Las avutardas, reinas de la estepa española

Las avutardas, reinas de la estepa española Imagen superior © Carlos Palacín. Cortesía de SINC.

Paseando por los campos castellanos uno no llega a imaginar las maravillas que se ocultan entre sus terrones, tras las afiladas espigas de trigo o en los eriales de equívoco nombre, ya que evocan tierras sin cultivo, sin riqueza, cuando, bien al contrario, esconden joyas naturales como las aves esteparias.

Aves desaparecidas de Europa hace más de doscientos años por una fiebre agrícola que, surgida de la necesidad de alimentar a una población creciente, arrasaba las estepas acabando hasta con la última brizna de hierba.

Los cultivos y el ganado colonizaban áreas cuya vegetación había sobrevivido a los cambios climáticos acaecidos en las dos últimas eras geológicas. Y qué decir de la caza, que más que una gesta cinegética era una persecución implacable en la que se olvidaba que las poblaciones animales son finitas y que si se traspasa cierto umbral, las especies desaparecen sin remedio.

Ignorar esto es un suicidio, porque aunque la extinción es el destino natural de todo ser vivo, esta caza sin mesura no ha hecho sino truncar de modo indigno la senda evolutiva de muchas especies. Pero volvamos al presente e imaginemos una mañana invernal en un campo cerealista de la meseta castellana.

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Imagen superior: dos hembras de avutarda, Otis tarda. Derecha: dos hembras examinan el trasero de un macho, para elegir al mejor pretendiente. / Carlos Palacín. Cortesía de SINC.

A lo lejos, agazapadas en el suelo, se distinguen unas manchas pardas de gran tamaño que refulgen bajo los tímidos rayos del sol. Son avutardas, las reinas indiscutibles de la estepa. Sus plumas, llenas de escarcha tras una noche inclemente, han de deshacerse de esa capa helada antes de empezar a herbajar en los campos de alfalfa o en los cereales reventones.

Ha pasado casi un cuarto de siglo desde que una decisión administrativa sensata vedó su caza, cuando los censos arrojaban cifras realmente preocupantes. Esta medida, que resultó todo un acierto, pese a la incomprensión cuando no enfado de muchos cazadores, ha permitido que la población española de avutardas alcance un tamaño saludable, en torno a 30.000 ejemplares.

No hay dinero que compre la imagen primaveral de un nutrido bando de machos, ufanos de sus barbas y altaneros en las ruedas, exhibiendo orgullosamente su trasero, que cuanto más limpio y blanco aparece más cautiva a sus enamoradas. Y hablo de dinero, porque el turismo ornitológico para ver estas soberbias aves es ya una realidad, una genuina “marca España”. Y si no que se lo digan a los miles de turistas británicos y alemanes que nos visitan cada año para contemplar una especie que ellos añoran.

Copyright del artículo © Carmen Martínez. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Carmen Martínez

Carmen Martínez forma parte del Departamento de Comunicación y Programas Públicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Asimismo, es autora, desde su creación, del Blog del MNCN. Los artículos de Carmen Martínez se publican en TheCult.es por cortesía del MNCN con licencia CC no comercial.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC