Crítica: "El pasajero" ("The Commuter", Jaume Collet-Serra, 2018)

Si alguien no supiese nada acerca de la carrera de Liam Neeson, al ver ese rostro más bien melancólico, incluso vulnerable, jamás sospecharía que el actor norirlandés es una presencia habitual en el cine de acción.

Gracias a su poderosa voz, su generosa altura y, especialmente, a su facilidad para adaptase a cualquier tipo de historia, la larga carrera de Neeson no sólo incluye numerosos papeles “serios” (La misión, La lista de Schindler, Michael Collins). En realidad, también se ha movido perfectamente repartiendo leña en el cine de aventuras y acción (Excalibur, Krull, Darkman).

En todo caso, sorprende que Liam Neeson se haya hecho protagonista de su propio subgénero a raíz del inesperado éxito de Venganza (Pierre Morel, 2008), siguiendo un camino similar al de Charles Bronson, que en sus años otoñales se reinventó como un canoso vengador urbano tras el bombazo de El justiciero de la ciudad (Michael Winner, 1974).

Lo normal en los films del subgénero “Liam Neeson” es encontrarse a un héroe que, en principio, no es más que un padre de familia normal y corriente. Cuando acaba metido en aprietos (generalmente relacionados con el secuestro de su familia), se revela como un experto guerrero que se las hace pasar canutas a los malos. En definitiva, fantasías masculinas para un público más bien crecidito.

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Por cuarta vez, el actor se pone a las órdenes de Jaume Collet-Serra, director catalán afincadísimo en Hollywood y especializado en inyectarle espectacularidad a películas de presupuestos más bien ajustados. El pasajero nos vuelve a traer al mejor Neeson machaca-villanos, con acción más o menos vistosa, aunque principalmente se trata de un film de suspense que, inevitablemente, se desarrolla bajo la oronda sombra de Alfred Hitchcock. O más bien, de su más célebre “samplista”, Brian de Palma.

Narrado en lo que parece ser tiempo real, el film transcurre casi en su totalidad a bordo del tren de cercanías que va desde Grand Central a las afueras, siguiendo uno de esos desarrollos contrarreloj siempre eficaces en un thriller (Por cierto, los neoyorquinos están muy indignados porque el tren de la película realiza paradas inexistentes en la vida real).

Aunque Liam Neeson encarna a un tipo más bien agobiado por las circunstancias ‒y no entregado a una matanza vengadora‒, hay tiempo para los puñetazos y para algunas escenas de acción de videojuego que, por desgracia, echan a perder gran parte de la tensión que podría acumular un film de esta naturaleza.

Antes he mencionado a Brian de Palma, director siempre discutido por sus homenajes-copias-reinvenciones de conceptos hitchcockianos. A pesar de su afición a los personajes extravagantes y las situaciones disparatadas, De Palma casi siempre ha sabido enfocar toda esa locura gracias a un grandioso dominio del suspense, teñido con dosis exactas de humor negro. Jaume Collet-Serra intenta algo similar, pero todo queda reducido a un frío muestrario de técnicas visuales que a veces resultan agradables y otras veces no tanto (cuando los efectos especiales de desmadran).

De todos modos, gracias al contundente protagonismo de Liam Neeson y a cierta desvergüenza general, El pasajero cumple perfectamente como pasatiempo ligero y vistoso. Ideal para ver durante un viaje en tren.

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Sinopsis

Siguiendo los éxitos de Sin identidad, Non-Stop (Sin escalas) y Una noche para sobrevivir, Liam Neeson y el director Jaume Collet-Serra vuelven a trabajar juntos por cuarta vez en el explosivo thriller El pasajero (The Commuter), que se centra en la frenética misión de un hombre que tratar de evitar un desastre en un tren lleno de viajeros. El guión les resultó irresistible a la estrella y al director, no sólo por lo osado de la acción y la emoción del suspense, sino por el dilema moral al que se enfrenta el protagonista y las consecuencias que tiene para él, los pasajeros del tren y su familia en casa.

