Sacro y profano

Sacro y profano Imagen superior: una calle de Venecia.

Hace unos días, paseaba con mi amiga Ana por Venecia, buscando un lugar en el que cenar. A los dos nos gusta mucho caminar, recorrer calles, descubrir rincones más o menos ocultos, explorar las ciudades durante horas y horas.

Venecia es una de las pocas ciudades del mundo en la que no hay coches, así que el paseante puede moverse feliz y despreocupado, evitando, tan sólo, caer a los canales.

Al pasar junto a una esquina, vimos un pequeño local y miramos la carta. Había un ingrediente que no sabíamos traducir y dio la casualidad que allí estaba, en la puerta, el dueño del local, quien nos lo tradujo amablemente al inglés. Siempre nos toman por ingleses, o al menos por personas procedentes de algún lugar en el que se habla inglés. El hombre nos dijo que aquello estaba muy bueno y que podíamos entrar a cenar si nos apetecía. Sin embargo, yo preferí seguir inspeccionando un poco la zona.

Tras dar unas cuantas vueltas, decidimos que aquel lugar era el más apetecible y regresamos. También porque nos había caído muy bien el hombre, ya que, aunque nos invitó a pasar como lo podría haber hecho cualquier dueño de restaurante, lo hizo de una manera simpática.

sacrobar

Todavía quedaba una pequeña mesa junto a la barra. Fue una suerte, porque, una vez que entramos, nos quedamos al instante enamorados del local. Un sitio pequeñito con apenas cinco mesas, una gran barra por detrás de la cual se llegaba también a una cocina que no se veía, pero que debía ser pequeña, y las paredes con cuadros y objetos de todo tipo. Los restauradores italianos, me parece, tienen una habilidad semejante a la de los franceses para conseguir que en un espacio mínimo uno se sienta a gusto e incluso acepte con humor tener que moverse un poco de tanto en tanto para que el camarero pueda pasar. Es lo que los chinos llaman feng shui, pero aplicado a la convivencia. Las contraventanas, las mesas, la barra, eran de madera, lo que contribuía a darle calidez al lugar.

Cenamos unas sardinas deliciosas hechas de manera semejante a los boquerones en vinagre, un plato de berenjenas y queso y unos espaguettis con pulpitos (pero en vez de con pulpitos, me los sirvieron con gambas, aunque no me quejé). De vez en cuando, hablábamos con el camarero y dueño del local, que anunciaba los pedidos a alguien que estaba en la cocina, y él mismo servía los platos. Al parecer, sólo trabajan allí dos personas.

Desde el primer momento, y no sé por qué, le caímos bien al dueño. Un señor flaco flaco, pequeño, risueño, con gafas y bigote. Le preguntamos muchas cosas sobre el menú y él nos iba diciendo en inglés lo que era cada una de ellas. Pero se partía de risa. Y nosotros con él.

Sonaba música italiana en un aparato de CD portátil y barato. Música ligera, como Mala femmena o Roberta, de Pepino di Capri.

sacrorobertapeppino

Salió por fin el cocinero, un hombre gordo, con barba, a fumarse “una cigaretta” fuera del local. Ahora está prohibido fumar dentro de los locales, lo que es un verdadero descanso y placer para los ojos y los pulmones, así que a menudo se ve gente en la calle, que no es que esté tomando el aire bajo las gélidas temperaturas, sino disfrutando de otro placer o vicio, según como se mire.

El cocinero regresó. La cosa se fue animando a medida que pasaban los minutos. El camarero charlaba con los americanos y con nosotros. De pronto, vuelve a salir el cocinero y exclama en medio del restaurante que aquello es un escándalo, que vaya música, que estámos en Venecia y lo único que suena es este “laralalá laralá”, que se supone que lo que hay que escuchar en Venecia es a Albinoni. Así que quitó el disco y puso a Albinoni. El hombre era tan gracioso que nos reíamos a carcajadas. El camarero enrojecía de la risa.

El flaco decía del gordo que era enorme, salió a la calle y regresó con la figura de un angelote y dijo que su socio tenía la panza como ese angelote y que cómo iba a presumir de veneciano si tenía la cara morena de un siciliano. El cocinero explicó que el restaurante se llamaba Sacro é Profano porque él era el profano y su socio el sacro.

El disco de Albinoni estaba rayado, así que el que el camarero lo reiniciaba de tanto en tanto, lo que era motivo de risas también. Oímos tres o cuatro veces el principio del adagio. Profano nos contó un chiste relacionado con los toros:

‒Los toros no gustan a todos en España.

‒Claro que sí.

‒Yo conozco a uno que no le gustan.

