La Mansión de las Aguas

La Mansión de las Aguas Imagen superior: El Escorial, por Michel-Ange Houasse (1723)

Durante años, muchos, El Escorial fue como mi segunda casa. Eran los tiempos en los que preparaba mi tesis doctoral. Unas veces iba sola (las más); otras, acompañada de amigas.

Recorría la Lonja, atravesaba los arcos que conectan el Jardín de los Frailes con la antigua Casa de Oficios y me sentaba justo al otro lado, observando. Observando la fachada de poniente de El Escorial. Observaba y leía las descripciones contemporáneas a la construcción de aquella mole pétrea. Y observaba. Y leía. Así, durante meses. Tomaba fotos y, ya en mi casa, volvía sobre las descripciones. Hasta que "descubrí" cuál era la llamada "Mansión de las Aguas", el mítico laboratorio de destilación mandado construir por Felipe II. Un "descubrimiento" que, junto a las fuentes documentales halladas en el Archivo de Simancas, constituyeron la perla de mi tesis doctoral. La razón, supongo, por la que me dieron el Premio Extraordinario de Doctorado.

Es aquella una zona del monasterio que permanece restringida al público. No fue, hasta bastantes años después, que supe a que se dedicaba en la actualidad. Y fue de la mano de #elCordobés, a quien conocí después de presentar mi tesis doctoral. Es decir: escribí sobre algo que no había podido ver con mis propios ojos. Tan sólo había podido imaginar, a ras de suelo, cómo podía ser esa Mansión de las Aguas. Pero ocurrió que yo estaba predestinada a poder acceder hasta ese recinto "prohibido". Un recinto sólo de hombres. Los hombres agustinos que hoy custodian el palacio predilecto del dueño del mundo. Y fue tan increíblemente sencillo que, aún hoy, sigo maravillada.

Resulta que #elCordobés, gracias a sus contactos "alquímicos", conoció a Agustín Fernández, el sabio del Escorial, el agustino que elaboraba toda suerte de remedios naturales para los niños que estudiaban en las aulas escurialenses. Agustín era un sabio renacentista, un alquimista de antaño. Salía a los montes cercanos, que conocía como la palma de su mano, a recoger hierbas medicinales. Hierbas que secaba y destilaba, transformándolas en quintaesencias y elixires capaces de curar las más pertinaces afecciones. Con el tiempo, Agustín colgó los hábitos, pero nunca se alejó de su amado Escorial, donde seguía entrando como Pedro por su casa. Y fue de su mano como accedimos a aquel recinto tantas veces por mí soñado.

Un recinto que, hoy en día, sirve de sala de lectura y televisión para los frailes agustinos. En una visita privada con Edelmiro Mateos, el entonces Rector del Centro Universitario Reina Cristina, la universidad escurialense aneja al complejo monástico, pude ver, por vez primera, la Mansión de las Aguas por dentro. El hueco de las paredes donde se ubicaban los grandes calderos que, llenos de agua hirviendo, hacían funcionar los destilatorios. O la sala donde se ubicó, originalmente, la mítica torre filosofal, el aparato que destilaba ingentes cantidades de quintaesencias. Las marcas de sus anclajes seguían allí... Nada sabían, de todo aquello, los actuales agustinos. Aunque tomaron buena nota y, en la siguiente de nuestras visitas, pudimos ver, orgullosos, cómo habían colocado reproducciones de los grabados de los diversos aparatos ubicados, originalmente, en cada una de aquellas salas.

FelipeIIsofonisba

En la imagen, mi retrato favorito de Felipe II, el que le hizo Sofonisba Anguissola, su pintora de cámara y maestra de sus hijas, las pequeñas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela.

Fue, entonces, a la salida del recinto, observando la fachada de Poniente, como tantas veces la había observado en solitario, pero ahora acompañada de #elCordobés, que fumaba en silencio; fue entonces, digo, cuando pensé en voz alta. Y dije: "cuánto daría por traer a todos esos grandes sabios que en el mundo son, a todos esos académicos rutilantes que tanto presumen de lo suyo y tanto ignoran de lo que aquí se coció, nunca mejor dicho...". #elCordobés no dijo nada, acabó su cigarro, nos fuimos a tomar el chocolate con churros tradicional y ahí quedó la cosa. Ahí hasta que, semanas después, me dijo: "Vas a tener tu reunión de sabios. Vas a poder contarles, a todos, que Felipe II fue el rey alquimista por excelencia."

Y así fue. Más de cuarenta expertos venidos de todas las partes del mundo. Más de un centenar de participantes. Un congreso espectacular, CHYMIA, organizado por #elCordobés hasta el último detalle. Inaugurado con una conferencia mía y una posterior visita a la Mansión de las Aguas, donde, entre otras cosas, conté aquello de un rey ya anciano, que sabía sus días contados, incapaz ya de andar por sí mismo, comido por una infección generalizada que abría llagas purulentas en todo su cuerpo. Un rey que ordenó le trajeran su silla de mano, le vistiesen adecuadamente y le llevasen a recorrer, por última vez, su monasterio amado. Una visita que concluyó, como no podía ser de otra forma, en su sueño hecho realidad, su laboratorio de destilación, su Mansión de las Aguas. Un rey, soberano del mundo, que moría a los pocos días, el 13 de septiembre de 1598, domingo, a las 5 de la madrugada.

Dentro de un mes volveremos a hacer nuestro sueño realidad. Volveremos a contar esta historia nuestra, que nos lleva acompañando tantos años. Y será como si la contásemos por primera vez. Será un nuevo momento que atesorar en nuestra memoria. Para cuando vengan mal dadas. Para cuando debamos tirar de recuerdos, a fin de afrontar el implacable devenir del destino...

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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