atrevido, pues creo que con el tiempo uno se puede volver más atrevido, y supongo que eso es lo que me ha ocurrido a mí.

¿Qué influencia ha tenido en ti tu tío Luis?

Luis Rosales es uno de los poetas españoles más importantes del siglo XX y, como poeta y filólogo, me siento bastante cómodo con su poesía y con sus trabajos, pero mis temas y modos de escribir son muy distintos. Creo que no guardan demasiada relación con los suyos; otra cosa sería hablar de su presencia humana o familiar, también sentimental. En ese sentido, el ejemplo de su paciencia o su escepticismo han tenido cierta significación en la configuración de mis maneras de ser o de sentir; pero no ha sido más relevante que la de otros mayores de la familia propia o ajena. Ya sabes, también nos influyen los mayores de las familias amigas.

¿Es mera coincidencia que te dediques a la poesía como él?

Pues no sabría qué decirte. Supongo que algo tendrá que ver, no sé. Aunque también hay que recordar que en mi familia hubo (y hay) otros artistas y poetas. Mi abuela era una pintora bastante aceptable, y Antonio Corona Camacho, el “tío Corona”, hermano de mi bisabuela, era poeta, aunque murió sin haber editado nunca un libro. Sólo publicó en revistas y periódicos de su época y fue incluido en una Antología de poetas andaluces de 1914, la de Bruno Portillo y Enrique Vázquez de Aldana, la primera antología en la que se usó la expresión de “poetas andaluces”. Esta antología incluía, entre otros poetas, a Juan Ramón Jiménez.

Y, bueno, también está mi tío Gerardo Rosales, hermano de mi padre, pintor y poeta, pintor abstracto y autor de Poema de Yavé publicado en 1964, un pequeño libro de poemas muy interesante y desgarrado.

En fin, ahora que lo pienso, en mi familia siempre hubo ciertas inclinaciones artísticas o literarias, y, aunque nunca fueron esas tendencias nunca fueron nucleares, siempre estuvieron ahí. Creo que funcionarían de alguna manera como un estímulo…

¿Crees que ha influido en tu poesía?

Creo que no. Como ya te he dicho, antes no veo nexos formales o temáticos entre Luis Rosales y mis modos de escribir…

¿Quiénes son tus modelos? ¿A quién admiras?

Habría que citar muchos nombres, y no sólo poetas, también me siento guiado por novelistas o narradores como Camus, Kafka, Hermann Hesse, Philip Roth o Margaret Atwood, incluso por pintores o músicos como Paul Klee o Eric Satie, como Vermeer o Bach, como Artemisia Gentileschi o Tracy Chapman. Pero entre los poetas que nunca decaen en mi ánimo, podría citarte a Joan Vinyoli, a Philip Larkin, a Cernuda o a Vallejo; y, entre los españoles más contemporáneos, estarían José Hierro, Francisco Brines o Caballero Bonald.

En cuanto al título de tus obras, háblanos del ciclo que forman El buzo incorregible, El precio de los días, La nieve blanca, El horizonte, El desierto, la arena, o Y el aire de los mapas.

Cuando pensé publicar lo que sería mi primer libro de poemas –me refiero a El buzo incorregible–, me planteé iniciar una especie de ciclo poético que, en aquel momento calculé que abarcaría 3 ó 4 libros. Y ya son cinco.

El sexto será un cierre, el final de ese ciclo que se abrió con El buzo incorregible. De ahí que se llame Y el aire de los mapas, con esa conjunción copulativa que anuncia el final de una enumeración. Y ahora, cuando reviso esos libros, creo que me he mantenido fiel al planteamiento inicial, no puedo valorar el resultado: no soy la persona más indicada para hacerlo, uno nunca sabe si ha hecho bien su trabajo; pero lo que sí percibo en las páginas de Un paisaje es ese logro, al menos para mí, de haberme mantenido en las coordenadas que me propuse hace más de 25 años. Unas coordenadas que se mueven en torno a dos figuras, la del viajero o fugitivo, y la del enfermo o recluido o prisionero. Ambas miran a su alrededor, nunca se cansan de analizar el mundo y, aunque se sienten excluidas de él, no renuncian a entenderlo o entenderse con él. El mundo es causa de disgusto, pero también de estímulo, de proximidad o empatía; y esos dos personajes son como buzos, bucean y miran, están en un mundo ajeno y extraño.

