Pedro Franco Dávila: un personaje de la América española en el corazón de la Europa ilustrada

Sin Pedro Franco Dávila el Museo Nacional de Ciencias Naturales no existiría y el devenir de las ciencias naturales en nuestro país habría sido muy diferente. Os presentamos una breve biografía que esperamos que os anime a ahondar en la importante labor que desempeñó este naturalista.

Pedro Franco Dávila (1711–1786), primer director del Real Gabinete de Historia Natural creado por Carlos III en Madrid en 1771, ha sufrido, como muchos otros personajes que realizaron una labor meritoria en la historia de este país –cada cual en su campo–, un injusto y prolongado olvido. Olvido lleno, además, de toda clase de malentendidos y tópicos.

Hasta los trabajos del periodista y escritor ecuatoriano Abel Romeo Castillo y, sobre todo, de Ángeles Calatayud Arinero, que dirigió el archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) durante muchos años y publicó en 1988 una biografía con abundante documentación sobre su figura, poco era lo que se podía encontrar en ningún libro sobre Dávila y su obra.

Dos datos se repetían en los escasos textos que mencionaban su nombre: que había formado un gran gabinete de historia natural y de curiosidades del arte y que dirigió el Real Gabinete. En relación con el primer aspecto, algunos autores apuntaban a que había sido movido ante todo por su carácter de “coleccionista compulsivo”, menospreciando cualquier otro mérito o saber.

En cuanto a lo segundo, se ha llegado a decir que la verdadera labor de dirección corrió más bien a cargo de José Clavijo y Fajardo, notable ilustrado al que se nombró Formador de Índices del Real Gabinete y que, a la muerte de Dávila, desempeñaría –ahora sí‒ un papel muy relevante en la institución. Cuando en 2002 Miguel Villena y yo emprendimos la investigación histórica sobre Dávila, que dio lugar al libro El gabinete perdido. Pedro Franco Dávila y la historia natural del Siglo de las Luces ‒publicado en 2009‒, teníamos bien presentes esos dos tópicos. Tópicos que se vinieron abajo apenas comenzamos a analizar los abundantes documentos del archivo del MNCN correspondientes al siglo XVIII y abordamos la traducción del Catalogue Systématique et Raisonné de la Nature et de l'Art, obra en tres volúmenes sobre sus colecciones que Dávila publicó en 1767 en París, donde residía desde 1745.

Pedro Franco Dávila nació en Guayaquil, actual República del Ecuador y entonces virreinato del Perú, y vivió en tierras americanas hasta los 20 años. En 1732 llegó a España acompañando a su padre, que era comerciante, actividad a la que el propio Dávila se había dedicado desde muy joven.

Tras la muerte de su progenitor y después de haber intentado regresar a Guayaquil sin éxito, fijó su residencia en París, ciudad en la que vivió 26 años, hasta su viaje a Madrid ya como director del recién creado Real Gabinete de Historia Natural.

En los años que residió en Francia Dávila reunió un extraordinario gabinete, especialmente rico en mineralogía, malacología, corales y esponjas, además de un gran número de piezas de arqueología, pintura y grabados, instrumentos científicos y libros. Pero, además, adquirió una completa formación como naturalista y se relacionó con muchos de los más conocidos científicos y hombres de cultura de su época. Entre estos se contaron los botánicos Adamson y Bernard de Jussieu, el anatomista Daubenton, el mineralogista Romé de L'Isle, el geólogo André de Luc, el médico Ribeiro Sanches –colaborador de L'Encyclopédie‒, el barón de Born y el conde de Caylus.

Fue miembro también de varias de las más prestigiosas instituciones científicas de la época, como la Royal Society, la Academia Imperial de Ciencias de Berlín y la de San Petersburgo, la Academia de Anticuarios de Cassel y, en España, la Sociedad Bascongada de Amigos del País y la Real Academia de la Historia, muy influyentes en su tiempo.

Para su aceptación como miembro de la Royal Society firmaron ocho notables personalidades, entre las que figuraban el conde de Buffon y los botánicos Joseph Banks, que acompañó como naturalista al capitán Cook en su primer viaje, y Daniel Solander, discípulo de Linneo.

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En el Catalogue Systématique et Raisonné de la Nature et de l'Art, ya mencionado, Dávila muestra, en la descripción de las piezas de su gabinete, una amplitud de conocimientos sobre historia natural verdaderamente notable. Así, define con gran precisión las características de muchos de los grupos animales que trata, en particular los corales, las esponjas, las bellotas de mar y los erizos y estrellas marinos. Alude al origen orgánico, para él inequívoco, de los fósiles o “petrificaciones”, de los que tenía una notable colección. Y, sobre todo, ordena con gran precisión y acierto grupos como los corales y los erizos de mar.

De la obra de Dávila hay numerosas referencias entre destacados naturalistas de la época, como Romé de L'Isle, que ayudó a Dávila en la redacción del Catalogue y al que se considera uno de los pioneros de la cristalografía, el barón de Born, el mineralogista Wallerius o el propio Linneo, y también en autores posteriores, como Lamarck.

Respecto a la labor de Dávila como director del Real Gabinete, los numerosos documentos custodiados en el archivo del MNCN, citados o transcritos muchos de ellos en El gabinete perdido, muestran que Dávila tenía ideas muy claras de lo que un museo ilustrado debía ser y ofrecer. El propio Dávila dirigió las obras de acondicionamiento del Palacio de Goyeneche, donde se instaló el Real Gabinete, que ocupó la segunda planta y las buhardillas mientras que el resto del edificio sirvió como sede de la Real Academia de Bellas Artes.

El Real Gabinete debía ser, según concebía Dávila, una institución donde se mostraran todas las “producciones naturales” con una ordenación científica –la que regía, claro está, en la época‒ de modo que reflejaran el orden del mundo natural e instruyeran en él a quien visitara el museo. El museo se planteaba como una auténtica escuela de ciencia que divulgara ésta y contribuyera a su progreso.

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Por otra parte, Dávila trabajó desde el primer momento por incrementar las colecciones primando el interés científico de los materiales expuestos y buscando que ilustraran la naturaleza de la Península Ibérica y también de los restantes dominios de la Corona. Para ello redactó en 1776 unas Instrucciones dirigidas a virreyes y otras autoridades del imperio a fin de que procedieran a enviar cuantas producciones de interés encontraran en los territorios que regían. Igualmente, se preocupó de dotar al Real Gabinete del personal más adecuado, entre ellos el que sería futuro director ‒aunque más bien nominal por sus muchas ocupaciones en la diplomacia y la política‒, Eugenio Izquierdo, a quien protegió siendo joven como pensionado en París.

Asimismo veló por conseguir todo tipo de medios materiales que permitieran el trabajo de una institución apoyada por las personalidades más relevantes, en el orden político y cultural, de la España ilustrada, con Carlos III y sus ministros Grimaldi y Floridablanca a la cabeza. Clavijo, estrecho colaborador de Dávila, prosiguió esta labor a la muerte del guayaquileño, acaecida el 6 de enero de 1786, promoviendo estudios científicos en el museo, expediciones como la de Malaspina o la de los hermanos Heuland, y publicaciones como los Anales de Historia Natural.

Copyright del artículo © Javier Sánchez Almazán. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Javier Sánchez Almazán

Conservador de la Colección de Invertebrados del Museo Nacional de Ciencias Naturales en www.mncn.csic.es. Los artículos de Javier Sánchez Almazán se publican en The Cult por cortesía del MNCN con licencia CC no comercial.

Sitio Web: www.mncn.csic.es

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