Crítica: "La llamada" (Javier Calvo y Javier Ambrossi, 2017)

Si en el panorama del teatro musical madrileño se pude hablar de un Off-Gran Vía, como existe un Off-Broadway en Nueva York, La llamada sería el ejemplo perfecto de un contundente éxito ajeno a las grandes producciones y las promociones millonarias.

Lo que empezó en 2013 como un espectáculo ultramodesto (se llevaba a cabo en el hall de un teatro) fue todo un éxito gracias al boca a boca, y ya cuenta con adaptaciones en varios países.

Ahora, llega a las pantallas esta divertidísima adaptación al cine, escrita y dirigida por los mismos creadores de la obra teatral, Javier Ambrossi y Javier Calvo.

Casi todo el film transcurre en un mismo escenario, un campamento católico durante un fin de semana en el que las protagonistas se quedan solas (no sabemos si es durante un viernes 13). Pese a esta limitación de espacio, La llamada resulta menos teatral que otras adaptaciones a la pantalla de éxitos escénicos (pensemos, por ejemplo, en Closer) gracias a cierto desparpajo audiovisual por parte de los directores.

Por encima de otras consideraciones, esta es una comedia tronchante gracias al trabajo de su reparto, en especial unas desternillantes Anna Castillo (como jovenzuela ligera de cascos) y Gracia Olayo (como monja con carácter). La emergente Macarena García lleva el personaje protagonista con solidez y Belén Cuesta toma el relevo de la antorcha que durante años portó María Barranco.

Aparte de las risas que provoca y de su peculiar selección de temas musicales (incluidas horripilantes muestras de “electro latino”), La llamada es un loable intento de conciliar la religión católica con asuntos como la libertad sexual o “la vida loca”, eliminando conflictos y malos rollos, y siguiendo los dictados del amor, ya sea en su variedad romántica o vocacional.

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A la protagonista se le aparece nada menos que Dios (Richard Collins-Moore), de una manera muy similar a como lo hacía Frankie Avalon en Grease (Randal Kleiser, 1978), y le canta temas de Whitney Houston. Ella no sabe muy bien cómo reaccionar, pero sí tiene claro que se ha enamorado locamente del Creador.

Lejos de ridiculizar al personaje, en la película se respeta este amor (al igual que el amor lésbico y otras actividades en principio incompatibles con los valores tradicionales), logrando que una cinta en la cual se consumen drogas o se dicen tacos sea también un film alejado de la blasfemia.

No se trata tanto de que La llamada sea un film religioso como una historia sobre el hecho de arriesgarse sin temer al fracaso o al qué dirán. No es un mensaje revolucionario, claro está, pero hace que uno salga de ver esta modesta y simpática película con una sonrisa y el espíritu calmado, que falta hace.

Además, en el ADN de La llamada hay bastante de Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977), y eso siempre es bueno.

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Sinopsis

Segovia. Campamento cristiano "La Brújula". Bernarda, una monja recién llegada, quiere salvar el campamento con su canción "Viviremos firmes en la fe". La hermana Milagros, una joven con dudas, recuerda lo mucho que le gustaba Presuntos Implicados. Y María y Susana, dos adolescentes castigadas, tienen un grupo que se llama Suma Latina. Pero desde que Dios se le aparece a María una noche, todo está cambiando. Y es que a Dios le encanta Whitney Houston.

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Nota de los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi

"Siempre soñamos con que La llamada se convirtiera en una película, pero nunca pensamos que ese sueño se pudiera hacer realidad.

Estrenamos La llamada, la obra de teatro, en el hall del Teatro Lara de Madrid en mayo de 2013 con poco más de mil euros en el bolsillo y un equipo de gente que tenía muchísima fe. Muchísima fe en el texto, en el proyecto y en nosotros. Estrenamos como un musical pequeño, underground, inspirado en otros musicales como The Rocky Horror Picture Show o Hedwig and the Angry Inch. Ambos espectáculos tuvieron inicios muy similares y crecieron poco a poco gracias a los fans hasta llegar a la gran pantalla. Nosotros podemos decir, orgullosos, que nos ha pasado lo mismo. Ahora, ese pequeño musical está a punto de estrenarse en el cine. Y ha sido, en parte, gracias al público que, día a día, ha llenado el teatro y que ha repetido y repetido. A los llamaders.

Y decimos en parte porque si hay alguien que ha conseguido que este sueño se haga realidad son las actrices que hicieron suyos los personajes desde el primer día. Gracias a Belén Cuesta, Macarena García, Anna Castillo y Gracia Olayo, que han hecho que Milagros, María, Susana y Bernarda sean personajes no solo míticos sino también personas de carne y hueso.