Entiendo la importancia de la nieve, pues en Granada está muy presente, pero ¿qué sucede con el submarinismo o el desierto? ¿También ocupan un lugar importante en tu vida?

Supongo que no hay tanta diferencia entre el fondo del mar, un desierto enorme y un paisaje nevado. Los tres ámbitos comportan amplitud, pero también desolación o desamparo, y sobre todo, extrañamiento.

Son tres espacios atractivos que, sin embargo, no ofrecen demasiada calidez. Tal vez nos atraen por esa sensación de amplitud y lejanía. Son lugares donde parecen guarecerse las raíces de las cosas, aquello por lo que nadie pregunta.

¿Podrías explicar la elección de los títulos El buzo incorregible y El desierto, la arena?

Con el primero de ellos pretendía dos ideas: la apelación a profundizar en lo más frío o hiriente, y el propósito irrenunciable de mantenerse en esa indagación o búsqueda. De ahí lo de “incorregible”, actitud que no es voluntaria (entonces diríamos “irrenunciable”) ni siquiera consciente, más bien sería inevitable. Y con El desierto, la arena quería desvelar que el contenido del libro se movería entre dos planos, de lo general y más amplio –“el desierto”- a lo más pequeño y particular, es decir, “la arena”. El título sería como ese movimiento de cámara cinematográfica que va del plano general a plano de detalle, primero veríamos el desierto en toda su amplitud para centrarnos seguidamente en las dunas, en la arena, en los granos de arena.

Háblanos de tu próximo libro Si quisieras podrías levantarte y volar. ¿Por qué ese título?

Con este libro iniciaré un nuevo ciclo. Serán poemas más extensos, con un desarrollo mayor de las ideas y los espacios. Procuraré que vayan tramando entre sí el curso de una historia, un relato que justifique las razones o conclusiones poéticas, de ahí que el título sea más extenso y, además, sea una frase, una idea ya establecida o elaborada pero cuyo sentido no conoceremos del todo hasta no leer los poemas. Parece algo exagerado o presuntuoso. Espero que no. En fin, ya veremos cómo queda cuando lo dé por terminado

Por favor, háblanos del paralelismo entre Kafka-Milena / Rosales-Milena.

Hay nombres que conllevan unas poderosas vibraciones literarias: Beatriz, Laura, Orlando, Sancho y muchos más. Y Milena es uno de esos nombres, así que, una vez que decidí y asumí la publicación de Poemas a Milena, no me preocupó reconocer las implicaciones autobiográficas de esos poemas; pero tampoco sería útil tomarse al pie de la letra lo de autobiográfico, hay muchas cosas más: numerosas conexiones literarias, una labor de construcción dramática más o menos sutil y, sobre todo, una cierta dosis de imaginación limitada.

Este libro podría llevar una fajilla que pusiera “basado en hechos reales”, es decir, una señal de que la realidad es una cosa y la literatura otra. Ni siquiera en la literatura llamada realista está la realidad o toda la realidad; la realidad no sólo no cabe en la literatura, sino que además está en otra parte. Y si entre la Milena de Kafka y la de Poemas a Milena la relación textual es obligada o espontánea, la de Kafka conmigo es una consecuencia, consecuencia feliz, pues para mí Kafka ha sido siempre uno de los autores más valiosos o próximos.

Copyright © Christina Linares. Reservados todos los derechos.

Entrevista publicada previamente en italiano, en la revista Ínsula Europea. Agradecemos la cortesía del profesor Carlo Pulsoni, de la Universidad de Perugia.

 

Visto 10721 veces Modificado por última vez en Jueves, 10 Abril 2014 13:38
Christina Linares

Christina Linares estudió Filología Francesa en la Universidad de Sevilla y hoy en día compagina su labor de traductora del francés así como del italiano y del inglés con la de community manager de la Librería-Editorial Renacimiento y Espuela de Plata.

En la actualidad, se encarga también de las Ferias del libro para no perder el contacto con el público, así como del gabinete de prensa de dicha editorial.

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