‒¿A quién?

‒Al toro.

Al ver que me había comido los supuestos spaguetis con pulpitos y creer que yo sabía italiano (porque sabía casi todas las canciones), me aclaró que no quedaban pulpitos y me había puesto gambas. Seguramente había pensado que el cliente no se daría siquiera cuenta de la diferencia.

Profano nos contó que había sido fotógrafo de artistas como Mina y Celentano. Hablamos de la muerte de Luigi Tenco. Tenco se suicidó en el Festival de San Remo, por causas nunca aclaradas; el cocinero dijo que por gelosia (celos por su novia Dalida), otros dicen que porque su canción Ciao amore no entró entre las finalistas. Aquel suicidio terrible hizo que su amigo Gino Paoli dejara de cantar durante varios años.

Así que también escuchamos otra deliciosa canción: la más conocida de Gino Paoli, aunque quizá no llega a ser la más hermosa de su maravilloso repertorio.

GinoPaoli Saporedisale

Imagen superior: Gino Paoli, "Sapore di sale"

Nos sirvieron grappa, nos dieron a probar quesos deliciosos, bebimos y brindamos de mesa a mesa con los tres americanos (dos chicos y una chica) y con los dos franceses (chico y chica). Algunos empezamos a cantar, sobre todo los dos socios y yo, aunque Ana también tarareaba algunas conocidas. El camarero hizo la broma de echarme una moneda como si yo fuera “una jukebox”, porque me las sabía todas.

Profano se situó en el puesto de Dj (ya estaban servidas todas las comidas) y puso música americana y francesa de Serge Reggiani. Por fin pudimos cantar absolutamente todos con el Je ne regrette rien, de Edith Piaf.

El flaco y sacro, que se llamaba Marino, nos contó que había estado en China, y la chica francesa también nos mostró su recorrido en un mapa. Marino había llegado de Asia hacia ocho años, y fue en ese momento cuando Profano abrió el restaurante y le convenció para que fuera su socio.

Estuvimos allí, durante mucho rato, hablando de pie y cantando, apurando el último limoncello, fumando ya con las puertas cerradas, Sacro y Profano, Ana e incluso yo, que no suelo fumar.

Sería imposible que ahora pudiera recordar todo lo que pasó en esa maravillosa noche. Nos despedimos tras intercambiar los correos electrónicos con Sacro y Profano, y salimos con los dos franceses, de los que nos despedimos en el puente del Rialto.

[Publicado por primera vez en diciembre de 2005]

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

logonegrolibros

  • Errores de la copia digital
    Escrito por
    Errores de la copia digital A pesar de las muchas ventajas de la copia digital, también se pueden producir errores en un mensaje digital, o al menos en la recepción de lo digital. El soporte se puede degradar, algún tipo…
  • Nabokov, cuentista
    Escrito por
    Nabokov, cuentista Rememora Nabokov un sueño recurrente de su infancia donde era capaz de ver un paisaje de espaldas, cuando normalmente se lo ve de cara. Ha conseguido escribirlo y concluye que tal sueño ya no es…

logonegrociencia

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • El rey que protegía las flores
    Escrito por
    El rey que protegía las flores Cuenta la tradición que el viejo convento de carmelitas calzados fue fundado por Miguel Navarro, boticario de Felipe II. Nunca, hasta hace unos días, había oído hablar de Miguel Navarro, aragonés de Rubielos de Mora,…

Cartelera

Cine clásico

  • El juego de la venganza
    Escrito por
    El juego de la venganza La historia tuvo lugar en Kuala Lumpur en 1911. Luego se convirtió en un relato, publicado en 1924, junto a otros que formaban el libro The Casuarina Tree. Más tarde, en una obra de teatro…

logonegrofuturo2

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • "Depredador" (1987). Cacería alienígena
    Escrito por
    "Depredador" (1987). Cacería alienígena En 1987 Arnold Schwarzenegger aumentó su creciente fama con un extraño film en el que se mezclaban diversos géneros: la acción bélica, el suspense, la ciencia–ficción y el terror. Tras Conan y Terminator, el musculoso austriaco parecía haber…

logonegrolibros

bae22, CC

logonegromusica

Namlai000, CC

  • Smetana o la ópera nacional checa
    Escrito por
    Smetana o la ópera nacional checa Por nacionalismo, en música, se entiende un movimiento surgido en Europa a mediados del siglo XIX como reacción al imperialismo, tanto cultural como político, ejercido por las naciones más poderosas sobre las más débiles. Las…

logonegroecologia

Mathias Appel, CC

logonegrofuturo2

Petar Milošević, CC