Cultura del esfuerzo

Cultura del esfuerzo Imagen superior: Moyan Brenn, CC

"Expediente brillante, recursos escasos". Durante años, esta coletilla fue repetida hasta la saciedad en las conversaciones del trío calavera, a saber, mis dos amigas de infancia y la que esto escribe. Íbamos juntas al colegio desde parvulario. A la "Divina Pastora".

Éramos, para todo el barrio, las "borregas". Nos hicimos inseparables. Éramos una tríada. Compartimos todo. Absolutamente todo. Estudiamos con las monjas hasta los dieciséis, con los curas hasta los diecisiete, en la misma facultad de la Complutense hasta los veintitrés. Nos doctoramos a la par.

Durante la carrera, decidimos que íbamos a pasar un verano en Santander, en la Menéndez Pelayo. Buscamos un curso de nuestro gusto. Presentamos todo el papeleo. Solicitamos una beca porque, claro, nos resultaba imposible financiar la estancia y el curso. Por supuesto, no nos dieron la beca.

Mis amigas, ambas dos, eran huérfanas de padre. Yo era hija de un camarero y un ama de casa. Pero no hubo beca para ninguna de las tres. ¿Razón esgrimida? "Se reservan las becas para aquellos estudiantes que tengan expediente brillante y recursos escasos". Bien, nuestros expedientes superaban el 8.5. Estudiando una carrera de ciencias puras. Nuestros recursos, ya queda dicho, no eran para tirar cohetes... Y gobernaban los socialistas, por si se le olvida a alguien.

Nunca he tenido una maldita beca en mi vida. Nunca. Nunca fui merecedora de tal merced. Pero en mi familia estaba claro que yo iba a estudiar. Sí o sí. Así que mi madre empezó a limpiar oficinas. Mi padre, a dar bodas, bautizos y comuniones en sus días libres. Y yo, cuando llegó el momento (esto es, a los quince años) empecé a dar clases particulares.

Después me hice camarera. Aprendí a servir mesas, a tirar cañas, a hacer cortados, a calcular la medida exacta de un sol y sombra... No tuve veranos, no tuve vacaciones. Pero estudié una carrera. Y, más tarde, hice un doctorado. A pulso. Sin financiación alguna. Siendo investigadora por las mañanas y camarera por las tardes/noches. Ayudando en las cocinas de hoteles de medio pelo durante los veranos. Quitándome la grasa de la cara y enfilando a mi siguiente destino, un niño mimado que había suspendido cinco para septiembre y había que encauzarlo. Y me doctoré. Y fui Premio Extraordinario de Doctorado de ese año. Con una tesis "de letras" en una facultad "de ciencias". Rizando el rizo...

¿Qué cómo se llama eso? Pues eso se llama tesón, fuerza de voluntad, deseo de aprender. Cultura del esfuerzo. Sí, señoras y señores, CULTURA DEL ESFUERZO. Que no es algo que se haya inventado la derecha cavernaria, no. Es algo tan antiguo como el comer, como el respirar. No esperé a que me becaran. Me busqué yo solita las habichuelas. Como me las he seguido buscando desde entonces. Como me las busco hoy, día a día, sin esperar que nadie venga a ayudarme.

No espero nada de nadie. No pretendo que me subvencionen. Es más, NO quiero que nadie me dé ni un maldito euro. Porque, de esa forma, seguiré siendo lo que más me gusta ser en el mundo: LIBRE.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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