Esto es algo que se respiraba en el rodaje. Era increíble ver cómo ellas sabían lo importantes que eran para el proyecto, cómo sentían que habían conseguido juntas llegar hasta ahí. Esto se traducía en un nivel de compromiso, pasión y talento en ebullición como pocas veces hemos visto. La llamada es muchas cosas, pero sobre todo es un grupo de actrices descomunales en estado de gracia. Esto es algo que nos dijo Almodóvar, nuestro ídolo número uno y mayor inspiración, después de ver la película. Dijo: "Habéis tenido muchísima suerte con las actrices que tenéis. Porque uno puede escribir la locura que quiera, pero ahí tiene que estar un grupo de actrices dando la cara, haciendo el texto divertido, emocionante y creíble." Tenía, como siempre, toda la razón. Y nuestras chicas hicieron eso y mucho más. Así que a ellas les daremos siempre las gracias.

Otra parte del milagro que es esta película se llama Enrique Lavigne. Enrique, uno de los mejores productores de cine de España (para nosotros el mejor), se acercó a nosotros una noche después de una función en el teatro. Compró todo el merchandising de la obra y nos dijo unas palabras que sonaban a predicción: "Hola, soy Enrique Lavigne y vamos a convertir La llamada en una película maravillosa". Al principio no sabíamos si estábamos preparados para dirigirla, incluso nos reunimos con distintos directores de cine. Pero en este proceso nos dimos cuenta de que no había nadie que supiera más de los personajes, las situaciones, el humor, la emoción y el tono que nosotros. Nos dimos cuenta de que teníamos toda la película en la cabeza.

Fue entonces cuando Enrique nos dijo que teníamos que rodarla nosotros. Y así, como lo harían Susana y María, nuestras protagonistas de La llamada, al grito de Lo hacemos y ya vemos, nos embarcamos en la increíble aventura de dirigir nuestra primera película. Por eso decimos que Enrique es el mejor. Porque supo ver antes que nosotros lo que éramos capaces de hacer.

Después de Enrique se sumaron a la aventura RTVE, DeAPlaneta y un grupo de productores alucinantes: José Corbacho, Kike Maíllo, Toni Carrizosa y Jorge Javier Vázquez. Gente a la que admiramos muchísimo y de la que hemos aprendido infinidad de cosas en este proceso. Gente, sobre todo, generosa. Y que ha creído en nosotros siempre.

Hemos intentado hacer una película honesta. Una película divertida y emocionante. Que fuera algo así como una explosión de confeti. Una película de verano como la que nos hacían soñar en los 90, con una premisa loca y atrevida pero de corte clásico, cercano, que dé la vuelta y sea capaz de hablar de nosotros mismos. Porque nosotros nunca quisimos hablar de religión, de Dios ni de monjas. Es solo un marco pop en el que hablar de las cosas que más nos importan. Es un canto a la libertad. Un empujón para tener el valor de ser tú mismo. Habla de lo importante que es cambiar, crecer, sin hacer caso a lo que te dicen los demás.

Para conseguir lo que queríamos en este rodaje ha sido fundamental la labor del equipo. Si el cine ya es en sí mismo un trabajo en grupo, aquí mucho más. Hemos intentado encontrar un equipo de personas que fueran fans de La llamada y que compartieran con nosotros los mismos valores y las mismas ganas de disfrutar. Hemos tenido la grandísima suerte de poder debutar junto al talento de un equipo muy inspirador. Migue Amoedo, nuestro director de fotografía, vino a casa cada día durante meses y juntos creamos la imagen y textura de la película y desmenuzamos nuestra historia plano a plano. Él ha sido nuestros ojos y nos ayudó a confiar y a seguir nuestra intuición. Roger Bellés, director de arte, fue un amor a primera vista. Sentimos una conexión brutal con él. Roger vistió los decorados, construyó una cabaña en mitad del campo, llenó la imagen de costumbrismo, calidad y humor todo armónicamente conjuntado de la manera más natural y familiar. Y creó un mundo de fantasía cercano y realista. Es un genio. Ana López es nuestra vestuarista en todos los proyectos que hacemos, desde La llamada en el teatro pasando por Paquita Salas. Con una mirada nos entendemos. Sylvie Imbert maquilló a las chicas y nos llenó de alegría a todos. Y Pilar Robla, directora de producción impecable, para nosotros la gran revelación, nos enamoró con su trabajo diario y su manera de ser.

Y Leiva... Leiva creó la banda sonora más bonita que hemos escuchado jamás. Sobra decir que trabajar con Leiva es un privilegio que nunca soñamos que pudiéramos tener.

¿Quién se iba a imaginar que debutaríamos con un equipo así?

La llamada es un regalo en todos los sentidos. Un regalo lleno de alegría, emoción, música y fuerza. Una carta de amor al momento más importante de nuestras vidas. Y esperamos que así lo reciba el espectador".

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © DeaPlaneta. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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