Salem 1692

Verano de 2000. Tres amigas recorren la costa este de los Estados Unidos. Se conocen desde que tenían cuatro años. Llevan décadas compartiendo la vida. No lo saben pero ése va a ser su último gran viaje juntas. Una de ellas es la que esto escribe.

Además de los sitios clásicos (New York, Boston, Washington, Philadelphia…) elijo el recoleto pueblo de Salem. Como no podía ser de otra forma. Alguien que lleva ocho años especializándose en aspectos mágicos y supersticiosos de la Edad Moderna no puede llegar a Boston y no acercarse hasta Salem, la pequeña ciudad de Massachusetts que ha pasado a la historia como trágico ejemplo de hasta qué extremos puede llegar la histeria colectiva.

162 acusados, 66 juzgados y 30 condenados. Desde el primer arresto, el 29 de febrero de 1692, hasta la última ejecución, siete meses después. Éstas son las cifras de los famosos procesos por brujería de Salem. Y ésta es la crónica…

Invierno de 1691. Tras un pasado no muy satisfactorio como mercader caribeño, el reverendo Samuel Parris, formado en el Harvard College de Boston, decide retomar los hábitos y establecerse como pastor en un olvidado pueblo de la bahía de Massachusetts, en Nueva Inglaterra, llamado Salem Village, donde llega acompañado de su esposa Elizabeth, su hija Betty, su sobrina Abigail Williams y el matrimonio de esclavos que tenía a su servicio, John y Tituba.

La bahía de Massachusetts era, por aquel entonces, un islote de civilización en medio de la nada. Granjas y pueblos separados por descomunales distancias, comunicaciones y medios de transporte excesivamente lentos, unidos a continuos ataques de los indígenas y a devastadoras fuerzas de la Naturaleza.

A las especiales condiciones físicas del medio se unían las características espirituales de sus habitantes: puritanos emigrados de Gran Bretaña, creyentes en una férrea doctrina que establecía un Dios estricto que ya tenía elegidos a los que se iban a salvar, siendo el resto destinado a padecer los castigos del Infierno, predestinación contra la que el individuo no tenía nada que hacer.

Todo formaba parte de plan preestablecido por Dios. Cada cosa buena que ocurría en la vida de las personas era resultado directo de la merced divina. Las desgracias, por el contrario, se atribuían a fuentes diferentes: Dios, ocasionalmente, permitía a su ángel caído (Satán) llevar la miseria a la Tierra, como parte del juicio divino sobre aquellas personas que se desviaban del camino correcto.

La mezcla de puritanismo y aislamiento formaba un entramado en el cual todas las acciones se atribuían a poderes místicos que gobernaban el mundo y se encontraban fuera del control humano. Este fue el caldo de cultivo en el que germinó todo el proceso que concluyó con los famosos casos de brujería de Salem, hoy en día Danvers.

La negra Tituba, nacida en Barbados, suele ser señalada como la desencadenante de todo el proceso de brujería de Salem. Para combatir el tedio de los duros meses invernales, Tituba contaba a sus amitas blancas, Betty y Abigail, algunas de las historias oídas en su Barbados natal, historias que aderezaba con diversos ritos mágicos, herencia directa de sus ancestros.

Otras adolescentes del pueblo, atraídas por aquellas inocentes sesiones de relatos e inocuas prácticas mágicas domésticas, acudían, semana tras semana, a las reuniones con la esclava negra, mientras que los domingos oían los apocalípticos sermones del reverendo Parris. Ambas circunstancias comenzaron a crear mala conciencia en las niñas. La pequeña Betty, la más sensible de todas ellas, la hija del revenrendo, fue la primera que comenzó a acusar misteriosos síntomas…

La locura de las brujas de Salem se desató cuando, en enero de 1692, Betty empieza a emitir extraños sonidos, a esconderse bajo las sillas y a adoptar extravagantes posturas con su cuerpo. El matrimonio Parris centra su atención en Betty y Abigail, sintiéndose desplazada, no duda en imitar a su prima. Y, así, una tras otra, las diez niñas que acudían a los encuentros con Tituba fueron presa de los mismos comportamientos. Consultado el doctor Griggs, médico del pueblo, emite un diagnóstico contundente: las niñas están embrujadas… sólo queda por descubrir quién es el causante de los ataques.

