…Y los transgénicos no fueron un peligro

…Y los transgénicos no fueron un peligro Imagen superior: Maíces transgénicos (Keith Weller, Departamento de Agricultura de los Estados Unidos).

El 18 de septiembre de 2017 la Gaceta UNAM, órgano oficial de la Universidad Nacional Autónoma de México, presentó una portada impactante: una foto a plana completa de mazorcas de maíz, con un titular que anunciaba: “Invasión de maíz transgénico” (sólo le faltaron los signos de admiración para parecer un titular del extinto Alarma!). “Secuencias de ese grano, en 82% de alimentos derivados” ampliaba un “balazo” más abajo.

Adentro, en la página 8, el artículo correspondiente, en la sección “Voces académicas”, llevaba como encabezado otro dato alarmante: “90.4% de tortillas en México contiene maíz transgénico”. El texto informaba que una investigación de un equipo encabezado por la doctora Elena Álvarez-Buylla Roces, del Instituto de Ecología de la UNAM, y de su Centro de Ciencias de la Complejidad, había revelado que en distintos productos de maíz que se consumen en México hay presencia de grano transgénico.

El estudio consistió en tomar muestras de productos de maíz –tortillas, cereales, tostadas y harinas– en supermercados y tortillerías, los cuales se sometieron a análisis genéticos para detectar secuencias de ADN transgénico. Para comparar, se analizaron también tortillas elaboradas artesanalmente por campesinos con maíz nativo. Aunque en ambos casos se hallaron secuencias transgénicas, éstas fueron mucho más abundantes en los productos comerciales: 82%. En tortillas el porcentaje de presencia de transgénicos era todavía mayor: 94%.

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Para mayor inquietud, el estudio también detectó presencia del herbicida glifosato en varios de los productos analizados (30% de aquellos que presentaban las secuencias transgénicas que proporcionan resistencia a este compuesto). En 2015, el glifosato fue clasificado como “probablemente carcinogénico [es decir, cancerígeno] para humanos” por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Estos datos causaron, naturalmente, alarma. Un boletín con la misma información, emitido el mismo día por la Dirección General de Comunicación Social de la UNAM, fue reproducido inmediatamente por numerosos medios de comunicación (entre otros, ExcélsiorSinEmbargoLa JornadaMilenio Diario y hasta La Jornada en Maya).

¿Qué tan justificado está el temor? Analizado con más detenimiento, muy poco.

En primer lugar, el estudio original fue publicado en Agroecology and Sustainable Food Systems, publicación que muchos calificarían de poco relevante, debido a su bajo factor de impacto (una medida de su calidad y confiabilidad científica). Pero además, el estudio, el boletín y los artículos periodísticos dan por hecho un dato falso: que el consumo de maíz transgénico puede ser dañino para la salud.

De hecho, la investigación de Álvarez-Buylla y colaboradores indica exactamente lo contrario: el maíz transgénico está presente en prácticamente todos los productos de este grano que consumimos los mexicanos, probablemente desde hace años, y no ha habido evidencia de impactos negativos en la salud de la población. ¿Qué mejor prueba de su inocuidad?

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Por otro lado el glifosato –fabricado por la satanizada Monsanto– es el herbicida más usado en el mundo, y se utiliza desde los años 70. Su clasificación en el grupo 2A del IARC simplemente indica que hay evidencia suficiente en animales, pero limitada en humanos, de su carcinogenicidad, y no se ha logrado establecer una relación causal sólida. El peligro que presenta es el mismo que el de consumir papas fritas, carne roja, cualquier bebida muy caliente (a más de 65 grados centígrados) o el de trabajar en una peluquería: todos riesgos clasificados en el mismo grupo 2A. Además, un reporte publicado en 2016 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) concluye que, en las dosis a las que puede estar expuesto un consumidor normal, “no es probable que el glifosato plantee riesgo de carcinogénesis en humanos por exposición en la dieta” (de hecho, se halló que incluso con dosis tan altas como 2 gramos por kilogramo de peso, no tenía efectos cancerígenos en mamíferos, un modelo animal adecuado para valorar riesgos en humanos: una persona de 70 kilos tendría que comer 140 gramos de glifosato para alcanzar esa dosis).

El 6 de noviembre de 2017, la propia Gaceta UNAM publicó, en “Voces académicas”, un texto titulado “Presencia de maíz transgénico de importación en México, 20 años de inocuidad en productos derivados para consumo humano y animal” firmado por Francisco Bolívar ZapataLuis Herrera Estrella –dos pioneros mexicanos de la biotecnología mundial– y Agustín López-Munguía Canales (quien además de su labor como investigador, ha desarrollado un magnífico trabajo como divulgador de temas de biotecnología).

Esta respuesta puso en claro muchas de las inexactitudes expuestas por Álvarez-Buylla y colaboradores, entre otras que nada tiene de novedad que haya presencia de transgénicos en productos de maíz en México, dado que su consumo está autorizado desde 1996 –sujeto a lineamientos de bioseguridad de la OMS, la FAO y la COFEPRIS– y tomando en cuenta que nuestro país importa anualmente más de 10 millones de toneladas de maíz estadounidense, 90% del cual es transgénico.

Estos expertos aclararon también que “Los alimentos modificados genéticamente son los más estrictamente evaluados para autorizar su comercialización, y a la fecha no se ha reportado daño derivado de [su] consumo para la salud humana o animal”. Finalmente, explicaron que en la información que circuló se omite especificar qué cantidad de genes transgénicos se halló en los productos de maíz analizados: los datos del propio artículo de Álvarez-Buylla y colaboradores muestran que casi 60% de los productos analizados contienen menos de 5% de transgénicos, por lo que según las normas internacionales calificarían como “libres de OGMs”.

En resumen, se trataba una vez más de información parcial, sesgada, que se presentó de manera estridente para generar un impacto mediático y generar alarma. Afortunadamente, la Gaceta UNAM corrigió su postura: esperemos que los medios de comunicación hagan lo propio.

Copyright del artículo © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en "La Ciencia por Gusto" y reproducido en TheCult.es (Thesauro Cultural) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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