Hodiah Twist (1973), un detective de lo oculto en Marvel Comics

Situémonos: Marvel Comics, principios de la década de 1970. La fórmula de los tebeos de superhéroes iniciada por Stan Lee y Jack Kirby con Los Cuatro Fantásticos, Spiderman o Los Vengadores una década atrás, empieza a dar muestras de cansancio.

El motivo obedece a diversos factores: la guerra de Vietnam, las revueltas raciales o el escándalo Watergate han cambiado a la sociedad americana. Los lectores han perdido parte de la ingenuidad con la que es necesario acercarse a este género. Pero en contraposición a esa turbulenta realidad, las historias se han vuelto un tanto ingenuas.

Por otro lado, hay otros géneros o temáticas que desbancan a los luchadores con leotardos en el corazón del público: el cine artes marciales y Bruce Lee, cuya prematura muerte provocará la fiebre de las películas de kung-fu, o el cine de terror, encabezado por las cintas de la Hammer Films y películas americanas como La noche de los muertos vivientes (1968) y La matanza de Texas (1974).

Así pues, las cabezas pensantes de Marvel empezaron a discurrir cómo podían subirse a la ola y recuperar terreno, intentando captar un segmento de público de mayor edad.

La solución consistió en crear una línea de revistas en blanco y negro, de formato mayor a la línea regular de tebeos, usando el concepto de antología, algo que, sin ir más lejos, llevaban haciendo desde hacía años en la editorial Warren con Creepy o Vampirella.

Cada una de las cabeceras estaría orientado hacia una temática diferente: artes marciales, ciencia ficción, horror o espada y brujería. Además, en un intento por diferenciar la línea del resto de publicaciones, lucirían el sello Curtis, la empresa distribuidora de Marvel.

Además, estas revistas no estaban supervisadas por la Comic Code Authority, la entidad de autocensura de las editoriales creada durante la caza de brujas en los años cincuenta; lo que permitía la inclusión de desnudos femeninos, un mayor nivel de tensión sexual o una violencia más realista.

Así es como llegaron a los quioscos títulos míticos como La espada salvaje de Conan, Monsters of the Movies (un intento de competir con la clásica Famous Monsters of Filmland de Warren, creada por Forrest J. Ackerman), Dracula Lives! o Vampire Tales.

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Vampire Tales

Editada por una nueva hornada de talentos como Roy Thomas y Marv Wolfman, autores capitales para comprender el cómic USA de la década de los setenta y parte de la de los ochenta, Vampire Tales incluía en cada número una historia de Morbius, el vampiro viviente, híbrido de superhéroe y no-muerto, además de diversas historietas sin protagonista fijo.

No obstante, en esta revista tuvieron cierta asiduidad personajes como Blade, el cazavampiros –creado por el mencionado Wolfman, gran apellido para un autor de tebeos de miedo– o Satana, la hija del Diablo.

Don McGregor fue el principal guionista de Morbius y es, por derecho propio, uno de los autores clásicos de los setenta. Fue especialmente conocido por las series de Marvel Pantera Negra o y Killraven, conocida por estos lares como La guerra de los mundos, por estar ambientada en el universo de la novela homónima de H.G. Wells, tras una segunda y exitosa invasión marciana en el siglo XXI.

Asimismo es autor de la novela gráfica Sabre, relato de ciencia ficción ilustrado por Paul Gulacy, cuyo protagonista luce las mismas facciones que el mago de la guitarra Jimi Hendrix.

A McGregor le debemos la historieta El principio de la mantis religiosa (The Mantis Prey Principle), ilustrada por Rich Buckler en el número dos de la revista, donde presentan al detective Hodiah Twist; personaje que podría ser calificado como imitador de Sherlock Holmes, con algo de Don Quijote y del personaje encarnado por George C. Scott en El detective y la doctora (They Might Be Giants, 1971).