El reverendo Parris llama a dos colegas vecinos y, entre los tres, comienzan a interrogar a las chicas, que deciden hacer objeto de sus acusaciones a Tituba, su maestra, y a dos mujeres del pueblo: Sarah Good, que se mostraba mentalmente perturbada, y Sarah Osborne, una anciana inválida, muy impopular en el pueblo por haber convivido con un hombre sin estar casada. Las tres fueron arrestadas y sometidas a interrogatorio.

Mientras que Good y Osborne negaron cualquier implicación en el caso, la declaración de Tituba fue decisiva. Ella era la única que sabía de las reuniones secretas.

Probablemente, a causa de las torturas sufridas, hizo la confesión habitual en estos casos: declaró haber realizado pactos diabólicos, en los que implicaba a las dos Sarah, así como transformaciones licantrópicas y vuelos nocturnos. Es más, habló de la existencia de un conventículo de brujas en Massachusetts, lideradas por un hombre alto, de pelo blanco y vestido enteramente de negro.

Lo que estaba haciendo Tituba era, ni más ni menos, que responder bajo tortura a las preguntas que le hacían sus torturadores.

Pese a que ambas Sarah negaron todo lo contado por Tituba, nadie creyó sus declaraciones, máxime cuando las niñas hicieron suyas las declaraciones de brujería. Sometida a tortura, Sarah Osborne murió en prisión el 5 de mayo de 1692, transformándose en la primera víctima de esta histeria adolescente.

La declaración de Tituba abrió una caza sin precedentes en las colonias británicas de Norteamérica, en busca de las restantes brujas y del hombre alto que actuaba como líder de todas ellas. Lo que comenzó como un juego de niñas se transformó en una sombra de duda colectiva donde cualquier habitante de Salem podía ser sospechoso de brujería, aprovechando la circunstancia para delatar a enemigos y quedarse con sus pertenencias, sus tierras, sus posesiones más queridas. La situación alcanzó tal cariz que obligó a las autoridades de Boston a intervenir.

A finales de octubre de 1692, el Gobernador Phipps dio por cerrados todos los procesos. La tragedia, sin embargo, había llegado demasiado lejos: de las 150 personas acusadas, cinco murieron en prisión, dieciocho fueron ahorcadas y una falleció tras ser aplastada hasta la muerte.

Las heridas tardaron años en cerrarse, pese a que un acta legal fechada en 1711 devolvió todas las propiedades confiscadas a las víctimas y a sus familias, así como una compensación económica. Pero el daño era irreparable. De las causantes de toda esta terrible historia es poco lo que se sabe. Las más jóvenes se casaron, cambiaron sus nombres y se alejaron de la zona. La pequeña Betty, sin embargo, se quedó en la bahía, donde se casó y vivió en Concord, apenas a 20 millas de distancia del terrible lugar en el que había desencadenado la locura.

Las repercusiones de los juicios de Salem fueron tales que Salem Village decidió cambiar de nombre, con la intención de borrar los estigmas del pasado. Hoy luce con el nombre de Danvers. Salem Town, lugar donde se llevaron a cabo todas las sesiones de los juicios, decidió quedarse con el nombre de Salem y, hoy en día, se ha convertido en un reclamo turístico. Numerosas exhibiciones compiten a lo largo del pueblo por atraer la atención del turista ávido de sensaciones “terroríficas”… cualquier cosa vale con tal de ganar unos dólares a costa de uno de los episodios más negros de la historia de los Estados Unidos.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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