" El pasajero (The Commuter) hace que el público se pregunte 'si alguien te pide que hagas algo que parece insignificante pero de cuyas consecuencias no estás seguro por una recompensa económica sustancial, ¿lo harías?'" cuenta Jaume Collet-Serra. "Esa es la decisión filosófica a la que el protagonista, un hombre de 60 años que acaba de ser despedido, que no tiene ahorros y está hipotecado hasta las cejas, se enfrenta. ¿Va a pensar sólo en sí mismo o va a considerar las posibles consecuencias morales de lo que le han pedido? Esa es la pregunta que queremos que se plantee el público".

Para Neeson, el que la historia se narre en tiempo real es otro elemento que le da gran tensión dramática. "La historia funciona casi en tiempo real", comenta el actor. "El protagonista se da cuenta de lo que su acción pone en marcha y se dispone a identificar a la persona que tiene la clave de la conspiración. Así que la tensión va en aumento en cada parada, según se van subiendo más pasajeros y le van dejando nuevas pistas. El peligro incrementa gradualmente y la película se convierte en este thriller psicológico realmente trepidante, en la línea de Extraños en un tren o Con la muerte en los talones de Hitchcock".

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La historia se centra en Michael MacCauley, un gestor de poca monta en una gran aseguradora, que vive con su mujer e hijo en Westchester, en el estado de Nueva York. Como tantos hombres trabajadores, está lidiando con una situación económica límite, intentando llegar a fin de mes, estirando al máximo su sueldo. Su hijo está a punto de marcharse a la universidad y su mujer no entiende cómo la familia va a subsistir.

De repente, un día, su situación empeora: Michael va al trabajo y le despiden. Sin embargo, no será lo único que estropeará su día. En el tren de vuelta a casa al final del día, la pasajera de enfrente se presenta como Joanna y le hace una propuesta: que busque a un pasajero en el tren al que no le pegue estar ahí a cambio de una hermosa cantidad de dinero. Un asunto fácil, pensarías. Pero no tanto si eres un ex policía que tiene un gran sentido ético de lo que está bien y lo que está mal. Michael acaba accediendo a encontrar al "sospechoso" entre los pasajeros, usando su ingenio y su habilidad para descubrir su identidad, pero no tarda en darse cuenta de que está en medio de una conspiración mortal, que podría acabar con la muerte de todos los que van en el tren, y él es el único capaz de evitarlo.

Cuando Collet-Serra leyó el guión vio paralelismos con Non-Stop (Sin escalas). "Es una secuela espiritual de Non-Stop (Sin escalas)", sostiene el director. "Con un misterio desarrollándose alrededor del personaje central, tiene más impacto si tu protagonista es un tipo normal. Es muy hitchcockiano, hace que pienses en Con la muerte en los talones, Alarma en el expreso o La ventana indiscreta y, al igual que en Extraños en un tren, queríamos que un hombre normal se enfrentara con un dilema moral. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar por dinero sin saber las consecuencias de sus acciones? Cuando a la gente normal le ocurren cosas extraordinarias es importante que las primeras decisiones que tomen estos personajes sean decisiones con las que, como público, estemos de acuerdo y que la acción surja paulatinamente de esas decisiones de una manera plausible".

La historia también resultaba muy atractiva por la perspectiva de la narrativa. "Me gustan las películas que se ven desde el punto de vista del protagonista", dice Collet-Serra, "de manera que sabemos exactamente lo que él sabe al mismo tiempo que él lo sabe. El público está con él a cada paso del camino, así que nos damos cuenta de que su familia está en peligro cuando él se da cuenta. Queríamos que la cámara se mantuviese en el tren y sugerir que su familia estaba en peligro sin mostrarlo. Eso es otro dispositivo típico de Hitchcock y determinó el estilo visual, porque necesitábamos que lo que ocurriese en el tren tuviera suficiente peso como para justificar que no se salga de ahí".

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Ombra Films, StudioCanal, The Picture Company, Lionsgate. Cortesía de TriPictures. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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