El nuevo sepelio de Colón

El nuevo sepelio de Colón Imagen superior: Tumba de Cristóbal Colón en la Catedral de Sevilla (Favi-DE, CC)

La España de finales del XIX se dividía en krausistas y neo-católicos. Estos últimos, los neos, como eran denominados de forma despectiva por sus contrarios ideológicos, tenían como cabeza visible a Marcelino Menéndez Pelayo. Neo, sí, pero no por ello menos erudito. De hecho, estamos ante uno de los grandes eruditos de nuestra cultura.

Entre la nutrida red de corresponsales que don Marcelino tenía por toda España, destaca Francisco Rodríguez Marín, sevillano de Osuna, que estudió Leyes en la Universidad de Sevilla y llegó a ser director de la Biblioteca Nacional (1912-1930). Rodríguez Marín era liberal, germanófilo durante la I Guerra Mundial y partidario del bando sublevado en la Guerra Civil. También fue folclorista, cervantista y colaborador asiduo de prensa escrita.

Repasar la correspondencia entre ambos eruditos es todo un ejercicio de historia. Sirva, como ejemplo, esta carta de comienzos de 1899, escrita por el osunense:

"Sevilla, jueves, 19 de enero de 1899

Muy querido y respetable amigo mío: recibí su carta de Santander, y esta tarde, la del 16, escrita a su regreso de V. a la corte.

Fui a Osuna por las Pascuas, y tal catarro cogí y crié registrando los papeles administrativos de la casa ducal, que me he pasado en la cama unos cuántos días, cociéndolo y soltándolo. Ya estoy mejor, a Dios gracias, y hoy he podido concurrir al nuevo sepelio de los restos de Colón.

A ver si otro día tenemos que mandarlos a Covadonga, para empezar desde allí la nueva reconquista, porque esto anda del todo perdido. El progreso nos lleva tan aprisa, que más parece querer despeñarnos que conducirnos (...)"

Se está refiriendo, Rodríguez Marín, al traslado de los restos de Colón desde La Habana hasta Sevilla. Un traslado que se decidió una vez perdida Cuba, en 1898. Finalizaba, así, el largo periplo de unas cenizas que habían pasado por Valladolid, Sevilla, Santo Domingo y La Habana.

Aquel jueves 19 de enero, Rodríguez Marín escribía a su amigo recién llegado de las honras fúnebres que acababa de presenciar. Porque fue un 19 de enero, jueves, cuando atracó el buque Giralda en el muelle del Guadalquivir, escalinata de San Telmo. Un buque al que subieron el alcalde de Sevilla, el duque de Veragua (descendiente directo del Almirante de la Mar Océana) y el notario que levantó acta. El comandante de la nave entregó la caja al duque quien, a su vez, la entregó al alcalde para que la custodiara.

Luego, en comitiva solemne, se dirigieron hacia la Catedral, donde el alcalde entregó la urna al arzobispo y, una vez allí, según había ordenado la reina regente María Cristina en un Real Decreto firmado una semana antes, se le rindieron honores de Capitán General del ejército que muere en plaza con mando en jefe.

La caja estuvo de manera provisional en un túmulo erigido en la cripta del Sagrario, hasta que se levantó el Mausoleo que, hoy en día, preside, majestuoso, la Puerta de los Príncipes de la catedral sevillana. Un féretro sostenido por cuatro heraldos que representan los cuatro reinos españoles: Castilla, León, Aragón y Navarra. Los cuatro reinos cristianos nacidos tras la reconquista que, palmo a palmo, había acabado con califatos, reinos de taifas y último reducto nazarí. Cuatro reinos cristianos que siempre tuvieron como referente la mítica Covadonga, esa a la que se recurre cada vez que, en nuestro solar patrio, soplan vientos pesimistas.

Leyendo a Rodríguez Marín parece que no ha pasado el tiempo. Y es que, como siempre me gusta decir, cambian los escenarios, cambian las modas y costumbres, pero hay algo que siempre permanece inalterable: la condición humana.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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