Twist era un millonario que vio su vida destruida tras la pérdida de su fortuna en el crack bursátil de 1929 y el posterior suicidio de su esposa, cuyo cadáver desangrado tras cortarse las venas encontró flotando en la bañera. Como mecanismo de defensa, su cerebro le hace creer que vive en pleno Londres victoriano. Así, Twist usa atuendo y modos de le época y su profesión es la de detective consultor. Sin embargo, no estamos ante los desvaríos de una mente enferma, ya que su capacidad deductiva podría rivalizar con la del sabueso del 221 B de Baker Street.

El cómic apareció publicado en el nº 2 de la edición española de Vampire Tales en la editorial Vértice, allá por los años setenta.

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McGregor situa a Twist y a su mano derecha, Conrad Jeavons (un nombre que quizá encierre algo de homenaje a P. G. Wodehouse), en una trama donde un burdel sirve como escondite de una horda de vampiras; anticipándose a films como Vamp (1986, Richard Wenk), Abierto hasta el amanecer (Robert Rodríguez, 1996) o El club de los vampiros (Tales From the Crypt presents Bordello of Blood, 1996).

Su siguiente aparición tuvo lugar en Marvel Preview #16: Masters of Horror (1973) con Sangre en el tren elevado (The Hero Killer Principle), una historia sobre licantropía ambientada en un vagón del ferrocarril elevado neoyorquino, que se convierte en un universo cerrado donde el asesino es uno de los cuatro personajes que acompañan a la pareja de detectives.

Su planteamiento recuerda al relato de Agatha Christie Y no quedó ninguno (más conocido como Diez negritos), y se anticipa a la película La bestia debe morir (The Beast Must Die, 1974), donde varios sospechosos de ser un hombre lobo son convocados en una apartada mansión por un millonario, con la intención de desenmascararlo. Aquella trama estaba basada en el relato de James Blish There Shall be no Darkness (1950). La edición española fue publicada por Planeta en la revista Aventuras Bizarras nº 6 (1983).

Este es un comic rodeado de polémica, ya que en los créditos figura Rick Marschall como guionista, junto a Gene Colan como dibujante, cuando el auténtico autor fue McGregor. Todo se debió a una disputa sobre las modalidades de contratación de Marvel en aquel momento y, ante la negativa del escritor a someterse a los dictados de la editorial, motivó que Marschall se acreditase como el autor. La cuestión se complica con acusaciones de guión expurgado a partir de la eliminación de alguna página.

Por último, existe una tercera aparición de Twist en 1975, pero no puede ser considerada dentro de la misma continuidad que las dos anteriores, o quizá sí...

En el número 32 de Amazing Adventures, Don McGregor nos obsequia con una nueva entrega de las aventuras de Killraven y su banda de resistentes contra los invasores marcianos, donde descubrimos que el personaje de Twist era el protagonista de una serie de aventuras que tienen lugar en una suerte de simulador de realidad virtual, donde cualquiera podía conectarse y convertirse en Twist o Jeavons.

En este caso, podemos verlo en un puñado de viñetas, donde hace frente al sabueso infernal de la mansión Ravenflight.

Como ven, McGregor, en un juego de espejos, convierte a Twist en una criatura ficticia dentro de otra ficción.

Quizá sea un tanto aventurado considerar a este personaje como un detective de lo oculto ya que, durante el desarrollo de las tres aventuras, Twist tiende a buscar una explicación racional a los eventos que acontecen. Por el contrario, Jeavons se decanta por la explicación sobrenatural, que finalmente será la acertada. No obstante, el elemento sobrenatural es el que preside estas tres historietas.

Copyright del artículo © José Luis González. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © Marvel Comics. Reservados todos los derechos.

José Luis González

Experto en literatura, articulista y conferenciante. Estudioso del cine popular y la narrativa de género fantástico, ha colaborado con el Museo Romántico y con el Instituto Cervantes. Es autor de ensayos sobre el vampirismo y su plasmación en la novela del XIX.

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