Opus Nigrum

Opus Nigrum Imagen superior: Marguerite Yourcenar en 1982 (Fotografía de Bernhard De Grendel, CC)

Madrid, 21 de marzo de 1989. Esa es la fecha que reza en la primera página de mi ejemplar del Opus Nigrum, de la Yourcenar. Me lo leí con diecinueve años... Entonces, no sabía que iba a ser historiadora de la ciencia, no sabía que iba a especializarme en alquimia, no sabía nada de aquellos Paracelsos, Servets, Campanellas y daVincis que iban a servir de inspiración al Zenón de Marguerite.

Luego, cuando pude haberlo disfrutado, quedó asociado a un personaje de recuerdo infausto, y me negué a volver sobre sus páginas. Hoy, casi tres décadas después, he pensando... ¿y si supero el pasado? ¿Y si me doy una nueva oportunidad?

Vale. De acuerdo. Voy a (re)leerme Opus Nigrum. Va a ser toda una experiencia. En pocas palabras, debo decir que, de todos los posibles libros existentes en el mundo (y mira que hay...), Opus Nigrum es como el látigo con el que fui fustigada durante años. Opus Nigrum, el libro del que oí hablar todos los días durante doce largos años. Porque era la biblia, el ejemplo a seguir, de quién, con sus decisiones, finiquitó esa vida mía que yo considero mi paraíso.

Nunca he querido volver a ese libro. Y, sin embargo, hace un par de días, me sorprendí a mí misma recomendándolo. Ayer fui a la estantería de mis libros más antiguos, aquellos que aún gozan del privilegio de lucir verticales y no amontonados en torretas horizontales, por distintos espacios de mi casa. Tomé el volumen, como quien agarrase un objeto peligroso. Y no sentí nada especial. Bien, pensé, voy evolucionando. Lo abrí al azar. Y me gustó lo que leí. Hice una búsqueda rápida en internet. Y me enteré que la Yourcenar tardó décadas en escribirlo. Vaya, pensé. Y me sentí reconciliada conmigo misma, que llevo casi diez años con una novela en la cabeza. Una historia que se resiste a salir.

opusportada

Mi ejemplar de Opus Nigrum (1968) es la edición que, en 1989, hizo Círculo de Lectores, a partir de las ediciones previas de Alfaguara (1982) y Altea (1986). Los de Círculo eligieron una imagen de portada muy significativa, muy acorde con el título de la obra, aunque no proceda de ningún tratado alquímico propiamente dicho. Se trata, como puede verse, de un hombre renacentista que porta, en ambas manos, el sol y la luna mientras apoya sus pies en dos esferas, situadas, respectivamente, sobre la tierra y el agua. Aire, agua, tierra y fuego. Los cuatro elementos. Bien podría decirse que él mismo es la representación simbólica de la quintaesencia. Y quizás sea muy apropiado considerarlo así, si tenemos en cuenta el lugar donde apareció, por vez primera, esta imagen.

Imagen que, en realidad, es un grabado en madera, realizado en las primeras décadas del siglo XVI, para la edición alemana del De remediis utriusque fortunae de Petrarca (Augsburgo, Heynrich Steyner, 1532), colección de diálogos educativos y morales para reforzar al individuo contra los golpes de la fortuna, tanto la buena como la adversa. Cada diálogo lleva su correspondiente grabado. Grabados atribuidos a Hans Weiditz, experto grabador alemán que ha pasado a la historia por la labor extraordinaria que hizo con el Herbarum vivae eicones (Strasburgo, 1530-1535), de Otto Brunfels, el padre de la botánica alemana.

El grabado utilizado como portada de mi Opus Nigrum corresponde al diálogo cuarto: "De sanitate restituta", de la salud recobrada. ¿Qué mejor manera de recobrar la salud que mediante la quintaesencia, el mítico elixir alquímico que confería la inmortalidad?

opusgrabado

Dos aventureros se cruzan por los caminos de Flandes. Un aventurero del poder, Henri-Maximilien. Un aventurero del saber, Zenón. Apenas dos críos, en aquella Europa recién nacida al siglo XVI. Henri-Maximilien busca el honor y la gloria. Zenón, se busca a sí mismo...

"Más allá de aquel pueblo, hay otros pueblos; más allá de aquella abadía, otras abadías; más allá de esta fortaleza, otras fortalezas. Y en cada uno de esos castillos de ideas, de esas chozas de opiniones superpuestas a las chozas de madera y a los castillos de piedra, la vida aprisiona a los locos y abre un boquete para que escapen los sabios (...). Y por doquier los valles en donde se recogen las plantas medicinales, las rocas en donde se esconden los metales, que simbolizan cada momento de la Gran Obra, los grimorios depositados entre los dientes de los muertos, los dioses que ofrecen sus promesas, las multitudes en que cada hombre se cree el centro del universo. ¿Quién puede ser tan insensato como para morir sin haber dado, por lo menos, una vuelta a su cárcel?"

La Yourcenar, sabiduría sublimada...

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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